La tierra en riesgo de sufrir otro evento Carrington y quedarse sin internet

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NATIONAL GEOGRAPHIC

Sangeethe Abdu Jyothi, investigadora de la Universidad de California, realizó recientemente un estudio en el que se cuestionó acerca de ¿qué pasaría si la red global de internet colapsara durante algunos meses? debido a una caída en la red de distribución eléctrica provocada por una eyección del Sol y, de ocurrir esto, ¿cuánto tiempo falta para que los habitantes de planeta Tierra se encuentren ante un fenómeno histórico de este tipo?, cuyas consecuencias podrían llegar a ser devastadoras.

Se trataría de un fenómeno similar al ya conocido como evento Carrington, el cual ocurrió en el año 1859 y fue detonado por una enorme explosión en la superficie del Sol que originó una perturbación magnética importante en nuestro planeta. Considerada una tormenta solar extrema, esta situación podría ocurrir de nuevo en cualquier momento, sin embargo, con consecuencias muy distintas a las que se presenciaron hace más de siglo y medio atrás.

De acuerdo el Doctor Juan Américo González Esparza, jefe del Servicio de Clima Espacial del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las tormentas solares son un fenómeno natural que ocurren en el Sol todo el tiempo, mismas que siguen un comportamiento cíclico, cuya face dura aproximadamente 11 años. Según el investigador, la estrella de nuestro Sistema Solar recientemente acaba de salir del mínimo de actividad solar registrado, el cual ocurrió en diciembre de 2019:

“En enero de 2020 empezamos el ciclo solar 25 y hemos tenido un sol relativamente muy quieto en los últimos años y gradualmente esta actividad se está incrementando. Esperamos que el próximo máximo de actividad solar va a ocurrir entre 2024 y 2026,” explicó González Esparza en entrevista con El Heraldo Digital.

Este es un comportamiento natural que el Sol ha tenido durante miles y millones de años y, según el jefe del Servicio de Clima Espacial, dependerá de qué fase del ciclo solar en el que nos encontremos si se puede esperar mucha o poca actividad solar. Por ejemplo, en esta nueva fase ascendente del ciclo solar 25 se espera que tanto la frecuencia como la intensidad de la actividad de la estrella se vea incrementada notoriamente. No obstante, estas tormentas solares, suceden todo el tiempo al igual que los huracanes o sismos.

Pero, ¿qué es lo que sucede en la Tierra cuando fenómenos de este tipo ocurren? González Esparza destacó que los eventos moderados en el Sol producen perturbaciones en el entorno espacial de la Tierra que afectan sistemas tecnológicos estratégicos: como los satélites, las telecomunicaciones, los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), la navegación aérea y las redes de generación y distribución de energía eléctrica, por lo que todos estos sistemas tecnológicos son vulnerables a los efectos de las tormentas solares. Debido a esto, es muy probable que un evento de este tipo, de una gran intensidad, pueda afectar próximamente a miles de millones de personas tal como ocurrió en 1859.

“Es importante aclarar que la tormenta solar más intensa que ha ocurrido en la historia reciente ocurrió el primero de septiembre de 1859, en el siglo XIX, se conoce como el evento Carrington. Una enorme explosión en la superficie del Sol produjo, 17 horas después, una perturbación magnética muy importante en el planeta y se pudieron ver auroras boreales en todo el planeta. En México se observaron estas auroras boreales rojas, el cielo nocturno del 2 de septiembre de 1859 se iluminó de rojo y eran los efectos de esta tormenta solar extrema que acababa de ocurrir“, explicó el experto.

Un nuevo evento Carrington va a ocurrir y los efectos podrían ser devastadores

En aquel momento, al no existir en la Tierra ni satélites, redes sociales u operaciones bancarias por internet, las afectaciones que quedaron registradas en nuestro planeta debido a esta tormenta solar fueron mínimas y, más allá de las auroras boreales que se pudieron observar en el trópico, hubo daños en el servicio de telégrafos, cuya infraestructura apenas comenzaba a expandirse en aquel tiempo.

“No existían los sistemas de posicionamiento global, tampoco las redes de generación ni distribución de energía eléctrica se habían inventado, ninguno de estos sistemas tecnológicos existía, por lo mismo no se produjo un colapso de éstos”, refirió e investigador.

Sin embargo, en este momento vivimos una etapa de la civilización donde la humanidad depende de sistemas tecnológicos estratégicos que son vulnerables a los efectos de las tormentas solares y en el caso de una tormenta extrema, como si ocurriera otra vez un evento Carrington, los efectos en el planeta sí podrían ser devastadores para la humanidad. González Esparza destacó que tal como ocurre con el caso de los sismos, no se puede predecir cuándo va a ocurrir el próximo evento Carrington, por ello la humanidad tendrá que prepararse para cuando esto ocurra.

“Estamos hablando que el último gran evento ocurrió hace 162 años y aquí es importante aclarar que, como en el caso de los sismos, no podemos predecir cuándo va a ocurrir el próximo evento Carrington, sabemos del ciclo solar, sabemos qué ocurre, pero no podemos predecir cuándo va a ocurrir un evento extremo. Y lo único que podemos decir es que sí va a ocurrir y que tenemos que prepararnos”, indicó.

El jefe del Servicio de Clima Espacial del Instituto de Geofísica explicó que en caso de que ocurriera un evento Carrington como el de 1859 miles de millones de personas podrían presenciar inicialmente un colapso de las redes de generación y distribución de energía eléctrica en muchas regiones del planeta, el cual podría extenderse a lo largo de días, inclusive meses, si no es que años, tiempo que se requeriría para recuperar las condiciones previas al fenómeno. Al verse afectadas seriamente las subestaciones eléctricas de diversos países, las cuales alimentan de energía a regiones completas, el colapso y las afectaciones llegarían a ser devastadoras.

“Estamos hablando de un colapso en las redes de generación y distribución de energía eléctrica, estamos hablando de un apagón global del planeta. Y esto traería muchas consecuencias en un efecto cascada: si no hay electricidad no puede haber suministro de agua potable, de gasolina, no puede haber servicios del Gobierno, operaciones bancarias y de finanzas, y por eso es que también se habla de que pudieran verse afectadas el internet y las redes globales de internet”, enfatizó el investigador. 

A una tormenta solar tipo Carrington se le conoce como la “tormenta solar perfecta” debido a que cuenta con todas las características para provocar el mayor daño posible en el entorno de la Tierra, destacó González Esparza en la entrevista, y para que esto ocurra se tienen que conjuntar varios tipos de condiciones, entre ellas un Sol con manchas solares muy grandes; una estrella con mucha actividad; la secuencia una serie de eventos en el transcurso en el transcurso de varios días y, finalmente, que se presente una explosión solar muy violenta. Una más violenta que las que se han registrado en los últimos 40 años.

“Que esta tormenta viniera acompañada con una gigantesca nube que se dirigiera hacia la Tierra y que después de unas horas alcanzara la Tierra, la golpeara y produjera una perturbación global en todo el planeta, provocando perturbaciones en el campo magnético durante varias horas, inclusive varios días (…)  Esto desataría una serie de fenómenos físicos que afectarían de manera devastadora a sistemas tecnológicos estratégicos”, expuso.

México pone en marcha planes de actuación

Debido a las implicaciones que traería consigo una tormenta solar de esta magnitud, este tipo de fenómenos ya son considerados un asunto de seguridad nacional, indicó el Doctor Juan Américo González Esparza, y, como consecuencia de ello diversos gobiernos, comenzando por el de Estados Unidos, han puesto en marcha diversos planes de actuación para afrontar la ocurrencia de un fenómeno de este tipo, así como la publicación de protocolos de reacción para incrementar la resilencia de más países ante futuros eventos naturales. 

México no se ha quedado atrás y las autoridades han tomado acciones al respecto, una de ellas ha sido la modificación, en el año 2014, de la Ley General de Protección Civil, en cuya lista de fenómenos perturbadores se incluyeron las tormentas solares, también se fundó el Servicio de Clima Espacial, que depende del Instituto de Geofísica de la UNAM, y el cual se dedica a monitorear las tormentas solares así como sus efectos sobre el territorio nacional. 

“Se creó en 2016 el Laboratorio Nacional de Clima Espacial, apoyado por Conacyt, el cual está desarrollando toda una red de instrumentos para cubrir todo el territorio nacional y tener mediciones para monitorear los efectos del clima espacial en las diferentes regiones del país, para así conocer mejor la vulnerabilidad del país ante estos fenómenos naturales”, apuntó el investigador.

Mientras que, en el plano internacional, las Naciones Unidas también ha implementado mecanismos de colaboración para monitorear estos eventos, así como colaborar, intercambiar datos e incrementar la resilencia del planeta, de los sistemas tecnológicos, ante estos fenómenos naturales. 

González Esparza indicó que México se está preparando ante la posibilidad de un nuevo evento Carrington con investigación científica, con el monitoreo de la actividad solar, con un sistema de alertamiento ante estos fenómenos, así como con el desarrollo de políticas públicas que anticipen un protocolo de acción y de reacción ante los efectos de estas tormentas en el momento en que se registren.

“Tenemos que prepararnos ante todos los eventos, los moderados, que ocurren de manera muy frecuente y que pasan desapercibidos para la población. Siempre que se empiezan a observar auroras boreales, es porque ha habido afectaciones en el entorno espacial de la Tierra y son una señal de que partículas de viento solar han penetrado a la atmósfera de la Tierra, pero estos son eventos muy frecuentes y continuos. Los que nos preocupan son los eventos severos y prepararnos ante el peor escenario posible”, puntualizó el investigador de la UNAM.