sábado, mayo 16, 2026

Escenarios

•El príncipe en palacio

•Encarceló a su vocero

* Humilló a su amigo

Por Luis Velázquez

UNO. El príncipe en palacio

Con su par de jefes de prensa (Sabás Huesca y Raúl Peimbert), Miguel Alemán Velasco, gobernador de Veracruz, fue inaccesible para el reportero.

En 6 años ni un segundo hubo espacio para una entrevista.

Siempre de lejos. Y entre más lejos, mejor.

Aquel gobernador fue el Príncipe en su más alto decibel.

“No soy bombero” dijo cuando le preguntaron sobre su ausencia en la tragedia del mercado Hidalgo, 29 muertos.

Bill Gates le regalaría cinco mil televisiones para las escuelas primarias de Veracruz, se decía en la leyenda urbana… y que nunca, jamás.

Su amigo Michael Douglas asistirá a su toma de posesión… y que nunca.

Se codea con la gente VIP del mundo, se afirmaba, y se volvía un extraterrestre para el grueso de la población.

Llegó a la gubernatura vía Ernesto Zedillo como premio de consolación por vender sus acciones de Televisa a Emilio Azcárraga Jean, luego, incluso, de que él mismo había cabildeado para que Adriana Abascal, la última esposa de Azcárraga Milmo, también las vendiera al hijo.

DOS. Encarceló a su vocero

Por eso, todo indicaba, el góber de Televisa era cercano de uno que otro magnate periodístico de Veracruz y del país, la mayoría, claro, pero nunca el acceso a los trabajadores de la información.

Para eso estaban los jefes de prensa.

En el sexenio, una sola ocasión el góber invitó a los reporteros a una girita en España.

–Vamos, dijo Sabás Huesca Rebolledo al reportero.

–Gracias, aquí me quedo.

–Vamos.

–Ni pasaporte tengo.

–Te lo consigo.

–Tampoco me gusta ponerme trajes. Y ni tengo.

–Te los compramos.

–No tengo dinero, decía, buscando un pretexto, un argumento, para rechazar.

–Te damos.

Fue Sabás Huesca, digamos, generoso con el reportero. Pero porque habíamos sido contemporáneos en el Seminario Menor de la calle Ursulo Galván soñando con el sacerdocio.

Los dos renunciamos a aquel camino. Y muchos años después, apareció como el primer vocero alemanista.

Alemán Velasco lo refundió en el penal de Pacho Viejo, el primer gobernador de Veracruz encarcelando a su director de Comunicación Social.

TRES. Humilló a su amigo

Alemán se divirtió en el ejercicio del poder. Por ejemplo, si Javier Duarte promovió a 7 aspirantes a la gubernatura, Alemán Velasco lanzó a once, aprox.

Y aun cuando sabía que solo uno ganaría, incluso, hasta lo tenía visualizado, vendió esperanzas de forma humillante.

Y si así trataba a las elites políticas, mejor guardar como reportero la distancia y la lejanía.

En la víspera del destape del candidato, invitó a su amigo Juan Maldonado Pereda, secretario de Educación, a un viaje en el avión oficial de Xalapa a la Ciudad de México.

En medio de las nubes, el cielo azul lleno de sol, le dijo que Fidel Herrera Beltrán sería destapado al día siguiente.

–¿Por qué él? reviró Maldonado.

–Porque lleva mucho camino andado.

–Yo te pedí permiso para moverme. Y me lo negaste.

Alemán Velasco se hundió en el silencio. Miró las nubes. Y en el resto del viaje a la Ciudad de México no volvieron a pronunciar palabra.

Tampoco se hablaron el resto del sexenio.

Días antes de concluir aquel periodo constitucional, Alemán ordenó a Maldonado pagar sesenta millones de pesos al dueño de una editorial para publicar, hacia el futuro, libros de texto.

Y, bueno, si Miguel Alemán trataba así a los amigos, millón de veces mantenerse lejos como reportero. ¿Para qué exponerse? Ningún sentido tenía.

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