sábado, marzo 14, 2026

Escenarios

  • Desbandada priista
  • Maximato, la causa
  • Cochinero electoral

Luis Velázquez

1

Si el CEN del PRI se presta a que el candidato a gobernador de Veracruz sea un fidelista, un duartista, entonces, la hipótesis es avasallante: habrá una desbandada del partido oficial.

Y la desbandada en ningún momento será, digamos, del lado de Gerardo Buganza Salmerón, el candidato independiente del señor Javier Duarte.

Tampoco será por alguno de los otros aspirantes promovidos por el duartismo.

Será, en primera instancia, observa parte de la elite tricolor, por el camino que los senadores Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa decidan.

Y en segunda, quizá, acaso, para trabajar por arriba y debajo de la mesa, al lado de algún candidato opositor.

Aquellos tiempos del voto corporativo, el sufragio seguro de los obreros y campesinos, por ejemplo, forma parte de la historia.

Una cosita disponen los líderes sindicales, por ejemplo, y otra, el obrero a la hora de tachar la boleta electoral.

Miles de campesinos podrán tomar la bolsita con un kilito de semilla de maíz mejorada y/o asistir a las jornadas médicas de la CNC jarocha con la secretaría de Salud.

Pero a la hora de votar, nadie tiene garantizado que tachen la fórmula priista a favor.

Por eso, si el Maximato fidelista se saliera, digamos, con la suya, la desbanda resulta inminente.

Podrán los militantes y las elites seguir formando parte del partido tricolor, pero a la hora de sufragar los vientos serían desfavorables para el candidato oficial.

Incluso, el mismo senador Pepe Yunes Zorrilla, priista a morir, es aprehensivo: el hecho de que un candidato sea del PRI, en ningún momento garantiza el triunfo en las urnas.

Revísese el resultado electoral en las últimas elecciones de gobernador en Veracruz.

Ahí se advertirá el avance sustancial que cada vez ha logrado la oposición.

Y como están las circunstancias en la familia priista (así le llama la secretaria del CDE del PRI, Regina Vázquez Saut, ¡vaya familia!), los vientos son huracanados anunciando la desbandada si el Maximato fidelista, vía Javier Duarte, se sale con la suya.

2

Nunca como ahora una fractura en el PRI… que nada pide a las grandes disputas y rebatingas en el PRD.

Es más, ni siquiera cuando Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, entre otros, migraran del tricolor en el salinato se llegó a tanto como ahora a Veracruz.

Tampoco cuando Andrés Manuel López Obrador se fue del PRI en el Tabasco del gobernador Enrique González Pedrero.

La reconciliación entre Duarte y los senadores priistas se antoja inverosímil. Simple y llanamente, improbable, por más que interviniera el tlatoani Enrique Peña Nieto, pues arriba de la mesa firmarían el Pacto de Acatempan, pero desde las cañerías el juego sucio del duartismo para descarrilar a Pepe y/o a Héctor Yunes sería imprevisible.

Por una sencilla razón: el señor Javier Duarte es un hombre bipolar, explosivo, influenciable, rencoroso y vengativo…que nunca, jamás, olvida ni perdona las diferencias y que otros piensen diferente.

Duarte gobierna Veracruz como si fuera una hacienda porfirista de su propiedad, mínimo, donde fuera el capataz.

Y si tales características se unen a su juventud y a que su ascenso al trono imperial y faraónico fue antes de tiempo, sin madurar en política, trepado en un Fidel Herrera que lo llevó de la mano en todo y con todo, entonces, el resultado ahí está, por todos conocido.

Pero si el Maximato se impone, entonces, la desbandada resultará apocalíptica, por más, mucho más espejitos que pretendan vender de que alcaldes perredistas y panistas se están pasando al PRI del Fabiruchis.

3

Los oficiosos menospreciarán la posibilidad de una desbandada si los caprichos cupulares se imponen.

Dirán, por ejemplo, que nunca, jamás, las desbandadas han sido tales.

Pero, bueno, en 1988 quedó claro que Cuauhtémoc Cárdenas derrotó a Carlos Salinas en las urnas, pero con “la caída del sistema” se repusieron rellenando ánforas.

En el año 2004, el PRI perdió la elección de gobernador con Fidel Herrera ante Gerardo Buganza, pero el cochinero fue tan grande que arrasó con el Instituto Electoral del evangélico Emeterio López Márquez, premiado con la procuraduría de Justicia y una notaría pública, y el lodazal llegó al tribunal electoral, donde la fama pública registra que uno que otro magistrado fue comprado, como aquella dama a la que premiaran con veinte millones de pesos, más unas notarías para los suyos.

Y, bueno, tanto Pepe como Héctor Yunes han caminado demasiado Veracruz levantando grandes expectativas, a partir, entre otras razones, del hartazgo ciudadano en contra de todo lo que huele a Fidel Herrera y Javier Duarte.

Y por eso la desbandada sería apocalíptica si la dupla se sale con la suya.

Incluso, la militancia y parte de las cúpulas podrán seguir en el tricolor, pero el voto en las urnas lo dirá todo por más truculencias lanzadas desde el aparato gubernamental y partidista.

La descomposición del sistema político priista en Veracruz está fuera de duda.

En tanto, la familia duartista (así le llama la cacica de Acayucan, Regina Vázquez Saut) se llena de lisonjas por el quinto informe del Jefe Máximo.

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