El político decente

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  • Arropado por Javier Duarte con todo el poder político, económico, social, legislativo, policiaco y mediático, Héctor Yunes todavía se declara víctima de golpeteo
  • Mesiánico, el senador favorito de Duarte advierte: “En mi familia mamamos buena leche y somos gente decente”

Luis Velázquez

En Xalapa, el viernes 24 de julio, 2015, el senador Héctor Yunes se untó de incienso político.

Primero, dijo:

“Soy víctima de golpeteo político” para contestar así al Movimiento Campesino Independiente.

Luego, acuñó la siguiente frase bíblica:

“En mi familia mamamos buena leche. Somos gente decente”.

Quiso, acaso, ampliar la frase bíblica de Fidel Herrera Beltrán cuando hablara de los succionadores, ‘’aquellos que maman arriba y abajo con tal de quedarse con el recurso lácteo’’ y que tanto reprodujera en cadena nacional el conductor Pedro Ferriz junior.

Así, oh paradoja, el político que ha sido arropado por Javier Duarte con todo el poder político, social, económico, policiaco, legislativo y mediático… como su candidato favorito a la gubernatura, se declara víctima.

Y, caray, el político que también se declarara ‘’listo de nacimiento’’, se siente acosado de manera injustica.

Pero, además, oh sorpresa, se declara gente decente.

Y por supuesto, incluye a su familia, digamos, a su primo hermano, el panista Miguel Ángel Yunes Linares.

Tal cual, y en la lógica del diccionario de la Real Academia Española, son gente decente los políticos con las siguientes características y lo que perfila un estilo personal de gobernar para los próximos años, en caso, claro, de…:

Un político decente, por ejemplo, es aquel que agarra a morunazos a un reportero en su oficina de subsecretario de Gobierno en el Fidelato y ya en el suelo, lo sigue moruneando y pateando hasta dejarlo inconsciente.

Un político decente también es aquel que luego de morunear a un reportero escribe de puño y letra una renuncia apresurada y se la lleva al gobernador, el fogoso y gozoso, quien la lee, se ríe y le dice que siga en la oficina; pero que evite morunear a otros reporteros en el futuro.

Un político decente es aquel que exilia a reporteros a Estados Unidos y al mismo tiempo ordena a los presidentes municipales un bloqueo publicitario a los periódicos donde trabaja y también despacha como dueño.

EL RETRATO HABLADO

Un político decente es aquel que envía a la cárcel de Pacho Viejo a un exgobernador y a un par de secretarios de su gabinete y en cada día de visita él mismo tacha el nombre de las personas incómodas en su opinión… que van de visita.

Un político decente es aquel que cuando un exgobernador encarcelado sufre la muerte de su padre le autoriza salir de la prisión para el duelo, siempre y cuando vaya encadenado de las manos y los pies, como en las películas de Estados Unidos, y custodiado por unos policías y agentes judiciales.

Un político decente es aquel que se pitorrea con burla y sarcasmo de los demás, mancillando la dignidad humana, bajo el argumento de que es un niño de dieces en la facultad de Leyes.

Un político decente es aquel que aparece en el libro Los demonios del Edén, de Lidya Cacho, como un pedófilo, un pederasta que se recrea, en compañía de otros políticos, en Cancún.

Un político decente es aquel que nunca, jamás, en su vida, no obstante el currículo pública, ha logrado el bienestar social de un pueblo, ni menos, mucho menos, de una región, ni menos, de una entidad federativa, y por tanto, que solo busca el poder político con sentido patrimonialista.

Un político decente es aquel que de pronto, zas, aparece, con una mansión a orilla del río Jamapa, en la desembocadura con el Golfo de México, gracias, claro, a sus ahorritos como funcionario público que también le dieron para comprarse un rancho de 600 hectáreas sembradas con caña para abastecer el ingenio de Tres Valles.

Un político decente es aquel que cuando fuera diputado local y líder de la bancada priista nunca encarceló a los políticos pillos y ladrones tanto del gobierno del estado como presidentes municipales, porque jamás miró la corrupción en otro lado, y por tanto, mínimo, permitió el saqueo de las arcas oficiales y por añadidura, se volvió cómplice, porque cómplice también es aquel que calla, guarda silencio y se hace el occiso y el omiso.

Un político decente es aquel que, primero, encarcela a la esposa de un líder campesino para que se entregue; luego, lo pasea por 3 cárceles diferentes para fastidiarlo, y después, por sus pistolas, lleno de furia, amplía la sentencia 6 meses más, atropellando la ley y los derechos humanos.

Esos son, pues, los políticos decentes que mamaron buena leche…