sábado, marzo 14, 2026

Barandal

  • Bloqueo con saña
  • Amarga obsesión
  • Pelea desigual

Luis Velázquez

RUDEZA INNECESARIA

PASAMANOS: Hay un par de precandidatos priistas naturales para ganar la elección y no obstante el duartismo los está bloqueando.

Son los senadores Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, luchando en contra del aparato gubernamental del gobierno de Veracruz.

Toda la fuerza del Estado (los poderes Ejecutivo y Legislativo, el poder económico, el poder policiaco, el poder mediático, las relaciones con el altiplano, etcétera) en contra de ellos.

Por un lado, con un CDE del PRI actuando como en los años 70, cuando la famosa guerra sucia, y por el otro, con toda la saña y perversidad del mundo para descarrilar a los senadores cuya sola apuesta está en la legítima defensa de su dignidad y su libertad y en el derecho, en todo caso, a pensar diferente.

El bloqueo dura ya más de un año. Y ha incluido hasta la ofensa y la humillación, como el famoso caso de “La caña amarga de pescar”. El pitorreo, vaya. La exhibida. La mofa. La burla.

Pero además, el veto a los actores políticos para expresarse con libertad.

Por ejemplo, alcaldes, diputados locales y federales y funcionarios públicos a quienes han prohibido manifestarse por uno y/o por el otro senador.

La única excepción, la más representativa, es al día de hoy la de Carlos Brito Gómez, asesor del gobernador:

“Yo miro como candidatos a Pepe Yunes y/o a Héctor Yunes. Pero yo estoy con Pepe” dijo.

Y ni modo que también lo despidan de la asesoría, aun cuando al mismo tiempo podrían, digamos, marginar y/o retener el salario, pagarle en abonitos.

Todo, porque ninguno de los senadores se ha disciplinado tirándose al piso del Jefe Máximo del Priismo local.

Ellos sólo han contestado al rafagueo sistemático.

Y más porque de nuevo, como en el año 2010, los pretenden relegar de la posibilidad de la candidatura, nomás porque forman parte de otro equipo, otro grupo, otra tribu, otra horda.

ADUEÑARSE DEL PODER SEXENAL

BALAUSTRADAS: Es un bloqueo con saña donde el duartismo a fuerza y chaleco pretende imponerse.

Fidel Herrera les enseñó el camino con el Maximato jarocho. Adueñarse del poder sexenal por los siglos de los siglos.

Y, por supuesto, se trata de una pelea desigual.

Duarte tiene de su lado el poder político. Dueño del día y de la noche en el Veracruz priista. La lealtad convenienciera de la militancia priista. Incluso, el miedo y el temor a ser satanizado, y por tanto, excluido. Además, las relaciones con el altiplano, y más si se considera que las elites suelen arreglarse en lo más alto y en todo. Negociando. Volviendo a negociar. Pactando. Intercambiando barajitas.

Es una lucha de Goliat contra David, donde en ningún momento, todo indica, David sacará una onda con una piedra para lanzar al gigante todopoderoso.

Ni tampoco aparecerá una odalisca como Dalila para cortar el cabello a Sansón y disminuir su descomunal fuerza física por completo.

Una contienda donde, digamos, si el duartismo fuera derrotado y uno de los senadores saliera nominado, el aparato gubernamental del llamado sexenio próspero haría todo, absolutamente todo, para descarrilarlos en las urnas, de igual manera como por ejemplo fueron derrotadas Ana Guadalupe Ingram Vallines, Carolina Gudiño Corro y Elizabeth Morales García, trío de barbies.

Es decir, si la reconciliación se mira imposible, simple y llanamente, imposible, pues la han dejado crecer con toda la rudeza, la venganza por arriba y debajo de las cañerías se antoja inverosímil.

Nunca, antes, un gobernador en turno había alcanzado tales dimensiones de perversidad.

Cuando en 1980, José López Portillo miró las pasiones desatadas en Veracruz, bastó con llamar a Los Pinos a Rafael Hernández Ochoa para ordenarle que el candidato era Agustín Acosta Lagunes y de su victoria en las urnas el presidente hacía responsable al gobernador.

A cambio, López Portillo ofreció un cargo público en el gabinete legal y/o ampliado a Hernández Ochoa, que nunca cumplió.

“Salvé de la cárcel a todos ellos” reviraba López Portillo cuando le tocaban el asunto pendiente.

UN AÑO, QUIZÁ MÁS, DE VIENTOS EN CONTRA

ESCALERAS: El bloqueo lleva más de un año y todavía lo que falta.

Sabrán los duartistas la ofensiva y la contraofensiva aún pendiente, con toda la saña del mundo, lo más maquiavélico del poder político para alcanzar el objetivo.

La imaginación humana se declara incapaz de los alcances que serían más sorpresivos que Morris West en su novela “El arlequín” donde los enemigos terminan matándose y un tercero en discordia, lejano, que ni lo esperaba, resulta beneficiado.

Es decir, el duartismo se mantiene en un solo eje rector: cualquiera, menos los Yunes priistas.

Incluso, cualquiera, aunque ninguno de los “Chamacos de la fidelidad” saliera ungido, menos los senadores.

Todo el rencor y el odio multiplicado a su más alto decibel por haber cometido el peor delito del mundo, como es pensar y sentir diferente.

Pero más aún, pertenecer a otro grupo político.

El poder, recuerda el politólogo Carlos Ronzón Verónica, nunca, jamás, se comparte ni se presta.

Publicidad




Otras noticias