- La unidad de Elías Calles
- Fuego amigo en el PRI
- Duarte y los senadores
Luis Velázquez
PASAMANOS: El 5 de octubre de 1930, y ante las diferencias marcadas entre Plutarco Elías Calles, el Jefe Máximo, y el presidente Pascual Ortiz Rubio y el líder del Partido Nacional Revolucionario, el abuelito del PRI, Emilio Portes Gil, Elías Calles fue contundente:
“Necesitamos unidad y unidad de acción” dijo.
Y “El turco”, que así también le llamaban, tejió fino y cuando menos lograron caminar juntos un ratito hasta que de plano, y ante la divergencia sustancial, tres, cuatro meses después, Portes Gil prefirió renunciar al partido.
Tal cual sería, entre otros, el antecedente histórico de lo que está ocurriendo en el Veracruz priista.
El señor Javier Duarte, por un lado, operando la sucesión, empujando a los suyos, con escasa posibilidad de una reconciliación con los senadores priistas, proclive a vivir en medio del huracán.
Por el otro lado, el par de senadores priistas, Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, punteros en la tendencia de la encuesta histórica para ganar en las urnas.
Y, por el otro, el gabinete duartista fragmentado en medio de dos amores: la lealtad al jefe Duarte y la lealtad a sus principios y convicciones del lado de los senadores.
Y por el otro, ene número de diputados locales y federales y presidentes municipales con unos y con otros.
Tan es así que, por ejemplo, ahora cuando las aguas siguen turbulentas y revueltas, en que los senadores rojos y tres ex presidentes del CDE del PRI expusieron con claridad, sin medias tintas, su rechazo a un cambio en la dirigencia tricolor, el presidente de la Liga de Comunidades Agrarias, Juan Carlos Molina, se ha declarado a favor del diputado federal, Alberto Silva Ramos, como sucesor de Alfredo Ferrari Saavedra, quien ahora despacha en la SEDESOL en lugar de Ranulfo Márquez Hernández.
Un Veracruz priista dividido, incluso, y desde adentro del poder político, con el gobernador a la cabeza, azuzando la fractura interna, y de paso, vejando a los políticos, como el caso de Ranulfo, quien una vez más ha sido excluido.
Insólito, pero real.
BALAUSTRADAS: Incluso, con todo y que Plutarco Elías Calles era el Jefe Máximo, existía un profundo, inalterable respeto con Ortiz Rubio y Portes Gil.
Cierto, los tres se utilizaban, pero al mismo tiempo, sabían ceder a las circunstancias y si del otro lado miraban la fuerza política, social y económica suficiente para operar, daban marcha atrás y concesionaban.
Es más, cuando a los 15 días de que tomara posesión Emilio Portes Gil como presidente de la república tuviera una diferencia fuerte con Elías Calles sobre la reforma agraria, presentó la renuncia al Jefe Máximo, y el Jefe Máximo se desistió de su postura y dejó en libertad al presidente de operar.
Por ejemplo, cuando Ortiz Rubio fue lanzado como candidato presidencial, Portes Gil presidente, y José Vasconcelos se lanzó por la oposición, Portes Gil se aplicó para resolver el problema de los cristeros y otorgar la autonomía a la UNAM para así desactivar dos banderas que tenía Vasconcelos para su campaña electoral.
Aquí en Veracruz, por el contrario, el duartismo activa las R-15 en contra de los senadores, y quienes sólo han apechugado como buenos boxeadores toda la fuerza política, social, económica, legislativa, judicial, policiaca y mediática del Jefe Máximo del Priismo local.
Pero en tal contienda donde la razón ha quedado atrás como vaso comunicante para la tolerancia y la unidad interna, queda claro que se trata de una pelea entre David y Goliat, donde la parte más débil, y por ahora, son los senadores.
De continuar así, el PRI llegará a la campaña electoral descarrilado, y así como anda la temperatura social en Veracruz (deuda pública intolerable y creciente, fuego cruzado, secuestros, desaparecidos, muertos y fosas clandestinas, etcétera), el triunfo de la oposición en las urnas será inevitable.
ESCALERAS: Desde luego, hay una remota posibilidad para que las partes pacten, más que reconciliarse, pues desde el poder los agravios han sido excesivos, y si hay rechazo de los senadores priistas al gobernador se debe a que el señor Duarte fue el primero en disparar.
Nadie dudaría de que el presidente del CEN del PRI, Manlio Fabio Beltrones, el más interesado en el triunfo en las urnas en los doce estados del país donde el año entrante habrá elecciones de gobernador, pudiera, digamos, convencer a Héctor Yunes de una negociación con Duarte.
Y que de igual manera el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, convenza a Pepe Yunes de pactar con Duarte.
Y más porque en ambos casos, tendrían la línea directa del presidente Enrique Peña Nieto, el tlatoani tricolor, con todo de tratarse de una labor titánica, pues las heridas sangran, incontenibles.
Claro, la presunta negociación implicaría, entre otras cositas, la impunidad para el duartismo ahora cuando el par de senadores ha proclamado la captura de “peces gordos” debido a la corrupción política en Veracruz.
Y, de ser así, y luego de tanto cacareo de los Yunes priistas de encarcelar a los ladrones y pillos, significaría una traición a sus principios, ideas e ideales, generando el desencanto de la población electoral.
He ahí, pues, la coyuntura dramática, pues de darse tal circunstancia, y si cualquiera de los senadores sale candidato y gana en las urnas, como se espera, en el pecado llevarían la penitencia.
Y por tanto, la impunidad para los duartistas sería un precio demasiado alto que pagarían.
