Rolando Quevedo Lara
FESTEJO / INFORME
Como está Usted más que enterada(o), hoy, el presidente de la República Andrés Manuel, festeja con bombo y platillo, un año de su ascenso al poder.
Vienen a la mente los 18 años que hemos ocupado para dar seguimiento a los pasos del tabasqueño. Es un peligro para México. De los pozos petroleros a Palacio Nacional.
El 20 de noviembre de 1991, López Obrador, presidente del PRD en Tabasco, encabezó el Éxodo por la Democracia, para protestar contra el fraude en las elecciones municipales. El Éxodo partió de Villahermosa con 150 personas y llegó al Distrito Federal, el 11 de enero de 1992, con 5 mil.
En 1994, es candidato para gobernador de Tabasco. Tras denunciar que las elecciones fueron fraudulentas, triunfa su contrincante del PRI, Roberto Madrazo Pintado. López llama a la resistencia, impugna la elección y participa en el bloqueo de instalaciones de Pemex. Realiza la Caravana por la Democracia y se instala en plantón en el Zócalo capitalino.
En el año 2000, gana la contienda por Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
Por fin, en su tercer intento, 2018, Andrés Manuel López Obrador gana la presidencia de México. Anuncia que habrá una cuarta transformación.
DECALOGO DEL POPULISMO
Mucho antes, se veía venir.
Entre diversos autores de reconocido prestigio, sobresale Enrique Krauze, en su libro El Pueblo soy yo, publicó entre las páginas 119/123, El Decálogo del Populismo. (2005)
El populismo ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Izquierdas y derechas podrían reivindicar para sí la paternidad del populismo, todas al conjuro de la palabra mágica «pueblo». Diez rasgos específicos:
1) El populismo exalta al líder carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. Es a su persona a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido.
2) El populista no sólo usa de la palabra: se apodera de ella. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, «alumbra el camino», y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios.
3) El populismo fabrica la verdad. Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino «Vox populi, Vox dei«. Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el populista interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial, y sueña con decretar la verdad única.
4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. No sabe nada de economía y finanzas. El erario es su patrimonio privado, que utiliza para embarcarse en proyectos que considera importantes, sin tomar en cuenta los costos. Para él, todo gasto es inversión. La ignorancia o incomprensión en materia económica se ha traducido en desastres descomunales de los que los países tardan decenios en recobrarse.
5) El populista reparte directamente la riqueza, sobre todo en países pobres, donde hay argumentos sumamente serios para repartir en efectivo parte del ingreso, el populista no reparte gratis: la cobra en obediencia.
6) El populista alienta el odio de clases. «Las revoluciones en las democracias -explica Aristóteles, citando «multitud de casos»- son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos.» El contenido de esa «intemperancia», el odio contra los ricos; los ataca como clase, los demagogos concitan contra ellos al pueblo.
7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. El populismo apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece «Su Majestad el Pueblo» para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra «los malos» de dentro y fuera.
8) El populismo fustiga por sistema al «enemigo exterior». Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el populista requiere desviar la atención interna hacia el adversario de fuera.
9) El populismo desprecia el orden legal. Hay en la cultura política una desconfianza a las leyes hechas por el hombre. Por eso, una vez en el poder, el caudillo tiende a apoderarse del Congreso e inducir la «justicia directa» («popular»), que, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta.
10) El populismo mina, domina y, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal.
DEL PRINCIPIO AL FIN
EL POPULISMO alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público. La lección es clara: el inevitable efecto de la DEMAGOGIA es subvertir la democracia… ¿QUE “INFORMARÁ” hoy el presidente?…
