viernes, mayo 15, 2026

Escenarios

•País de viejitos

•Vivir horas extras

•Errática política social

Luis Velázquez

UNO. México se vuelve viejo

Está claro que antes de que el gallito cante 3 veces, el país estará convertido en una nación de viejitos, la mayoría, en la inseguridad social. Sin pensiones, y en el caso de…, pensiones bajas y jodidas y que apenas, apenitas, alcanzan para comprar una o dos medicinas al mes.

Un amigo tiene analogía avasallante. Dice, por ejemplo, que en la madurez, los hombres solemos pasar la vida entre cantinas y moteles, Y en la vejez, la vida solita se cobra la factura, y los días y los meses se van en el consultorio médico, la farmacia, el hospital y en la iglesia orando y pidiendo perdón por tantos agravios cometidos.

Y cierto. Pero, y por ejemplo, si los ancianos de las zonas urbanas reciben en unos casos pensiones, los ancianos de las regiones rurales e indígenas ni siquiera a pensión llegan.

Y la vida se vuelve el peor infierno.

Y más, cuando los hijos se fueron y nunca volvieron. Y reconstruyeron su vida en otras latitudes. Y como sucede con frecuencia, olvidaron a los suyos.

DOS. Vivir horas extras

Desde hace varios sexenios, los geriatras han advertido que el país camina directo al envejecimiento.

Y si hacia mediados del siglo pasado, por ejemplo, la población llegaba a vivir unos cincuenta años, el promedio más alto, ahora, y dado el avance médico, las personas alcanzan los cien años. Mínimo, unos ochenta, noventa, promedio.

Incluso, la tendencia poblacional es, por un lado, un país de ancianos, y por el otro, una nación de bebés y niños.

Y el círculo se va cerrando.

Y lo peor, no obstante la advertencia geriátrica del envejecimiento del país, ningún gobierno federal ni estatal ha escuchado la profecía.

Ningún estado federativo está preparado para el México tocando en la puerta.

La baja calidad de vida de la mayoría de los ancianos llevará a una crisis humanitaria muy canija.

Los hospitales públicos y los asilos particulares serán insuficientes. Pero más, mucho más, la capacidad oficial para enfrentar a una población senecta, tiempo cuando, incluso, se vive de más, tiempo extra, y en la peor de las condiciones.

Sin un ingreso. Sin una pensión digna. Sin dinerito para comprar medicinas y a veces ni para comprar alimentos.

Y aun cuando muchas familias están pendientes de los abuelos, la incapacidad económica se atraviesa.

Bastaría referir el caso de Veracruz. 6 de los 8 millones de habitantes de Veracruz, en la pobreza y en la miseria.

Y medio millón de paisanos, haciendo solo dos comidas al día, y mal comidas, por la precariedad en que viven.

Y un millón de paisanos como migrantes sin papeles en Estados Unidos.

Y Veracruz, convertido en el número uno del país como productor y exportador de trabajadoras sexuales que vendiendo su cuerpo lleva el itacate y la torta a casa.

TRES. Errática política social

La vida diaria se volverá más difícil y compleja. La política pública, fallando. Y fallando en la creación de empleos dignos. Pero también, en la posibilidad de garantizar una vida digna para los ancianos.

Tanta adversidad hay de por sí en la vejez que muchas familias piensan y sopesan en la eutanasia, partiendo de que en términos generales, el anciano vive horas extras y significa una carga económica pesada y está enfermo con un botiquín en el buró, sin ninguna posibilidad de mejorar, ni siquiera, vaya, cuando el sol sale y calienta los huesos con un bañito de 5 minutos expuesto a los reyes solares antes de las nueve de la mañana como aconseja el médico familiar.

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