•¡Vaya programas sociales!
•Excesivo burocratismo
•Muchas vueltas a seniles
Luis Velázquez
18 de diciembre de 2019
UNO. ¡Vaya programas sociales!
Los programas sociales de AMLO para obsequiar unos centavitos bimensuales a los pobres (2,500 pesos) sembraron esperanzas en la población en un país donde 6 de cada 10 habitantes están en la pobreza y la miseria.
Pero…, como el infierno está pavimentado de buenas intenciones, luego de la euforia patria, los funcionarios responsables de ejecutar las órdenes superiores han descarrilado.
Y en el corazón social solo está quedando el desencanto y el enojo, pues la gente se siente defraudada y timada como en los tiempos priistas y panistas.
Por ejemplo: el desorden administrativo para entregar los 2,500 pesitos.
A: demasiadas vueltas de una oficina a otra y a otra. B: luego de tantas vueltas burocráticas, en otra oficina dicen a los viejitos que se vayan a casa y esperen llamada telefónica
Y se trata de un telefonema que nunca llega.
Y más, cuando hay ancianos en silla de ruedas en la fila desesperante. Y más, cuando son tratados de manera grosera y hosca, como si los burócratas fueran dueños del dinero.
DOS. Mucho burocratismo
Peor tantito cuando entre los presuntos beneficiarios de los 2,500 pesos corre la versión de que hay burócratas que se estarían quedando con los centavos y por eso tantas vueltas.
En Boca del Río, por ejemplo, hay un par de oficinas para entregar el dinerito. Una, en la tienda que era del ISSSTE en la calle Urano, y otra, en el fraccionamiento Floresta.
Así, los señores burócratas de la 4T y la República Amorosa, en vez de dar “abrazos y besos” a los viejitos les hacen dar vueltas y vueltas como trompo chilladores hasta que de plano, hartos, molestos, irritados, mientan madres y juran que nunca más volverán a tocar las puertas de MORENA hecha gobierno.
Incluso, muchas viejitas se han organizado para llamarse por teléfono o el whatsapp y estar pendientes del cobro.
Pero ninguna ha podido con el desorden administrativo cuando, caray, insólito, ha transcurrido un año, suficiente para arreglar la casa y volverla a arreglar.
La semana anterior, hartas, 5 señoras de plano quemaron sus papeles y dieron el adiós a los programas sociales de AMLO y que ha de valer a los jefes máximos de la secretaría del Bienestar Social, pues basta y sobra con las bendiciones de Solalinde diciendo que antes, mucho antes que su lucha histórica por los migrantes está López Obrador.
Y con esas bendiciones, Luzbel, quien era conservador, que siga achicharrándose en el infierno.
TRES. Demasiado pronto el desencanto
Con el desempleo, el subempleo y los salarios de hambre, la ayudita de los programas sociales significó una frágil lucecita de esperanza en el kilométrico túnel de la desesperanza.
Los viejitos y los viejitos que cuidan a los nietos y los niños, los jóvenes que “ni estudian ni trabajan”, y los campesinos sembrando árboles fueron felices durante un tiempecito de la izquierda gobernando el país.
Y aun cuando tales programitas sociales son un remedo de los programas del PRI y el PAN en el poder público, solo que como las gatas, un poco revolcados, demasiado pronto llegó la desilusión.
Y, cuidado, porque los viejitos también votan en las urnas.
Incluso, podrían, digamos, hasta sufragar por la reelección presidencial de AMLO, pero votar en contra de los candidatos de MORENA a un cargo público se antoja improbable.
Tales son los hechos y si los jefes del Bienestar Social lo dudan y pueden, como la senadora Gloria Sánchez, hablar de una conspiración mediática en contra de ellos, mesiánicos que luego luego se volvieron, bien pueden checar la realidad cuando sea tiempo del depósito correspondiente.
