miércoles, mayo 6, 2026

COSAS DE MI PUEBLO

PAPÁ: ¿QUÉ ES LA NOCHE?

j. cruzsantes               

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A la hora vespertina de un viernes de hace muchos años, jugaba con mi hija primogénita en el patio de  la casa después de un largo viaje.

A sus tres recién cumplidos años retozaba como cualquier niño de su edad entre el pasto del jardín y las flores, que desprendía graciosamente de su tallo y me ofrecía como uno de sus primeros obsequios.

La tarde era cálida y tendía a refrescar entre los árboles frondosos a nuestro alrededor, donde los insinuados rayos del sol tremaban débiles entre el vaivén de las hojas y las ramas, que a su vez parecía que cantaban suave melodía. Las altas nubes se teñían de amarillos a rojos, y poco a poco la tarde empezó a tornarse gris por la penumbra. Mientras tanto, los pájaros tordos con su canto más parecido a graznido, buscaban cobijo en sus nidos al igual que otras aves.

La alegría natural de mi hijita poco a poco fue transmutándose al tiempo que la tarde se volvía oscura y la brillantez del sol en el ocaso decaía. Así, su sonrisa alegre y sus ojos vivarachos fueron perdiendo color. Empecé a notar en su infantil rostro una mirada de asombro y de angustia que me preocupó ya que yo no entendía por qué su alegría   la dejaba y su alegre juego se volvió en inquietante espera de algo que ella no sabía y yo no comprendía.

Cuando la penumbra de la tarde casi deja paso a la noche, mi niña me preguntó   con sobresalto: Papi: ¿Por qué se está poniendo así? Y fue entonces que me di cuenta que mi primogénita no conocía la noche.

Con las más dulces de mis palabras y cargándola en mi regazo, la abracé tiernamente y le dije cerca, a su oído: esa es la noche.

Mi voz y mi cobijo la tranquilizaron y su rostro inocente volvió a iluminarse. Luego, con su voz tan clara para su edad, me preguntó resuelta: papá: ¿qué es la noche?

Quise decirle (o no recuerdo si lo dije) que la noche es porque la Tierra y el Sol giran uno entorno al otro y que el universo está lleno de estrellas que son como el Sol. Y planetas que también tienen crepúsculo y noche y que a ella sigue el amanecer lleno de vida. No sé qué le contesté, pero no quise parecer docto ante mi niña de apenas tres años. Más supe

que mi respuesta le gustó, y sus cantos, su voz y su mirada fueron entonces otra vez alegría.

Mi dulce niña ha crecido y poco a poco ha descubierto los misterios de la noche. Seguramente ha vivido muchos atardeceres con noches henchida de alegría. Y otras triste (que no quiero que jamás se repitiesen si  las hubo) y ha visto las estrellas con su mirada penetrante y su pensamiento escudriñador, tal vez recordando a su papá   que gusta contemplar el cielo estrellado.

Siento que para ella sus noches – desde la primera vez que supo lo que era la noche– son de paz y tranquilidad espiritual. Son el momento de meditación y resumen. Son también – así lo siento– prepararse para el nuevo día, para cuando la eclosión vuelva a un nuevo ciclo. Sin embargo, sus noches tal vez no todas serán así, porque ahora es una niña cuyo porvenir deseo que se extienda en un amplio horizonte donde no existieran dolor ni tristeza, pero en la vida no todo es así.

Desde aquél entonces para acá han pasado muchos años. Ahora es brillante universitaria y junto a su hermanita, han vivido sus días con sus noches en plenitud y pido a quien me lo pueda conceder,  que las dos vivan inmensamente más noches que sus padres.

  se cumpliera mi deseo ¿qué más puedo pedir al eterno descanso que es la eterna noche?

p.d.

Esta historia la escribí hace unos 20 años cuando aún mi hijo varón no había nacido. Lo mismo le deseo a éste, mi primogénito varón, larga vida.

j.cruzsantes

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