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Luis Velázquez
28 de octubre de 2019
UNO. Ocho hijos analfabetas
78 gobernadores después hay en Veracruz un millón de personas con la escuela primaria incompleta y otro millón con la secundaria inconclusa y 600 mil con el bachillerato a medias.
En el rancho, por ejemplo, una pareja procreó 8 hijos. Cuatro mujeres y cuatro hombres.
Y los ocho apenas, apenitas cursaron el segundo año de primaria. El hambre, que suele dar mucha cornadas como intitulara Luis Spota una de sus novelas, llevó a los 8 hijos a desertar de la escuela.
Unas veces, los 8 hijos se iban con los padres al corte de la caña, el azúcar y los cítricos en Veracruz y que significaba su tierra prometida porque durante varios meses del año les alcanzaba para comer.
Y con tantas premuras económicas, estudiar la primaria completa era un lujo.
Las mujeres se casaron antes de cumplir los veinte años y los hombres anduvieron por ahí, igual que el padre, de migrantes en su propio estado, y de jornaleros y albañiles y pintores y panaderos y caballerangos y uno que otro hasta de ayudante del presbítero del pueblo.
DOS. Vivir con medianía
Algunos de los hijos de los 8 hijos de aquel señor siguieron el mismo camino, pero por fortuna algunos se fueron del pueblo, incluso, a Estados Unidos de migrantes. Uno, se metió de soldado. Otro, de marino. Otro, de policía.
Y mal que bien allí la llevaron el resto de sus vidas, cortando, digamos, la maldición histórica y legendaria de que los pobres pobres nacieron y pobres viven y pobres morirán.
En el caso, teniendo un ingreso fijo y estable para “vivir con la medianía del salario”, pero ya con otra perspectiva, otra dimensión de las cosas.
Con todo, se trata de una realidad fatídica consignada en los Cuadernillos Municipales de la secretaría de Finanzas y Planeación donde paso a paso registra el analfabetismo en la tierra de Enrique Rébsamen, Enrique Laubscher, Rafael Delgado, Carlos A. Carrillo y Juan Nicolás Callejas Arroyo.
El analfabetismo como un lastre histórico y que con todo y la faramalla priista de izar la bandera blanca del alfabetismo.
Insólito, por ejemplo, que 78 gobernadores después existan en Veracruz 600 mil personas que no saben leer ni escribir.
Y van ya once meses del primer gobierno de Izquierda en un Veracruz donde hacia 1920 se dieron las grandes luchas políticas de la izquierda, por un lado, defendiendo la parcela ejidal, y por el otro, abanderando a los inquilinos de los patios de vecindad donde los casatenientes aumentaban las rentas a cada rato.
TRES. Austeridad biológica
Aquella mujer y aquel hombre que procrearon 8 hijos tenían la vieja cultura popular de tener un montón de hijos. Era el tiempo bíblico de crecer y multiplicarse. Una pareja amiga de ellos tuvo catorce hijos.
Luego, sobrevino otra cultura cuando desde la homilía política predicaban el tiempo de la austeridad biológica para que cada nueva pareja tuviera el menor de hijos posibles, dos, tres, era, digamos, el tope.
El parcito, se decía. Una mujer y un hombre.
Pero con todo, en el mundo indígena, campesino y hasta obrero, la libertad biológica de crear y procrear al mayor número de hijos siguió para adelante, de igual manera como las limitaciones económicas y sociales, entre otras, estudiar apenas, apenitas el primero y el segundo año de la primaria, suficientes para aprender a leer y escribir y hacer cuentitas.
El peso histórico en Veracruz está ahí. 600 mil personas analfabetas y que en cada sexenio han significado un cero a la izquierda. A ninguna dinastía política han interesado.
