HABLEMOS DE…

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MINUTO Y PABLO

J.CRUZSANTES                            

Minuto y Pablo significan lo mismo: poca cosa. Sin embargo, en un minuto cabe una inmensidad de acontecimientos. “Espérame un minuto” quiere decir no tardo. Un minuto de silencio es el respeto que se  tributa a un muerto. Un minuto es relativo: sentado en un bloque de hielo el tiempo se alarga.  Un minuto con la mujer amada es acaso poco menos que un suspiro.

En un minuto la luz  recorre dieciocho millones de km, y el sonido en el aire a nivel del mar más de 340 metros por segundo. Sobre el hielo aumenta 15 veces su velocidad. En un minuto la historia de la humanidad tomo otro rumbo cuando Armstrong guió manualmente el módulo lunar  que de no hacerlo se hubiese estrellado en la luna porque solo le quedaba combustible para un minuto de vuelo. En un minuto o menos el que lleva la delantera puede ser vencido como en el futbol o el box. Por eso se dice que un minuto tiene sesenta segundos y que los partidos acaban hasta que se acaban. Pero a su vez un segundo se ha dividido en expresiones más  ínfimas, incomprensibles para los comunes de los mortales.

El concepto de “segundo” nació en Babilonia como consecuencia de dividir sucesivamente un día solar que era una medida natural, desde que nace el sol hasta que se oculta,  según el sistema métrico en uso en ese entonces, el sexagésimo.

Cuando el universo se formó, en el primer segundo se crearon las partículas elementales electrones y neutrinos, estos últimos capaces de atravesar la Tierra. El segundo, como medida de tiempo también se ha subdividido en múltiples fragmentos, en poca cosa aparente pero de inmenso interés científico: milisegundos, microsegundos o femtosegundos que equivalen a una milbillonésima parte de un segundo algo como 1×10 a los menos 15 segundos

Un caracol da tres pasos por segundo y un colibrí bate alas una vez cada centésima de segundo. Lo que quiere decir que para mantenerse en vuelo debe hacerlo cien veces por segundo y seis mil en un minuto; por eso chupa constantemente el néctar de las flores para tener energía.

El ritmo del corazón marca el tiempo de un minuto con 72 latidos, pero si nos aceleramos puede llegar al doble o más.

. Si tomamos  como referencia el momento de la creación del universo en ese instante  –una millonésima de segundo- fue cuando se formaron los núcleos de los átomos, los protones y  neutrones.  Sin embargo, el tiempo se ha logrado dividir y medir más y más hasta lo  que signifique la cuatrillonésima parte del segundo. Que escrito corresponde al número 1 seguido de veinticuatro ceros. Punto donde las teorías no pueden correlacionarse, donde el espacio-tiempo y la física de partículas no tienen forma. Donde ya no se ve nada, solo donde se intuye y se cree que las cosas existen. Tal vez Alicia en el país de las maravillas lo sepa.

El calendario cósmico es la sinopsis de trece mil seiscientos millones de años que es la vida calculada al universo resumida en un solo año solar. El procónsul,  homínido antecesor del hombre apareció el 31 de diciembre, más o menos a la una y media de la  tarde  de ese calendario cósmico. En el último minuto de ese mismo calendario, es decir el 31 de diciembre, a las 23 horas con 50 minutos aparecieron en Europa los pictogramas de las grutas hechas por el homo sapiens. Y 20 segundos después se inventó la agricultura; y a los 53 segundos apreció la cultura Olmeca y la brújula.

Al segundo siguiente, a los 54, se usó el hierro y 2 segundos después, en el segundo 56 del último minuto del mismo calendario cósmico, nació Jesús. El último segundo del minuto que cierra el año cósmico es el que estamos viviendo. Al nacimiento del año 2000 iniciamos el primer segundo del nuevo año cósmico.

Dentro de lo que cabe, en un minuto una persona cambia su destino, ya sea porque muera o se saque la lotería.  Tal vez para muchos no sea suficiente un minuto, porque dicen que los agarraron en sus 5 minutos de estupidez, pero es demasiado.

Basta un minuto para enamorarse, y el desamor cabe ahí mismo.

Tal vez menos tiempo sea suficiente para morir; el hombre nunca pierde la esperanza, porque siempre espera hasta el último minuto, que es el último momento.

Minuto, bautizado así despectivamente por su padre, se convirtió en senador romano según cuenta Milka Waltari. Y Pablo, Saulo de Tarso, es un apóstol que se convirtió al cristianismo después de perseguir a los fieles. Un minuto le bastó para comprender y entender su sino. En cuántos minutos  y en cuantos Pablos no habrá grandes hombres. Queda claro pues, que en un minuto así, hay grandeza y hay eternidad.

j.cruzsantes

POEMA DE MI PADRE JOSÉ CRUZ GÓMEZ

Estabas esa noche pensativa.

Sola, triste, acongojada.

En el límpido cielo la mirada

Y los labios temblorosos que bebían

El cristal de una lágrima furtiva.

Y sentí la impresión de la agonía

Envidiando de esa lágrima la suerte

De encontrar a su muerte

La bella  tumba de tu dulce boca

Porque siendo mi vida

Como ella, de amargura,

Se quedara en  tu labio dormida

¡Qué dicha, qué ventura!

De mi grande pasión ardiente y loca