Vivir con miedo
Luis Velázquez
Un político más fue asesinado en Veracruz. El líder partidista del PVEM en Gutiérrez Zamora. Se llamaba José Ramón Pérez Cano. Van 24 ejecutados en un oleaje de violencia histórico. Nunca antes. Y por lo siguiente:
Jamás como ahora, el tiradero de cadáveres es tan universal. Políticos, cierto, asesinados. Pero también, 24 policías. Y doce activistas. Y 24 crímenes de odio. Y 24 menores de edad. Veracruz en el primer lugar de feminicidios.
Y si el tsunami de incertidumbre y zozobra es múltiple, entonces, caray, peores tiempos habrán de venir sin necesidad de tener, por ejemplo, una bolita de cristal ni de echar las cartas en el mercado popular.
Y más, cuando los carteles y cartelitos se recrudecen.
Por ejemplo, el asalto a unos cincuenta comensales en un restaurante de Coatzacoalcos.
Y los llamados “Cortinazos”.
Y el cierre insólito de cinco mil comercios en el sur de Veracruz, de Acayucan para adelante, a partir, entre otras cositas, del cobro del llamado derecho de piso y las extorsiones y los secuestros exprés.
Y aun cuando hay autodefensas y guardias comunitarias y vecinos organizados que como en el caso del mercado Hidalgo de Veracruz detuvieron, golpearon, desnudaron y amarraron a un poste a un ladronzuelo de carteras y bolsas de mujer, la violencia sigue desbordada, imparable, fuera del carril, en su decibel más alto.
Y es que cuando más políticos y más policías (los últimos, 4, en Córdoba, luego de un fuego cruzado) son asesinados, entonces, el ciudadano sencillo y común se siente desprotegido, pues, caray, ejecutar a policías y políticos son palabras mayores.
La vida, prendida con alfileres. La muerte, acechando en la esquina. Nadie está a salvo, digamos, de una bala perdida. Pero tampoco de un secuestro, una desaparición y un asesinato.
Veracruz, “el infierno tan temido”.
El gobierno de MORENA no puede. Llegó a su principio de Peter. Vive con una política reactiva…, reaccionando a la violencia de los malandros. Ellos marcan la agenda setting.
EL CRISTAL CON QUE SE MIRA…
Una cosita son las declaraciones de los políticos festinando, según ellos, una caída en el índice de violencia y otra, mil años luz de distancia, la fatídica realidad vivida y padecida en las calles en cada nuevo amanecer y en cada día y cada noche.
Una cosita es que todos los días las elites políticas se reúnan en el palacio de Xalapa para revisar el turbulento y huracanado día anterior y otra cosita es que sin embargo, “la muerte siga teniendo permiso” en Veracruz.
Una cosita es que los políticos tengan sus escoltas, incluso, hasta para ir al cine un lunes en la noche a ver la película “Mujercitas”, y otra es el desamparo social, ¡Oh Estado de Derecho!, padecido cada día.
Una cosita es que la dinastía guinda y marrón ofrezca (prometer a nadie empobrece) que detendrán a los asesinos y otra es la impunidad creciente y con la que los malandros “crecen al castigo”.
Una cosita es que algunos de los diputados locales tiren incienso al gabinete de seguridad porque detuvieron una banda de secuestradores y otra es que Veracruz se mantenga en el primer lugar nacional de secuestros.
Una cosita es el silencio de los diputados federales y senadores de MORENA-Veracruz sobre la violencia, y otra, dos mil años luz de distancia, es que todos los días la población viva con miedo, temor y pánico.
Y si la autoridad sigue obstinada en desdeñar y menospreciar la realidad fatídica, a mediados del año 2021 cuando sean elegidos en las urnas los 212 presidentes municipales y los casi mil síndicos y regidores y los diputados locales y senadores los candidatos de MORENA, el partido político en el poder, lamentarán la derrota electoral.
DESENCANTO SOCIAL
Quince meses después de la dinastía MORENA, las huestes de AMLO en el palacio de Xalapa, el desencanto social.
Y lo peor, ninguna esperanza de que una lucecita alumbre el riesgoso y peligroso túnel de la muerte.
Y peor: pocos, excepcionales ciudadanos, quizá solo quienes encaramados en el poder sexenal, creerán que los próximos 4 años y 9 meses días serán suficientes para restituir la paz perdida en Veracruz.
Y más, mucho más, porque llevamos 27 años y cacho descarrilados en el abismo de la inseguridad y la impunidad.
Y ni modo que la generación de la izquierda haga el cambio… así como están los días y los meses.
Y sin consultar la bolita de cristal de la bruja del mercado popular, más políticos y líderes partidistas y sociales serán asesinados. Más policías. Más activistas. Más mujeres. Más niños. Más jóvenes. Más ancianos. Más hombres. Más sicarios y pistoleros.
6 gobernadores desde Patricio Chirinos Calero cuando los carteles iniciaran este capítulo grisáceo en Veracruz, a la fecha, la vida está podrida por todos los costados.
Incluso, cada ciudadano y cada familia mejor necesitarían habituarse a mirar la violencia como parte del paisaje urbano, suburbano y rural.
Lo decía Agustín Silvestre Acosta Lagunes, en su tiempo sexenal, “La Sonora Matancera”:
“La violencia es inevitable, y ni modo”.
27 años después de tantos asesinatos retrata, entre otras cositas, a una generación de jóvenes de 18 a 27 años y de adolescentes de 18 años para atrás y de niños y bebés que lo único visto en sus vidas son los muertos en las calles y cadáveres colgados de puentes y árboles y cadáveres flotando en los ríos en un Veracruz ensangrentado.
