Minatitlán
Ignacio Carvajal
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PRIMERA DE DOS PARTES
Al salir de la iglesia, después del rosario para los difuntos, son mujeres quienes sostienen el féretro donde Hortencia, otra víctima de la ola feminicida en Veracruz, es llevada al panteón.
Tías, hermanas y amigas se esfuerzan mientras cargan el cajón de muerto con su cadáver.
A un lado, otros familiares llevan a sus hijos, cuatro huérfanos, un bebé de nueve meses, y tres niñas, de 2, 4 y 8 años.
MUJERES, PILAR DEL PUEBLO
El cortejo parte de la iglesia de El Valedor, a donde se han congregado docenas de personas para darle la despedida.
Fueron ellas, las mujeres, quienes lanzaron las oraciones para santificar su alma camino al más allá, pues el cura no llegó.
Y fueron ellas, las mujeres del pueblo, la gran mayoría ni siquiera con primaria completa, quienes sostuvieron el féretro y lo cargaron hasta la camioneta que la trasladó a la localidad de San Cristóbal, donde le entregaron a la tierra.
Hay hombres en el sepelio, sí, pero se han hecho a un lado, sólo ayudan de vez en cuando si son necesarios. Dejan todo el esfuerzo a las mujeres que lloran su pena mientras otras aplauden y corean el nombre de la finada entre aplausos y porras a las mujeres:
“¡Vivan las mujeres!”, “¡ni una más!”, “justicia”, replican las acompañantes mientras aplauden.
“Ya estamos hasta la madre de que a las mujeres en el campo nos pisoteen y nos humillen”, reclama una tía de la finada.
INDIGNACIÓN COLECTIVA
Todo el pueblo, pero sobre todo ellas, las mujeres, se sumaron a la indignación por los hechos acontecidos en las últimas 48 horas, donde un hombre mató a su esposa, y entre ellas, se han solidarizado en el dolor, una pena que es la misma para docenas de familias en Veracruz, pues tan sólo el Observatorio de Violencia contra las Mujeres, de la Universidad Veracruzana, reporta 58 feminicidios entre enero y junio.
MALA VIDA
Una casita de palma y tablitas de madera se quedó sin su moradora. Gabriel Hernández González, esposo de Hortencia Balcázar Reyes, se la construyó para que vivieran ahí con sus cuatro hijos.
Fue edificada sobre un cerrito, lejos del poblado El Chiflido, de donde es Gabriel, en la zona rural de Minatitlán.
Hortencia, que era de una comunidad aledaña llamada El Valedor, le contaba a su familia que sería feliz en esa casita, y que buscaría una vida estable y feliz con Gabriel y sus hijos, un niño y tres niñas.
Ella entregada al hogar, al cuidado de animales de corral, y su esposo, en la ganadería y el campo.
Pero algo pasó con Gabriel, de ser relajado y tranquilo, se tornó agresivo y daba mala vida a Hortencia, quien de tantos golpes e insultos, abandonó la casa y regresó al rancho de sus padres, donde hoy le lloran en su funeral.
VIVIENDO CON SU VERDUGO
Después de edificar esa casa que despertaba esperanzas en la joven, Gabriel se volvió agresivo e intolerante. Últimamente, cuando se alteraba, le sacaba una pistola o la castigaba con un cable eléctrico. Gabriel le decía que ya contaba con un nuevo amor y despreciaba a Hortencia, la sacaba de su vida a golpes y tiempo después, la volvía a buscar, sólo para golpearla más fuerte.
El pasado jueves, a las 10:00 horas, esa historia llegó al punto más estrepitoso. Gabriel tomó su arma y le disparó a la mamá de sus hijos mientras sostenía al de 9 meses en brazos.
AUTORIDADES INDOLENTES
A la familia de Hortencia le duele la acción de Gabriel, pero más, que a Hortencia la hayan dejado sola las autoridades municipales de Minatitlán, pues meses antes de la tragedia, cuando los actos de Gabriel ya eran intolerables, ella pidió auxilio en el DIF municipal para superar la violencia intrafamiliar, pero no encontró respuesta.
Delia Peche Balcázar, prima de la finada, dice que en abril pasado, acompañó a Hortencia a pedir ayuda al DIF de Minatitlán, pero los funcionarios le recomendaron regresarse al pueblo y conciliar con el golpeador.
No les importó -dijo- que ella iba toda golpeada, incluso, Hortencia llevaba en su celular fotos de lesiones que le había dado en días pasados.
YA HABÍA INTENTADO MATARLA ANTES
En las oficinas asistenciales le dieron un papel y la echaron, sostiene Delia Peche:
“Si ellos hubieran querido, la llevan a una agencia del MP o a la Fiscalía a poner una denuncia, pero no, le decían que contratara ella por su cuenta un abogado, y que poco se podía hacer, si ella no estaba casada con él legalmente”.
Ahora se sabe, que fue la persona que no las atendió adecuadamente, fue al enlace del área de Alerta de Género, Rosa Elvira Román, quien se dice protegida de una alta funcionaria del municipio.
El poblado de El Valedor, donde Hortencia murió a manos de su esposo, se ubica a poco más de una hora de la cabecera municipal, un infierno verde entre pantanos, marismas, maizales, ríos y caminos polvorientos del cual sólo se sale en moto, caballo o transporte colectivo. Sus pobladores, que viven de la ganadería y el campo, persisten aislados.
Así, Hortencia Balcázar Reyes, de 26 años, casada con Gabriel Hernández González desde los 16 años, con tres hijas y un nene de nueve meses, no contaba con muchas opciones para solicitar ayuda, pues cerca no hay ni clínicas ni refugios.
“Ya estamos hasta la madre de que a las mujeres en el campo nos pisoteen y nos humillen”
Tía de la finada
