Fueron los policías…
Por: Luis Velázquez
Según Javier Duarte, JD, “al final del día… la historia habrá de calificarme”.
Pero desde hace ratito, la historia ya lo conceptuó como el peor gobernador de los 73 que han existido en Veracruz.
Y si alguna duda existiera bastaría irse a la tragedia de Tierra Blanca de Ayotzinapa, donde a los 5 jóvenes de Playa Vicente levantados por sus elementos policiacos en Tierra Blanca los mataron, los quemaron, los demolieron y los tiraron “a un pequeño río”, simple y llanamente, “un brazo” del río Blanco, que pasa por el rancho “El limón”, de Tlalixcoyan.
Tal cual, lo observa Carlos Ronzón Verónica, egresado, igual que JD, de la Universidad Complutense en la maestría en Ciencias Políticas.
Días después del 11 de enero, cuando los chicos fueron emboscados por la policía de Arturo Bermúdez, y por tanto, de JD, Ronzón, profe en la facultad de Criminología y Criminalística, ya tenía el informe que durante 50 días la autoridad se emperró en ocultar.
Es decir, los (presuntos) asesinos de los chicos fueron policías.
Todo el tiempo, los jóvenes estuvieron en manos de los policías al mando del delegado de Seguridad Pública, Marcos Condes Hernández, y subalternos, Edgar Omar Ruiz Tecalco, Luis Rey Lendechi Colorado, René Pelayo Vidal, Omar Cruz Santos, Othoniel Cruz Linares y Edgar Ramón Reyes.
Luego del secuestro, alguno de los policías intentó violar a la chica de 16 años.
Y un amigo se interpuso.
Y un policía más disparó.
Y lo mató.
Y se armó la trifulca, y los cinco jóvenes fueron ajusticiados.
Entonces, les entró la locura.
Y en el rancho “El limón” los metieron en ácidos tipo “El pozolero” para deshacer sus cuerpos.
Pero como quedaban pedazos regados, entonces, los quemaron.
Y como de igual manera quedaban restos desperdigados, entonces los cercenaron y molieron en un molino viejo de caña de azúcar.
Y después los tiraron al “pequeño río” del río Blanco, que se ha convertido en el Veracruz de JD en el cementerio flotante más largo y extenso de los malandros.
Dice Carlos Ronzón:
“Desde el primer momento, en la primera semana, los policías y sus jefes estaban conscientes de la tragedia. Pero desde arriba los quisieron proteger. Y por tanto, inculparon a un cartel”.
La presión social (la presión de los padres de familia acampados en la agencia del Ministerio Público, la solidaridad de ONG y colectivos, el llamado a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la presencia del obispo de Veracruz y de los peritos argentinos, la prensa jarocha y la prensa de la ciudad de México y los corresponsales extranjeros, ocupados del asunto, etcétera), cercaron a la autoridad para destapar la cloaca.
La tragedia de Tierra Blanca, igualito que en Ayotzinapa.
Y aun cuando allá 43 estudiantes fueron desaparecidos y aquí cinco, recuerda la canción de Rosita Alvírez que de los tres tiros que le pegaron… solo uno era mortal.
Javier Duarte, dice el profe de la Complutense, movió todo para proteger a los policías, sus policías, de Arturo Bermúdez, su gran protegido sexenal, su antiguo amigo y socio desde la SEFIPLAN del góber fogoso.
EN RIESGO TRIUNFO DEL YUNES ROJO
Los padres de los jóvenes sacrificados como parte del tsunami de violencia en la era duartista tocaron puertas en el altiplano.
Y la Secretaría de Gobernación envió a la Gendarmería.
Y entre otras cositas, la Gendarmería se llevó los restos de los muchachos a la ciudad de México para el análisis genético y químico, y por tanto, para rastrear lo que Jesús Murillo Karam llamó “la verdad histórica” en el caso de Ayotzinapa.
Y también se llevaron a Francisco Navarrete, el presunto jefe del cartel Jalisco Nueva Generación, a su hijo y a un presunto sicario.
Y como los padres siguieron acampados y continuaron levantando el teléfono para hablar con reporteros defeños, entonces, a la secretaría de Gobernación, caso Roberto Campa, solo quedó, hasta donde pudo, “alargar la liga”.
Y “la verdad histórica” salió al desnudo.
Fueron los policías insiste el maestro en Ciencias Políticas, aun cuando desde arriba insisten en que fue el CJNG.
Y es que de por medio se atraviesa la campaña electoral y de aquí al 5 de junio, fecha de los comicios para la mini/gubernatura y las diputaciones locales, ni modo aceptar que los elementos policiacos de Javier Duarte y Arturo Bermúdez fueron los culpables.
Y menos, porque de por medio arriesgarían el triunfo en las urnas del Yunes rojo.
Más, si de por sí está claro que ningún habitante de Playa Vicente ni tampoco de Tierra Blanca, por ejemplo, con tanto dolor y sufrimiento votarán por los candidatos del partido tricolor, por más que Manlio Fabio Beltrones tome un cafecito en “La Parroquia” entrada por salida.
Y/o por más que el PRI se aliste para comprar al precio necesario el voto ciudadano como sucedió, por ejemplo, con Érick Lagos en el distrito de Acayucan para alardear que obtuvo la más alta votación en el país como candidato a diputado federal.







