Vivir de Pie
Luis Velázquez
28 de octubre de 2019
El presidente del Tribunal Superior de Justicia, Edel Álvarez Peña, dejó pasar unos días. Calculador y sereno, deseó que el bombardeo nuclear de su amigo Miguel Ángel Yunes Linares de que estaba arrodillado al gobernador… se enfriara o pudiera enfriarse. Calculó los días y las noches. Quizá en el fondo quiso «dejar pasar». Y cuando fue a supervisar la ampliación de las salas de Juicios Orales en Pacho Viejo, la prensa le lanzó la pregunta. Y de manera concreta y específica, sin rodeos, precisó: «Yo no estoy arrodillado ante nadie… más que ante mi madre, que en paz descanse».
Y luego, cuando en los reporteros advirtió una ráfaga de duda, fue categórico: Pensar que estoy arrodillado al gobernador… «es una broma de locos».
Devolvió así el fuego amigo al exgobernador panista, compañeros de la política que fueron, acaso desde el sexenio de Rafael Hernández Ochoa cuando desde un sexenio antes, Rafael Murillo Vidal, Edel Álvarez ya andaba metido en el tropel público con su otro amigo, Flavino Ríos Alvarado.
Y es que desde Murillo Vidal hasta Cuitláhuac García, el magistrado presidente ha convivido, trabajado cerca a veces, lejos en otros, con diez gobernadores, y con ninguno, además, se ha conflictuado.
«Yo nunca peleo con un gobernador» ha dicho como filosofía política, pues por encima de todo está la serenidad.
Además, pelearse con el jefe del Poder Ejecutivo Estatal es, como decía el viejillo del pueblo en el siglo pasado, «meterse con Sansón a las patadas».
Tan es así que, por ejemplo, José López Portillo encarceló a siete secretarios de Estado de Luis Echeverría Álvarez y Miguel de la Madrid encarceló a unos cinco funcionarios cercanos de López Portillo y Ernesto Zedillo alcanzó «la dimensión del pinche poder» encarcelando al hermano de Carlos Salinas de Gortari, el presidente quien, por cierto, que lo había encumbrado en Los Pinos, pero como ambos terminaron peleados privó de su libertad a Raúl Salinas.
Claro, Plutarco Elías Calles ordenó la matanza de Topilejo, cien seguidores de José Vasconcelos, quien se lanzó por la libre como candidato presidencial.
EL HOMBRE INSTITUCIONAL
Se ignora, claro, porque es futuro y nadie lo puede adivinar, si luego del intercambio de disparos Edel Álvarez y Yunes Linares pudieran, digamos, reencontrarse o si, por el contrario, la amistad llegó a su fin.
Pero una filosofía de vida queda consignada:
Uno. El magistrado siempre ha sido institucional en su vida pública.
Dos. En su biografía política siempre ha vivido de cara al presente, enalteciendo el respeto a la dignidad humana.
Tres. Pero si se meten con él, entonces, ni hablar, saca la casta.
Y más, como en el caso, en los últimos once meses nunca se «ha tirado al piso» de la dinastía de la izquierda aglutinada en MORENA ejerciendo el poder sexenal.
Simple y llanamente ha cohabitado. «Sin comprar pleito» en la guerra de otros. Sin lastimar a nadie. Prudente y mesurado, frío y calculador como es y ha de ser un político en el poder.
Pero, bueno, ahora cuando, todo indica, existe una cacería del gobierno de Veracruz en contra de la yunicidad (hay seis órdenes de aprehensión y sólo un detenido), si la yunicidad demuestra su inocencia ya se verá en los tribunales.
Y, en todo caso, que cada quien asuma su parte.
Y más, mucho más si en efecto hubo quienes en el bienio azul «metieron las manos al cajón».
CANÍCULA POLÍTICA
En base a la ley, el magistrado enalteció el trabajo de los jueces. Dijo: «Los jueces realizan la impartición de justicia de forma autónoma con base a la carpeta de investigación que presenta la Fiscalía General de Veracruz.
Y este Poder es autónomo y trata de impartir justicia con una gran responsabilidad de acuerdo a lo que establecen los códigos y la Constitución.
Y el resultado de la carpeta de investigación se verá en el proceso penal».
Una cosita, entonces, el trabajo imparcial de los jueces, y otra, las pasiones revolcadas, propias de cada tiempo sexenal y más cuando se trata de elites políticas enfrentadas.
Por eso, el magistrado presidente fue claridoso diciendo que si Yunes Linares habla de «línea», entonces habría de preguntarse si cuando envió al penal de Pacho Viejo a un montón de duartistas también hubo línea de por medio.
Además, queda expreso: Nunca Álvarez Peña se ha peleado con otros políticos como en su turbulencia pública Yunes Linares.
Y más en el tiempo de la canícula política cuando todos los aires «soplan calientes…envenenados por el olor podrido» (Juan Rulfo) de las pasiones desorbitadas, donde, y por lo general, el poder político se ejerce con un altísimo sentido patrimonialista para «ordeñar la vaca».
