•Operador de Ahued
•Oliver Aguilar Yunes
•Priista derrotado
Luis Velázquez
ESCALERAS: El director general de Aduanas, Ricardo Ahued Bardahuil, sueña, con la ayuda de Dios, dice, quedarse con la candidatura de MORENA a gobernador en el año 2024.
Y uno de sus operadores políticos es Olivier Aguilar Yunes, incorporado a su nómina como, parece, director de Recursos humanos, y en donde maneja, entre otras cositas, la contratación de personal.
Pero, bueno, allá cada quien con los feligreses de su capilla, pero la eficacia de Olivier Aguilar es la siguiente:
Perdió como candidato del PRI a una curul por el distrito de Boca del Río.
Y perdió como candidato priista a otra curul por el distrito de Veracruz.
Y aun cuando según los teóricos se aprende más, mucho más de una derrota que de una victoria, está por verse.
PASAMANOS: En su tiempo priista, Aguilar Yunes era, o es, un político déspota, altanero, grosero, soberbio y fanfarrón.
Incluso, a los operadores priistas de Veracruz y Boca del Río donde fuera candidato a diputado, los trataba “con la punta del pie”.
Y les ordenaba hechos y acciones como si fuera capataz de una hacienda porfirista.
CORREDORES: La vida es canija y más cuando de pronto, el partido donde se milita es arrojado del poder y todos, o la mayoría, quedan desempleados.
Y si en los tiempos de las vacas gordas encaramados en el poder, los políticos levitan, en el tiempo de las vacas flacas, y que son muchas, la mayoría, quizá se vuelven humildes.
Ahora, sin embargo, Oliver Aguilar está “en los cuernos de la luna” y a cada rato viaja en avión de Veracruz a la Ciudad de México y habilitado como operador político de Ahued, nada fácil es que de nuevo su ADN de soberbia esté floreciendo.
BALCONES: Total, su familia es política. Lo fue desde que el abuelo, general Cándido Aguilar, se volvió yerno del presidente Venustiano Carranza y fuera gobernador y secretario de Estado y coordinador de una campaña presidencial, jugando en las grandes ligas nacionales.
Pero, bueno, probado está que está en chino heredar la experiencia y la humildad.
Lo importante, y por ahora, y en tiempo de vacas flacas para el priismo, es que Ahued, otro ex priista, confía en Oliver.
PASILLOS: Pero como Ahued vive en Xalapa, la sede de los tres poderes, y desde que llegara de Hidalgo, su tierra natal, se ha desarrollado y crecido y proyectado desde la capital, entonces, decenas, cientos de elites partidistas gravitan a su alrededor.
Primero, atrás de una chamba. Y más, en las Aduanas, que como decía Agustín Acosta Lagunes como subsecretario de Hacienda y Crédito Público, “son (todavía hoy) un botín”.
Segundo, treparse en la cresta de la posibilidad partidista de MORENA para que Ahued sea elegido el candidato de MORENA, mejor dicho, de AMLO, con todo y la famosa autonomía partidista, pues se vive en “el país de un solo hombre”.
VENTANAS: Tercero, formar equipo con Ahued para que si sale candidato y gana, entonces, aterrizar a su lado en el palacio de Xalapa de los años 2024 a 2030.
Cuarto, y en caso contrario, y en el mejor de los casos, tener un empleo seguro de aquí al año 2024.
Y quinto, y en caso de que los vientos sean huracanados en contra de Ahued, tender puentes hacia la secretaría de Energía con Rocío Nahle… por si ella sale palomeada.
Y si a Olivier Aguilar se le hizo tan fácil dejar el PRI y trabajar en MORENA, también podría cobijarse con Nahle.
La política, vista como el ejercicio trapecista más apasionado y sexenal.
