Barandal

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* Penales, escuelas de crímenes

* Población altamente adicta

* Informe de Derechos Humanos

Luis Velázquez

30 de julio de 2018

ESCALERAS: En toda su historia, los penales ni han sido de prevención, ni menos de rehabilitación social.

Por el contrario, la fama pública las consigna como una escuela con maestría y doctorados de alta escuela criminal.

Y un libreto de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, CNDH, intitulado “Un modelo de atención y tratamiento para las personas con farmacodepencia en prisión”, concluye que el 94% por ciento (9.5 de cada diez presos) en las cárceles del país son adictos.

El politólogo Ramón Benítez siempre ha sostenido que la cárcel siempre marca para siempre así estés privado de tu libertad un día, una semana, un semestre, un año, varios años.

La diputada local, Marijose Gamboa, presa durante nueve meses en el penal de Tuxpan, presa política de Javier Duarte, dice que las cárceles “emputecen o embrutecen” y sólo con férrea voluntad humana se sale ileso.

Así, el dictamen de la CNDH es cien por ciento alarmante, pues significa que así están las prisiones en el país, y por añadidura, en Veracruz.

Las cárceles manejadas por el ultra súper secretario de Seguridad Pública de la yunicidad y que también manejara en todo su esplendor el ex titular, Arturo Bermúdez Zurita, preso en el penal de Pacho Viejo acusado de desaparición forzada, entre otros delitos.

PASAMANOS: Hay 358 centros de reclusión en el país. Y de los cuales, el 94 por ciento presenta problemas de adicción, de tal manera que la mariguana, la cocaína, los solventes, las metanfetaminas, el cyrstal y los heroína son las drogas más consumidas.

Y, bueno, de entrada significa que los directores (también llamados alcaides) lo saben y lo permiten y si así es entonces sólo queda derivar que los malandros tiene permiso para operar.

Y más cuando hay cárceles con auto-gobierno y que los carteles y cartelitos ejercen con el poder absoluto.

Y más cuando entre los trascendidos está que también manejan el tráfico de alcohol y las concesiones de servicios, desde el restaurante hasta la venta de tortillas y panes, y hasta la entrada libre de las trabajadoras sexuales.

Y tales negocios, y como premisa universal, con el visto bueno de las direcciones de Prevención y Readaptación Social.

CORREDORES: Según el reporte de la CNDH (La Jornada México, César Arellano), la mayoría de los internos con las adiciones oscilan entre los 26 y 45 años.

Y sus delitos son homicidio, robo agravado con violencia, secuestro y contra la salud, es decir, el tráfico de marihuana.

Por eso es que en algunas cárceles del país significan un foco permanente de irritación social, pues los malandros disputan el manejo del mayor número de concesiones.

Famoso aquel tiempo en el Fidelato cuando en el penal de Pacho Viejo se amotinaron los reos, azuzados por un cartel, para que le pagaran cantidad millonaria que el gobierno del Estado les debía por el consumo de tortilla y que obligara al gobernador a trasladarse de Cosamaloapan, donde anda en gira, al reclusorio para negociar y conjurar la sedición.

Famoso en el duartazgo la fuga de más de cien presos el mismo día en varias cárceles de Veracruz.

Todavía hoy, y en la versión penitenciaria, hay en las prisiones de Veracruz un co-gobierno donde a cambio de mantener la paz y la tranquilidad “se les deja hacer y se les deja pasar” a todos ellos.

Lo peor del asunto es que ningún interno se está rehabilitando.

Y más grave… que la yunicidad ande en otros rollos.

RODAPIÉ: La otra realidad aplastante establecida por la CNDH es que muchos presos “se inician en el consumo de droga durante su permanencia en las cárceles”.

Y es que, bueno, privados de su libertad, todos los días y noches circulares, sin una terapia concreta y específica y productiva para ocuparse, sin un Estado de Derecho que se haga sentir y expresar, con unos jefes máximos, internos todos, imponiendo su voluntad, el reo, como dice Marijose Gamboa, “embrutece o emputece”.

Por ejemplo, las pasiones desaforadas suelen darse tanto entre presos y presas como entre presos y presos y presas y presas, como si todos vivieran, digamos, en Curitiba, Brasil, la metrópoli con más alta diversidad sexual en el continente.

Sólo así puede sobrevivirse a las cuatro paredes de la habitación donde viven.

Y más, cuando la libertad parece estar demasiada lejos, por ejemplo, cuando se trata de políticos presos.

Y en el otro extremo de la cancha la otra realidad, es decir, los penales embrutecen, a partir de la prisión misma donde la vida se hace pasadera y pasable con el consumo de drogas.

BALAUSTRES: La CNDH puso “el dedo en la llaga purulenta” de las adiciones de los internos en los reclusorios, en tanto, la Comisión Estatal de Derechos Humanos sigue en viaje esotérico.

Nunca le interesó en el duartazgo, porque se trataba, digamos, de una deslealtad a Javier Duarte, quien abriera el camino a Namiko Matsumoto de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas a la CEDH.

Pero el dictamen de la CNDH es universal e incluye a los internos de los penales en Veracruz, un tema, por cierto, desapercibido tanto por los diputados locales y federales, tan ocupados en otros menesteres.

Y también por las ONG, la mayoría de las cuales se han centrado en los derechos humanos por tantos secuestrados y desaparecidos y en los derechos de los animales a un trato digno.

Los medios también hemos estado lejos de tal realidad, cercanos a la lucha feroz y sórdida por el poder político.

Las prisiones, entonces, maestras con posgrados en el crimen, pero también, en la adición, y de paso, los negocios suculentos en unas cuantas manos.