Escenarios

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•Gobernar, el arte de robar

•Red delictiva de Javidú

•Fidel Herrera, su benefactor

Por Luis Velázquez

Uno. Gobernar, el arte de robar

En Guatemala, donde está preso, fue ventilada la red criminal de Javier Duarte (Javidú). Insólito: el mismo mes que tomó posesión, diciembre 2010, la empezó a integrar. Ya lo tenía planeado. Sabía desde entonces que la única razón de su llegada al trono imperial y faraónico era, como solía decir Gerardo Buganza de otros, ajá, “para ordeñar la vaca”. Y una vaca suiza, que suele dar leche tres veces al día. Con Javidú, el arte de gobernar se volvió el arte de robar. Enriqueciendo, claro, a los suyos. Mentes siniestras.

Fue el 31 de diciembre de 2010. En una fiesta en el departamento en la torre B, nivel uno, del conjunto Finisterre, en Ixtapa-Zihuatanejo. Allí, contó Alfonso Ortega, uno de sus operadores, Javidú le instruyó a “recibir fondos y colocarlos en diversas inversiones”. (La Jornada México, Gustavo Castillo García, enviado especial)

Todo, pues, lo tenía fraguado. Y su entorno y contorno, como dice el clásico, lo sabía. Lo sabía Karime Macías. Por eso, resulta insólito que Fidel Herrera Beltrán, el góber fogoso, nunca conociera su identidad. Su casta. Su codicia. Sus escrúpulos. Su vocación social. El, profundo conocedor de la naturaleza humana. El, con tantos años en el quehacer político. El, catador de hombres.

Y más porque mucho más, porque fue su secretario particular. Y subsecretario de Finanzas y Planeación. Y titular de la SEFIPLAN. Y su diputado federal. Y su candidato a gobernador. Es más, se tenía a la recámara conyugal de Fidel, sin avisar.

Con todo, el proverbio ranchero es falaz. “Al mejor cazador se le va la liebre”. Se le fue. Por eso, para justificarse, en julio de 2016 se lo dijo al periódico El Financiero: “No fue lo que yo esperaba. Hizo cosas que no tenía que hacer”.

Okey. Pero el error, la estafa, el engaño, el fraude… ya tenía nombre. Y padrino. Ante la historia, el fogoso.

Y más porque la cultura política enseña que antes de heredar el poder… ha de conocerse al sucesor. Por dentro y por fuera. Más, mucho más, en su grado de perversidad.

¿Habría sido perversidad del fogoso imponer a Duarte de sucesor para, digamos, vengarse de Veracruz?

En el rancho, Cantarranas, decían la siguiente frase:

“Todo cabe en un jarrito… sabiéndolo acomodar”.

Frase hecha, diría Andrés Soler en una de sus imborrables películas en blanco y negro. Pero que al mismo tiempo constituye filosofía popular.

Dos. Red delictiva de Javidú

La red de negocios de Javidú era impresionante. Y aun cuando quizá el lector la habría leído por ahí, un resumen mínimo de los nombres (por si alguien los conoce):

Alfonso Ortega López, Moisés Mansur Cisneyros, Rafael Gerardo Rosas Bocardo y Mario Rosales Mora.

José Juan Janeiro, Javier Nava Soria, Santa Bartolo Acuña, Miguel Velázquez Nieva y las hermanas Nadia Isabel y Elia Arzate Peralta.

Jaime Porres, Franky García, Tarek Abdala, Mauricio Audirac Murillo, Carlos Aguirre Morales, Arturo Bermúdez y Francisco Valencia.

Érick Lagos Hernández, Alberto Silva Ramos, María Georgina Domínguez Colio, Édgar Spinoso Carrera, Jorge Carvallo Delfín, Adolfo Mota, Juan Manuel del Castillo y Vicente Benítez González.

Según la Fiscalía de Veracruz recibieron 67 denuncias penales en contra de duartistas. Tienen abiertas 777 carpetas de investigación y siguen la pista a trescientos ex funcionarios.

Y es que para el 31 de diciembre de 2010, el doctor en Economía graduado (todavía lo dijo en el Tribunal de Guatemala) en la Universidad Complutense de España, ya tenía caminando su red criminal.

“Era mi amigo, pero a todos nos engañó” dice Flavino Ríos Alvarado, el gobernador interino durante 48 días y cuyo nombramiento ha de estar colgado en la biblioteca de su casa con todo y que “lo bailado… nadie se lo quita”.

Pero…pero la duda aletea en la conciencia social:

Resulta inaudito, insólito, inverosímil que al fogoso, conocedor de las debilidades humanas, haya impuesto a Javidú en la gubernatura.

Nunca, jamás, será perdonado…, así se lave las manos ahora.

Tres. Javidú “merecía abundancia”

Peor tantito. En el Fidelato, Javidú anduvo de compras. Alfonso Ortega, uno de los operadores de Duarte, declaró lo siguiente a la PGR:

“Ortega dijo que Duarte se ostentaba como dueño del departamento citado, y posteriormente tuvo conocimiento que el ex gobernador era dueño de dos departamentos más en esos conjuntos (Finisterre, Ixtapa),los cuales adquirió el 17 de mayo de 2010 (en pleno Fidelato) a través de una negociación que realizó José Juan Janeiro Rodríguez (declarado testigo protegido de la PGR) con los representantes del desarrollo Ventas Arrecife, y que tenían un valor aproximado de un millón 500 mil dólares por cada departamento” (La Jornada, Ibídem).

Más todavía:

“El 12 de mayo de 2011 (18 días después sería asesinado el primero de los 19 reporteros, Noel López Olguín, Noticias de Acayucan), Inmobiliaria Rohor adquirió dos inmuebles contiguos en la calle Sierra Fría 715, en la colonia Lomas de Chapultepec, en Ciudad de México, con un valor de 47 millones de pesos. Javier Duarte dijo que en ese lugar pretendía construir su casa de retiro”.

Javier Duarte “merecía abundancia”….gracias a Fidel Herrera, tan generoso que era con él. También creyó que “merecía impunidad”. Ahora duerme en una prisión extranjera, al lado de Maras, narcos y políticos corruptos de Guatemala.