•Vida digna
•Mujeres en pelea
•Historia de Julia
Luis Velázquez
UNO. Lucha por una vida digna
La población femenina sigue remando contra/corriente. Su lucha gira alrededor de los derechos humanos, aquellos que, por ejemplo, fueron defendidos en la revolución francesa; los mismitos que también latieron en la revolución rusa.
Un día, hacia 1910, el reportero John Reed (México Insurgente y Diez días que estremecieron al mundo) preguntó a Pancho Villa si había pensado otorgar derechos a la mujer en caso del triunfo de la revolución.
Y ante la duda, Reed dijo a Pancho Villa que preguntara su opinión a las Adelitas sobre los traidores.
–¿Tú qué harías si un general traiciona a Panchito Madero? preguntó Pancho Villa en una encuesta rápida, a mano alzada.
–Lo fusilaría, dijo la primera Adelita mientras echaba tortillas en el brasero.
Luego fue preguntando a otras mujeres más y la respuesta fue la misma.
–Tan canijas, exclamó Villa. Y John Reed le dijo:
–Las mujeres tienen más conciencia social que los hombres.
Y aun cuando la anécdota es vieja, histórica, legendaria, la población femenina sigue luchando contra sus legítimos derechos ante los políticos y los hombres machos.
DOS. Paraíso en llamas
Por ejemplo, su paraíso de rosas es todavía un paraíso en llamas.
Se expresa en la historia de Julia, hija de unos campesinos en el pueblo rural.
Fueron 4 hermanos. Dos mujeres y dos hombres.
El padre quiso que los hijos estudiaran en la universidad y se esforzó lo más que pudo. Pero las hijas, con la primaria o la secundaria bastaba, dijo.
Una hija, Julia, se rebeló. Habló con los padres. Y sin más, les dijo que agarraría camino a la ciudad y que allá buscaría un empleo que le permitiera terminar la secundaria y estudiar el bachillerato y la universidad, si fuera posible.
El padre, furibundo, molesto con la hija sublevada, le advirtió que si se iba… dejara de considerarse su hija.
Las mujeres, insistió, a echar tortillas en el brasero y hacer la comida y lavar la ropa y limpiar la casa.
Julia agarró camino. Llegó a la ciudad. Se empleó de trabajadora doméstica. Y quedó a vivir en la casa de los patrones.
Y poco a poco fue aprendiendo el camino. Pudo estudiar la secundaria y pasó al bachillerato y se anotó para estudiar Enfermería.
Entonces, dio las gracias a la patrona y pidió una oportunidad laboral en la Cruz Roja como auxiliar de enfermería y a cambio de los alimentos. Vivía en las instalaciones de la Benemérita. Trabaja y estudiaba.
TRES. Una historia de hoy
Luego, en la Cruz Roja le pidieron buscara un departamento donde vivir. Y logró alquilar un cuartito. Y dormía en una colchoneta en el suelo. Y se anotó en una fondita para comer.
Y seguía estudiando.
Un día avisó a sus padres de su graduación como enfermera. El padre, montado en su macho, jamás perdonó su insumisión. Y la madre abnegada nunca se atrevió a desafiar al padre. Solo la acompañó la hermana menor.
Y la hermana menor se quedó a vivir con ella en la ciudad. Y le buscó trabajo. Y la entusiasmó para estudiar.
Y las dos hermanas, ni modo, marcaron su raya de sus padres, aun cuando, claro, siempre estuvieron pendientes de ellos.
Y la historia de las dos se ha dado ahora en pleno siglo XXI y es una historia más vivida y padecida en las regiones indígenas y campesinas de Veracruz, y en donde según algunos diputados locales, todavía existe la venta de niñas y adolescentes… al mejor postor.
