Barandal

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•Académicos en el limbo

•Desdén por la inseguridad

•Les vale Veracruz

Por Luis Velázquez

ESCALERAS: Hay mucho dolor en Veracruz. Es el dolor hijo de la inseguridad pública. Doscientas mujeres asesinadas. 40 menores de edad asesinados.

Y sin embargo, la población electoral sigue preguntándose cómo, de qué manera han reaccionado los académicos y los intelectuales de norte a sur y de este a oeste de la entidad federativa declarada el paraíso terrenal en 1800 por Alejandro de Humboldt y que también llevara a Pepe Guízar y Agustín Lara declararse jarochos adoptivos.

PASAMANOS: Solo de vez en vez por ahí uno que otro académico y uno que otro intelectual han levantado la mano con una simple declaración mediática para cuestionar al gobierno de Veracruz con su fallida política de seguridad.

Lo peor es que ellos creen que cumplen con su misión social hablando con la prensa, y punto, cuando Veracruz con sus 8 millones de habitantes necesita, más que titulares en los medios, de una resistencia pacífica que estremezca las entrañas del poder para reaccionar.

Y para reaccionar cuando hay un gobernador festinando que “el índice delictivo va a la baja y estamos contentos, muy contentos”.

CORREDORES: En otros tiempos los intelectuales se han puesto de frente de luchas sociales.

Bastaría referir, por ejemplo, la guerra civil española cuando, entre otros, los escritores Octavio Paz, de México, y André Malraux, de Francia, se unieron a la fuerza civil de España y lucharon contra la dictadura de Francisco Franco.

En el caso de México, por ejemplo, el escritor Martín Luis Guzmán fue secretario particular de Pancho Villa.

En la guerra de Reforma, muchos intelectuales se unieron a Benito Juárez, aun cuando después le renunciaran en masa a partir de caer en la tentación reeleccionista y que le permitiera gobernar el país durante quince años consecutivos.

Por fortuna, una angina de pecho se le atravesó cuando vivía en Palacio Nacional y murió y la angina lo salvó para la historia, pues de lo contrario, se hubiera reelegido hasta su muerte.

BALCONES: En la Universidad Veracruzana, UV, sobre todo, en Xalapa, la sede de los tres poderes, y en donde están las facultades de Humanidades, se concentra el mayor número de académicos, investigadores e intelectuales que bien podrían organizar una resistencia pacífica en pro de la libertad humana, a partir de la seguridad en el diario vivir.

Pero por lo general, uno que otro que a veces se exhiben en la pasarela mediática, se reducen a un punto de vista y ahí queda.

Tal es su activismo.

PASILLOS: Más, mucho más están haciendo, primero, los ciudadanos víctimas de la incertidumbre y la zozobra, con familiares secuestrados, desaparecidos, asesinados, cercenados, decapitados y sepultados en fosas clandestinas.

Y segundo, las elites eclesiásticas y que con frecuencia condenan el Veracruz sangriento en la homilía de la misa, pero también, organizan con los feligreses caminatas y marchas con el Altísimo por delante.

VENTANAS: La Guardia Nacional ni la Fuerza Civil ni las policías estatales y municipales han podido en la guerra contra los carteles y cartelitos.

Tampoco, digamos, la buena voluntad de la elite gobernante, más enfrascadas en las disputas políticas por el nepotismo, la compra por dedazo de patrullas y medicinas, la elección interna de MORENA y la compra de bienes en Baja California con el dinero público.

Por eso, en medio de tanto dolor familiar y social, la voz de los académicos e intelectuales de Veracruz organizando la resistencia pacífica sistemática significaría un parteaguas. Son la última esperanza que resta.