EMEEQUIS.– En la antesala de un proceso definitivo para el futuro económico de la región, el gobierno de Estados Unidos fijó su postura de cara a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, advirtió que la prioridad de Washington en la primera ronda de negociaciones formales consistirá en blindar la seguridad económica de su país y endurecer de forma drástica las normas regionales de origen, condicionando el acceso preferencial a su mercado a cambio de una mayor integración de insumos facturados en suelo estadounidense.
REEQUILIBRIO INDUSTRIAL Y LA EXIGENCIA DEL “CONTENIDO AMERICANO”
Desde una planta de semiconductores de Micron Technology en las afueras de Washington, Greer lanzó un mensaje contundente que marca la pauta de la delegación que encabezará los encuentros: “Si se va a conseguir un acuerdo comercial especial con los Estados Unidos de América, queremos asegurarnos de que haya contenido estadounidense en él”.
Esta declaración fundamenta la estrategia de la administración del presidente Donald Trump para forzar la relocalización (nearshoring) de cadenas de suministro de alta tecnología e industrias pesadas de vuelta a territorio estadounidense.
El foco principal de la presión norteamericana estará sobre la industria automotriz y de autopartes, la manufactura avanzada y el desarrollo de minerales críticos, sectores en los que la Casa Blanca busca acotar las ventajas arancelarias actuales para proteger de forma directa el empleo y la producción manufactuvera interna.
EXCLUSIÓN DE CANADÁ EN EL ARRANQUE Y EXPECTATIVAS BILATERALES EN CDMX
Como parte de este endurecimiento en los esquemas de negociación, se confirmó que las conversaciones oficiales de la próxima semana se realizarán bajo un formato estrictamente bilateral en la Ciudad de México, excluyendo temporalmente a Canadá de las mesas de trabajo. El histórico encuentro inicial entre las delegaciones de México y Estados Unidos quedó formalmente programado para el próximo lunes 25 de mayo de 2026.
El anuncio se oficializó mediante un comunicado conjunto emitido tras la reunión de alto nivel entre Jamieson Greer, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum Pardo y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard. Previo a la cita formal del 25 de mayo, equipos técnicos de ambas naciones ya arrastraron el lápiz en mesas técnicas enfocadas en resolver disputas bilaterales pendientes, particularmente en materia energética, complementariedad comercial y el blindaje en el suministro de componentes industriales clave.
LA ESTRATEGIA DE LA AMENAZA: EL FACTOR TRUMP Y EL PLAZO DEL 1 DE JULIO
El panorama político añade un alto grado de complejidad a la cumbre en la capital mexicana. El discurso del gobierno estadounidense se ha caracterizado por sembrar dudas sobre la continuidad del formato trilateral, utilizando la amenaza de abandonar el convenio regional como su principal herramienta de presión para forzar concesiones por parte de sus socios comerciales.
Aunque los análisis apuntan a que una salida definitiva de Estados Unidos es poco probable debido al costo económico —el propio Ebrard estimó que tomaría hasta 10 años desvincularse del tratado—, Washington mantiene los aranceles como medida coercitiva permanente.
El calendario apremia a los negociadores: Greer reconoció que, si bien buscarán solucionar la mayor cantidad de fricciones posibles antes del 1 de julio de 2026, es altamente probable que el proceso de reequilibrio se prolongue. En esa fecha límite, los tres países socios deberán determinar formalmente si extienden la vigencia del T-MEC por 16 años adicionales o si el bloque se somete a un complejo esquema de revisiones anuales obligatorias.