•Peor tiempo sexenal
•Iracundo gobernador
•Terrorismo oficial
Por Luis Velázquez
UNO. El peor tiempo sexenal
Con el gobernador Agustín Silvestre Acosta Lagunes me fue peor como reportero.
A, en el transcurso de una semana, en 4 ocasiones robaron mi casa.
Hasta que al cuarto asalto hablé con el subsecretario de Gobierno, Ignacio Rey Morales Lechuga, que ya le pararan. Y que ninguna duda existía que ellos eran, pues la policía, incluso, suele controlar a los pillos, ladrones y raterillos.
B, el mismo gobernador se presentó en las oficinas de la revista Proceso y pidió hablar con el director general, Julio Scherer García, y le pidió mi cese como corresponsal en Veracruz.
Le contestó don Julio:
“En Veracruz, manda usted. Y en Proceso, mando yo”.
C, el gobernador también se presentó en el periódico La Jornada y habló con el director, Carlos Payán Velver y le pidió mi renuncia como corresponsal.
Payán lo escuchó en silencio, le dijo que lo vería, se puso de pie y le indicó la puerta de salida.
Luego, el director general de La Jornada me citó en las oficinas en la Ciudad de México:
Dijo:
“El gobernador está loco. Y es muy violento. Seguirás de corresponsal, pero sin firmar las notas. Y si hay violencia, entonces, avisas y habrá un enviado especial”.
DOS. Terrorismo oficial
Furioso con los textos publicados, el gobernador ordenó al presidente municipal de Veracruz, Adalberto Tejeda Patraca, primero, terrorismo puro. Una camioneta con los cristales negros, ahumados, me anduvo siguiendo durante quince días.
Luego, me incautó y detuvo. Y un sicario se bajó de la unidad y dijo que lo acompañara al palacio municipal.
El alcalde dijo:
“Pide el gobernador que te exilies de Veracruz. Y a Chihuahua, lo más lejos posible”.
–¿Cuáles son las razones?
–Eres un reportero incómodo.
–Di a tu gobernador que no soy temerario. Pero que aquí seguiré. Aquí vivo. Aquí vive mi familia.
Luego, así nomás, comenzaron a llegar un montón de anónimos tanto a casa como al periódico acusándome de todo.
Entonces también trabajaba en un periódico local y de reportero me pasaron a corrector de estilo.
Duré una semana, semana y media, en tanto “me caía el veinte”. Luego, me obligaron a renunciar.
TRES. “Entre más lejos, mejor”
Acosta Lagunes tuvo tres jefes de prensa y sus relaciones con ellos “entre más lejos, mejor”.
Incluso, uno de ellos fue compañero estudiante en la Facultad de Periodismo de la Universidad Veracruzana. Y el otro, contemporáneo. Y el tercero, un político sin ninguna cercanía y hasta con los cables en cortocircuito.
Igual que todos los políticos encumbrados en el poder, el poder total y absoluto, el jefe máximo, el Veracruz “de un solo hombre”, dueño del día y de la noche, el góber deseaba un periodismo uniformado,
Y como es natural, los jefes de prensa planchaban a los medios a través de convenios, concesiones de obra pública para compañías constructoras y cargos públicos.
Y en algunos casos, hasta regalos en especie, por ejemplo, oficinas para el periódico.
Incluso, hasta en el diario local donde laboraba, el góber habló con el dueño y le pidió mi despido.
Se cumplía, en todo caso, el destino universal de los trabajadores de la información que suelen andar de un medio a otro y a otro y a otro en búsqueda del mundo ideal.
