domingo, mayo 3, 2026

Columnas Luis Velázquez

Escenarios

•Desastre epidemiológico

•Entre asustados y gozosos

•Cadenas de oración

Luis Velázquez

04 de diciembre de 2020

UNO. El mundo, asustado

La vida es así en el tiempo del coronavirus: la mitad del mundo sigue asustada, aterrorizada con morir. Y la otra mitad quedó harta de 7, 8, 9 meses de encierro y anda en la calle, como si nada.

La mitad, confinada en casa. La otra mitad, en las plazas comerciales, los restaurantes, los cines, los antros.

La mitad, encomendándose a su dios celestial, y la otra mitad, dichosa y feliz con sus dioses terrenales.

DOS. Desastre epidemiológico

La mitad, purificándose cada día para sobrevivir, y una parte sustancial de la otra mitad contratando el servicio de table-dance a domicilio.

La mitad, con tapabocas y la sana distancia, y la otra mitad, atiborrando las playas, los ríos y las albercas.

La mitad, enclaustrada como nunca, y la otra mitad, viajando en autobuses de pasajeros, en aviones y hasta en cruceros turísticos en barcos alrededor del mundo.

La mitad, leyendo la estadística oficial de la muerte, segura de que los contagiados y los fallecidos suman dos, tres veces más, y la otra mitad, desafiando el rebrote del desastre epidemiológico.

TRES. Cadenas de oración

La mitad, sin hacer el amor y el sexo en casa, y la otra mitad, escapando a los moteles porque “la calentura es canija”.

La mitad, bebiendo agua en casa a la hora de la comida, y la otra mitad, empinando el codo en la cantina, el bar y el antro preferido.

La mitad, haciendo cadenas de oración para que el bichito se vaya, y la otra mitad, en el pachangón y el desmadre, el Súper Saturday.

CUATRO. De compras en plazas comerciales

La mitad, hasta con caretas y tapaboca y botellita de gel en la bolsa de mano y del pantalón y en el coche, y la otra mitad, zambulléndose en el Golfo de México, como en el cualquier día normal, un fin de semana cualquiera.

La mitad, cuidando de sus padres y abuelos de la séptima, octava y novena década para posponer la vida hasta donde sea posible, y la otra mitad, en las plazas comerciales de compras adquiriendo con tiempo y a tiempo los regalitos navideños para los suyos.

CINCO. Salida salomónica

Mientras, 3 de cada diez enfermeras y médicos están “atrapados y sin salida” en las enfermedades mentales como el estrés, la angustia y la depresión.

Y lo peor, la depresión, porque significa la antesala del suicidio.

Y la mitad del mundo alardeando que ya descubrieron vacunas antídoto contra la pandemia.

Mientras, ni modo, una que otra autoridad municipal suspendiendo carnavales, fiestas religiosas patronales, eventos masivos, fiestones familiares… esperando que la población les haga caso.

Pero diez meses después, la mitad de los ciudadanos de a pie está hasta la coronilla de vivir encerrado y por eso mismo, las tribus gobernantes habrían de buscar una salida salomónica antes, mucho antes de que el rebrote empeore anunciando, digamos, el fin del mundo.

SEIS. Generación suertuda

Con todo, somos afortunados. Una pandemia suele presentarse cada cien años en el mundo. Y, bueno, nos has tocado la oportunidad del COVID para aprender a vivir en medio del desastre y tener la experiencia que, mínimo, nueve generaciones anteriores nunca tuvieron.

En los últimos cien años hemos asistido a muchos cambios y vivencias en el planeta. Quizá, el celular y el IPAD como la gran revelación tecnológica, por ejemplo, como en otro tiempo fue la peste negra.

Tal cual podemos morir tranquilos, dichosos y felices…

Expediente 2020

“Aquí mando yo”

Luis Velázquez

04 de diciembre de 2020

Los Fiscales Regionales de Veracruz, anexos y conexos, incluidas las secretarias, están “con los nervios de punta”. El estrés, en su decibel más alto. La Fiscal General tuvo una ocurrencia. Orden, así nomás, de pronto, revelación camino a Damasco, integrar el Archivo General de la Fiscalía, digamos, como el Archivo General del Estado.

Y lo peor, “de un día para otro”.

Es decir, integrar todas y cada una de las carpetas de investigación de norte a sur y de este a oeste del estado de Veracruz para concentrarse en las oficinas de Xalapa.

Y así, quizá, quizá, quizá tener “más que los pelos de la burra en la mano, la burra completa”, ajá, para procurar la justicia de una manera rápida y expedita.

¡Hosanna, hosanna!

A primera vista, bien podría tratarse de una ocurrencia genial, pues al momento, cada Fiscalía Regional tiene un archivo monstruoso de carpetas, sin clasificarse, sin ordenarse, digamos, como quien busca “una aguja en un pajar”.

Y como son miles de expedientes, miles de kilos de papel, entonces, la locura total para cumplir “al pie de la letra”.

Según las versiones, el secretario General de Gobierno, lo sugirió.

Okey. Pero al mismo tiempo, resulta tarea titánica pues cada Fiscal ha de cumplir con las tareas básicas, como es la aplicación de la justicia para evitar, entre otras cositas, la imagen fatídica de la impunidad en un Veracruz ensangrentado, corriendo pólvora y sangre, huesos y cadáveres, por todos lados.

Pero como se trata de orden superior, ni hablar. Un estrés más en el tiempo del COVID y cuya resultante solo en Veracruz significa más de 5 mil muertos.

Un Archivo General de la Fiscalía, como los de cualquier otra institución, ha de integrarse poco a poco, pian pianito.

Pero como la filosofía de ejercer el poder de la Fiscal está resumida en tres palabras, “Aquí mando yo”, la tarea bien puede multiplicarse para el director jurídico de la Fiscalía, Manuel Fernández Olivares, el jefe máximo a quien con cariño llaman el “Cartel del Pámpano”, para sonar y resonar las órdenes y lograr el objetivo.

MONTAÑA DE PENDIENTES

Muchos, excesivos, demasiados pendientes hay en la Fiscalía General.

Uno, el tiradero de cadáveres que implican la captura de los homicidas físicos e intelectuales. Más, mucho más, los intelectuales que ordenan los crímenes.

Dos, un Veracruz campeón en el ranking nacional de los feminicidios para detener a los asesinos físicos e intelectuales.

Tres, un Veracruz en el primer lugar nacional de secuestros, un oleaje de inseguridad, incertidumbre y zozobra que necesita frenarse y frenarse únicamente a partir de la detención de los plagiarios.

Cuatro, un Veracruz en el primer lugar nacional en extorsiones, muchas, muchísimas cometidas desde los penales, los capos operando con sus celulares.

Cinco, el crimen de políticos, líderes partidistas y sindicales, activistas sociales, niños, ancianos, jóvenes y reporteros, todos en la impunidad.

Seis, los expedientes relacionados con delitos comunes y que entre otras cositas significa los robos a casas habitación, los atracos en comercios y bancos, los robos de automóviles y hasta de trailers y carros de carga en las carreteras, y asaltos a los autobuses de pasajeros, la mayoría, quizá el cien por ciento, en la impunidad.

Siete, agilizar los miles de casos inconclusos para dictaminar la sentencia.

Y por encima de los pendientes, caray, la orden para integrar el Archivo General de la Fiscalía resulta insólito, inverosímil, inaudito.

Más, con tantas protestas de los abogados por el tortuguismo burocrático con que caminan las cosas.

La Fiscal General perdió el bosque y se detuvo en el árbol. Mira la vida desde la planta baja en vez desde la azotea.

EL VERACRUZ TRUCULENTO

Una de las palabras miles de veces repetida y gritoneada en Veracruz en los últimos 24 meses es justicia.

Justicia… claman los familiares de las personas asesinadas.

Justicia… demandan los familiares de las personas desaparecidas.

Justicia… exigen los familiares de los ejecutados en marchas, plantones, declaraciones mediáticas, foros, conferencias.

Justicia… piden los veinte Colectivos de Veracruz, integrados con madres y padres con hijos y familiares desaparecidos, secuestrados, torturados, ultrajados en casos de mujeres, y arrojados sus cadáveres en la vía pública, en calles y avenidas, a los ríos para flotar aguas abajo, en pozos artesianos de agua dados de baja.

Justicia… por los niños y las mujeres asesinados en el Veracruz sombrío, sórdido y truculento que vivimos y padecimos.

Y en contraparte, la Fiscal General, engolosinada con su gran descubrimiento institucional de que la dependencia necesita, ajá, un Archivo General para estar, digamos, a la altura del Archivo General de la Nación.

Ni hablar, es el alcance de sus neuronas. La altura y la alteza de miras para cumplir con la tarea básica y fundamental de procurar justicia.

Impuesta por dedazo, sabe que tiene un ángel de la guarda que la blinda y la protege y por más y más pataleos de los Fiscales Regionales, allá ellos con sus berrinches porque ella está bien con Dios, y estando a todo dar con el jefe, los ángeles y querubines pueden patalear.

Barandal

•Matute, ¡pare esta masacre!
•Infierno en el sur de Veracruz
•Despavorida población huyó

Luis Velázquez
04 de diciembre de 2020


ESCALERAS:
En Coatzacoalcos, el terror, el horror y el pavor. Un caso más para el policía Matute y/o para «Don Gato y su pandilla». Un comando trepó a un autobús urbano con pasajeros. Y bajaron de la unidad a todos. Y luego, simple y llanamente, en medio de la inseguridad, la incertidumbre y la zozobra y la impunidad como valor agregado, le prendieron fuego.
Días anteriores, otros pistoleros subieron a camión urbano de pasajeros y mataron a uno delante de todos. Y en Cosoleacaque, un comerciante de Puebla fue asesinado por negarse a pagar la cuota.
El sur, el norte, el este y el oeste y el centro, en la noche más oscura de su historia como dice el arzobispo Hipólito Reyes Larios, y quien, ni modo, qué le vamos a hacer, predica en el desierto, pues ninguna autoridad desea escuchar.

PASAMANOS: El secretario de Seguridad Pública compareció en la LXV Legislatura y pronunció frase célebre, memorable, imborrable y citable. Soy un político, un político, un hombre, dijo, de resultados.
Uno de sus resultados ahí está. En Coatzacoalcos, un infierno llamado sur de Veracruz. Igual, igualito como está, claro, el resto de «la noche tibia y callada» de Agustín Lara.
Secretario Matute, tenga piedad y misericordia de los 8 millones y cacho de habitantes. ¡Apiádese! ¡Pare esta masacre! ¡Detenga el río de sangre y el olor a pólvora en Veracruz! ¡Tráigase a un comando norteamericano que haya combatido en Afganistán!

CORREDORES: En el duartazgo, entraron los malandros a Veracruz por el norte, provenientes de Tamaulipas. Entonces, se anunciaron en la tierra jarocha rafagueando un autobús de pasajeros en la carretera de Tantoyuca a Pánuco. Varios muertos, entre ellos, un bebé en manos de su señora madre.
En el sur de Veracruz, «Don Gato y su pandilla» midieron la temperatura al jefe Matute y matanza en Minatitlán con diecinueve muertos, entre ellos, un bebé, en un salón social, y masacre en Coatzacoalcos, en el antro El Caballo Blanco, con treinta muertos entre bailarinas y clientes.
Ahora, caray, los pistoleros haciendo y deshaciendo, dueños de la plaza, mostrando el puño, desafiando a las corporaciones policiacas.
Y lo peor entre lo peor, en contra de la población civil.
Caray, hacia las cuatro de la tarde del miércoles 2 de diciembre. En la avenida Quevedo, autobús de la ruta Quetzacóatl, cerrándole el paso.
Ningún miedo de los sicarios al jefe Matute.

BALCONES: Primera viñeta: los pasajeros obligados a bajar del autobús. Segunda viñeta: los pasajeros huyendo despavoridos del infierno para, digamos, salvar la vida. Tercera viñeta: los sicarios lanzando bombas incendiarias sobre la unidad para prenderle fuego. Cuarta viñeta: en medio de una impunidad atroz, incruenta, despiadada, con saña y barbarie. «Aquí, mandamos nosotros» dirían a tono con la frase célebre de la Fiscal General cuando tomara posesión. «Aquí mando yo». Cada quien, entonces, con sus parcelas de poder.

PASILLOS: El primer avisito fue la matanza en el antro «El caballo blanco». Ahora, el autobús incendiado, frente al ex antro Las Iguanas. La unidad, reducida a cenizas. Las cenizas sociales de Coatzacoalcos. El Waterloo del general Matute.
De ñapa, los malosos dejaron las famosas narco/cartulinas.
En el fondo, que las extorsiones. Que el cobro de derecho de piso. Que los comerciantes y empresarios negándose. Que el ajuste de cuentas.
Bamba violenta y caliente. Los días y las noches, un infierno. El Estado de Derecho relevado por el Estado Delincuencial. ¡Ay, la 4T!

Malecón del Paseo

•Veracruz lleno de luz

•Sueño esfumado

•Nostalgia de la aldea

Luis Velázquez

04 de diciembre de 2020

EMBARCADERO: Todos soñamos con un Veracruz lleno de luz… Los días tranquilos y apacibles de la aldea… En las tardes poner el sillón tlacotalpeño en la banqueta enfrente de la casa y platicar con la familia y los vecinos al paso… Dejar que los hijos vayan a la disco el fin de semana, sin el miedo a un asalto, un secuestro, una desaparición, un asesinato, una fosa clandestina… Dar la vuelta en la plaza comercial sin el miedo a una bala perdida… Asistir a misa de doce el domingo con la tranquilidad y confianza del mundo…

ROMPEOLAS: Tirarse en la hamaca amarrada de un árbol a otro y mirar y admirar el vuelo de los pájaros… Caminar en la avenida principal de la ciudad tomados de la mano con la pareja y los niños, mirando aparadores, sin sobresaltos… Corretear las palomas en el zócalo luego de darles maicitos para comer de pico en pico… Caminar y trotar en el malecón a primera hora de la mañana, con la luz del día, sin sentir miedo…

ASTILLEROS: Soñamos con una tamaliza el sábado en la tarde con los amigos y uno que otro trago, sin excesos, confiados de que los días y las noches son seguros… En las semanas y los meses que trotan deseamos disfrutar el ejercicio pleno de la libertad y encarnar las caritas sonrientes de la cultura azteca… Jugar en la playa con los niños a levantar castillos de arena y a jugar beisbol o fútbol, sin temores ni terrores y luego, cuando la tarde se vuelva tibia, con los patines puestos jugar carreritas en el malecón…

ESCOLLERAS: Daríamos la vida porque los periódicos dejaran de escurrir sangre, huesos y cadáveres… Quisiéramos cantar a Agustín Lara con “la noche tibia y callada” y luego, tomar a la pareja de la mano y bailar “El tilingo lingo” y “La bamba” que para bailarla “se necesita un poquito de gracia y otras cositas”… Soñamos con la hora de la libertad, sin ataduras, conscientes de que Veracruz será grande, inmensamente grande y fuerte cuando todos tengamos un empleo estable y pagado con justicia laboral, y garantizada la salud porque solo así la vida se vuelve productiva…

PLAZOLETA: Desde luego, es un viejo, antiguo, histórico y milenario sueño el legítimo derecho a vivir en paz, sin que la vida peligre en cada amanecer… Pero los días y las noches son duros y rudos, sombríos y ríspidos, calcinantes y sórdidos, y como decía Agustín Acosta Lagunes, “la violencia es inevitable y ni modo”… Y/o como exclama un personaje literario de Carlos Fuentes Macías, “¡Aquí nos tocó vivir y qué le vamos a hacer!”…. En los hogares de Veracruz hay, por ejemplo, dolor, mucho dolor, por un familiar, un amigo, un conocido, un vecino, un compadre, secuestrado, desaparecido y asesinado…

PALMERAS: Por desventura, en millones de hogares existe una silla vacía a la hora de desayunar, comer y cenar por un pariente desaparecido… Y cada habitante de Veracruz tiene un familiar, un amigo en el panteón, y a quien lleva flores y veladoras… Y decenas, cientos, miles de personas siguen buscando a los suyos… Y miles de paisanos ninguna razón tienen para sonreír y mirar la vida con optimismo porque el sufrimiento es canijo, insólito, que suele durar para siempre… Es un dolor que atraviesa sexenios, como un tsunami perpetuo, intemporal, sembrando desolación… “El difícil arte de vivir” le llamaba Albert Camus, Premio Nobel de Literatura…

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