Escenarios

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  • Érick Lagos, el frívolo
  • Lucra con la muerte
  • Foto con Joan Sebastian

 

Luis Velázquez

 

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Joan Sebastian, llamado el cantor del pueblo, con un rancho agropecuario en Acayucan, falleció de cáncer y, por desgracia, como Gerardo Buganza Salmerón y Gustavo Sousa Escamilla, nunca, jamás, lo pudo vencer, por más lucha a trompadas con la vida.

Y mientras sus fans lo aclamaban, su muerte fue capitalizada por uno de los políticos duartistas, Érick Lagos Hernández, diputado federal electo, para trepar una foto al facebook y moverla en las redes sociales, donde posaba al lado de Joan Sebastian.

Y todavía le agregaba una leyenda donde aseguraba que algún día habrán de reencontrarse en el otro mundo, en el otro lado del charco, en el más allá, es decir, en el cielo (que se duda) para seguir cabalgando juntos.

¡Ah, frivolidad!

¡Ah políticos fatuos!

Y ¡ah! porque la foto se trata de un fotomontaje de Érick Lagos con Joan Sebastian, uno de cuyos hermanos, por cierto, ha sido ligado al narcotráfico.

Nadie dudaría que en los días y noches de campaña electoral Érick Lagos habría coincidido con Sebastian, pues eran frecuentes sus visitas al rancho.

Pero de ahí a lucrar con la muerte y mostrarse como un amigo del cantautor, caray, expresa la madurez emocional, psicológica, psiquiátrica y neurológica de Érick Lagos.

También, claro, su estatura moral y ética.

Y sin duda, su madurez política, de tal manera que se proyecta como lo que es, un político hedonista del placer.

Insustancial.

Epidérmico.

La frivolidad, por cierto, de las barbies y ladies; aunque también de una parte del gabinete duartista, como por ejemplo, Jorge Carvallo Delfín, quien se sometió a una liposucción para desaparecer su panza y se operó su naricita para oler mejor a sus reinis.

Y/o como Alberto Silva Ramos y Érik Porres Blesa, que treparon a las redes sociales sus selfies en pose de Truman Capote a los 20 años de edad cuando publicó su primera novela, Otras voces, otros ámbitos, quedando clara su tendencia sexual.

Y/o como Ramón Ferrari Pardiño que se deja un bigotazo zapatista para disimular sus labios bembones, en tanto usa guayaberas que parecen batas para ocultar su panza.

Y/o como las cirugías plásticas de María Georgina Domínguez, la presidenta de la Fundación Luis Donaldo Colosio, ideóloga priista.

Y/o como Gerardo Buganza declarándose candidato independiente a gobernador… que nadie le cree.

Y/o como Héctor Yunes Landa en su discurso triunfalista en el llamado segundo informe senatorial, donde menciona que su hijo menor ya entrará a la primaria y anuncia al mundo, con humor agrio, que todavía es productivo, como si la gubernatura fuera el contrato de un semental.

La frivolidad, pues sólo para eso les alcanzan las neuronas.

Y, lo peor, han de creer que la población electoral se los cree.

Y todavía peor, que les aplaude.

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Tal cual es la generación duartista en el poder sexenal que Fidel Herrera dejó a los 8 millones de habitantes de Veracruz.

Así, Érick Lagos posando (¿cuántos votos más habrá merecido con el fotomontaje al lado de Joan Sebastian?) compite con el éxito de Dominga Xóchilt Tress (la efímera directora de Servicios Educativos de la SEV) en las redes sociales, mostrando al mundo sus bubis y pompis exuberantes que tanto estremecen a Los tigres del norte.

Pero que también causó tantos estragos en los jefes máximos de la Secretaría de Educación, de Adolfo Mota para abajo, a excepción del subsecretario Nemesio Domínguez Domínguez.

Es más, por un pelito el número de visitas al Facebook de Érick Lagos al lado de Joan Sebastian rebasa al exitazo de las fotos de Dominga Xóchilt en Internet.

La frivolidad, pues.

La petulancia.

La soberbia.

La inmadurez.

También, la indolencia en la tarea de gobernar y ejercer el poder, menospreciando los grandes pendientes sociales que a todos ellos, los llamados Chamacos de la fidelidad (Jorge Carvallo, Érick Lagos, Adolfo Mota y Alberto Silva, los más conspicuos) les vale, y que, bueno, llega a otros como Tomás Ruiz, parido por los dioses; Gerardo Buganza, el candidato mesiánico; Érik Porres, finito y exquisito, parido por los dioses, y Vicente Benítez, el piloto de las maletas voladoras.