Las ventas de vehículos nuevos en México han caído 8.9% en lo que va del año. Las marcas necesitan subirse a nuevas tendencias para rozar números negros. Hoy el oro está en el segmento de los SUV, una categoría que el año pasado creció y que en SEAT no han podido ignorar. Así, la firma española irrumpe en el frugal mercado de los B-SUV con el SEAT Arona, un SUV que nace como expansión de la familia Ibiza.

A decir verdad, el Arona nació para sustituir al Ibiza ST —vagoneta— en algunos mercados, pero desde una propuesta mucho más trendy y bien entendida con la versatilidad. En SEAT se dieron cuenta que quienes buscan un vehículo práctico huyen de los autos pequeños, aunque sean vagonetas, pero no ven con malos ojos al SUV. El Arona aprovecha este fenómeno y se estrena como parte de la expansión de la marca hacia el terreno de las camionetas, donde además del Ateca, pronto tendremos noticias del Tarraco.

El Arona es un Ibiza alto y no quiere disimularlo
SEAT es consciente de todo lo que ha gustado el Ibiza y quiere que el Arona se cuelgue de ese éxito para abrirse hueco en un mercado tan concurrido como lo es hoy el de los B-SUV. Aprovecha la misma línea de diseño y simplemente la viste con la distribución de elementos propia de un SUV, junto a un amplio abanico de opciones de personalización gracias a la posibilidad de elegir el color del techo en un tono distinto al de la carrocería —en la versión Xcellence. Se suman rines bitono de 17 pulgadas, una paleta de pinturas para todos los gustos y la llamativa iluminación LED de la casa, y el Arona termina viéndose justo como el público quiere que se vea.
Las dimensiones también cambian en favor de las proporciones de un SUV. Es 8 cm más largo que un Ibiza y los 11 cm extra a lo alto están mejor reflejados en la altura de la carrocería que en la distancia respecto al suelo. Aunque el Arona seguramente saldrá mejor librado de topes, baches y charcos, desde el puesto de conducción apenas se siente más elevado que un Ibiza.
La distancia entre ejes se mantiene prácticamente intacta y eso se refleja en la cantidad de espacio en la cabina. El Arona sufre de las restricciones propias de un subcompacto en espacio para hombros, aunque sale con nota sobresaliente en espacio para cabeza y hay suficiente lugar para piernas. Un quinto pasajero irá apretado. Donde mejor se aprovecha el estiramiento general es en el volumen de carga, que es de 400 litros, incluye un doble fondo y es acceso bajo y boca ancha.

Hay sorpresas al hablar de equipamiento
Si el exterior logra pintar su raya respecto a los trazos del Ibiza, el interior simplemente se dio por vencido. Y eso no es malo. El diseño es amigable con el usuario y a la vez resulta atractivo. Una pieza del tablero puede solicitarse en varios colores —en el Arona que condujimos es blanca— y recorre la cabina de extremo a extremo, incluso continúa en los paneles de las puertas, lo que contribuye a un efecto visual de amplitud.
La ergonomía también es buena. Salvo la posición del descansabrazos central —muy bajo—, la distribución de botones es correcta y encontrar la posición de manejo adecuada resulta sencillo. El volante goza de la buena integración con las funciones del vehículo que encontramos en todo Grupo Volkswagen, y a pesar de que la pantalla del cuadro de instrumentos es monocromática, sus menús son muy completos.
