sábado, mayo 9, 2026

Columnas Luis Velázquez

Escenarios

•La chacha Micaela

•Fondita cerrada

•Estragos del COVID

Luis Velázquez

04 de agosto de 2020

UNO. Una década perdida

Durante diez años, la fonda jarocha, La chacha Micaela, estuvo abierta. Sabrosas picadas y gordas, con frijolitos y cafecito de olla. Todos los días, delicioso banquetazo.

5 empleadas en la cocina y dos chicas como meseras. La señora, en la caja. El marido, pendiente y vigilante.

La familia decidió poner el changarro luego de que el jefe fue liquidado por treinta años de trabajo ininterrumpido, pero como la pensión es demasiado baja, casi un insulto, entonces, todos apostaron a la venta de picadas y gordas.

DOS. Cocinera contagiada

La semana anterior, el changarro fue cerrado. Bajaron el telón. Hasta nuevo aviso, Dios mediante. El coronavirus se los llevó.

Y ni modo, las empleadas, despedidas. Les dieron unos centavitos de liquidación.

Todo empezó cuando una de ellas, la señora de mayor edad, madre soltera, dos hijos, fue contagiada.

Y fue honesta con los patrones. Les reportó que estaba infectada… pero luego de unos días.

Entonces, el temor se multiplicó en la fondita Micaela, y ni modo, todos a adoptar medidas y una de las primeras fue cerrar el negocito.

TRES. Vivir en el día con día

Todos viven en el día con día. Sin ninguna posibilidad de ahorrar unos centavitos.

Y aun cuando las trabajadoras recibieron un dinerito, la reserva se acaba.

El desempleo entre los informales, pegando duro, macizo y tupido.

Los dueños de la fondita, ni hablar, a reducir gastos, igual, igualito que las mujeres que laboraban con ellos.

Y es que, como se sabe, una carga pesada es la pandemia. Otra, peor, atroz, devastadora, su hermana gemela, la recesión.

Montón de negocios, comercios, changarros, empresas, fábricas, industrias, quebradas. Reduciendo personal a cada rato.

Y por añadidura, el desempleo. Miles de trabajadores cesantes.

El mundo en puerta será peor dicen los expertos y el coronavirus es y será una vacilada. La recesión, hundiendo a todos en el abismo social.

CUATRO. Empezar de cero

Los expertos dicen que con la pandemia y la recesión, todo mundo comenzará de nuevo en la vida. Y lo peor, de cero.

El trancazo es, será, de pronóstico reservado en materia económica.

Bastaría referir una película sobre la recesión en Estados Unidos hacia el año 1930 promedio donde en los basureros las ratas reñían con los seres humanos por un mendrugo.

Casi casi, una economía después de la guerra. El desempleo será el pan nuestro de cada día.

CINCO. Hacha filosa

De hecho está pegando ya demasiado fuerte. Por ejemplo, la industria privada más importante del estado de Veracruz, TAMSA, Tubos de Acero de México, y que exporta hasta Rusia, ha despedido a más de dos mil trabajadores.

Sindicales, ingenieros, directivos y de confianza.

Incluso, y como sucede en todos lados, abrieron la posibilidad de la renuncia voluntaria.

Y si así están en TAMSA, el hacha filosa del desempleo causando peores estragos en los changarros como “La chacha Micaela”.

SEIS. El peor de los tiempos

Desde ahora, el trascendido es el peor daño entre los informales.

Bastaría referir, por ejemplo, que las taiboleras ofrecieron, primero, table-dance a domicilio, y luego, table-dance virtuales.

Por todos lados, los changarros y comercios con servicio a domicilio. Hasta las tiendas comerciales fuertes abrieron la posibilidad.

Unos moteles en Xalapa lanzaron el programa social de “Regresa bañado a casa” para que mientras la pareja degusta sus cuerpos, un empleado les haga la despensa y se la pongan en la puerta.

Las mujeres de la fondita “La chacha Micaela”, en el peor de los tiempos adversos y huracanados.


Expediente 2020

Tristeza infinita

Luis Velázquez

04 de agosto de 2020

5 meses y una semana después de la pandemia y la recesión (el tronadero de empresas, negocios y comercios y el desempleo galopante), más que desolación en los corazones y las neuronas, domina y predomina una tristeza en lo más profundo de las entrañas.

Es como un hueco gigantesco en el corazón, un vacío, viento negro permeando todos los días y noches destrozando todo a su paso, lo más importante, la emoción social y el entusiasmo individual y la muerte de la esperanza de que pronto, algún día, más temprano que tarde, la vida cambie para bien de todos.

En cada nuevo amanecer, el ciudadano que vive con sencillez se levanta para iniciar un nuevo día, pero quizá, sin duda, como un robot, un autómata, pues en los meses que caminan duros y adversos los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo, son iguales de fatídicos.

Por ningún lado se siente, respira, olfatea, huele, la posibilidad de cambiar la tristeza por la alegría de vivir.

Es como un dolor trotando en el cuerpo. Una herida punzante y sangrante. Y lo peor, caminando sobre una autopista cada vez más larga y extensa sembrada cada vez más con espinas y cardos.

Más, mucho más, de seguro está hundiendo los días en el despeñadero familiar y social de las personas desempleadas, liquidadas o despedidas con un gracias en los días polvorientos.

De pronto, caray, se descubre que en la pareja ningún tema de plática y conversación existe, porque ni modo de eludir la realidad cruda.

Entonces, nada mejor que el silencio. Desayunar, por ejemplo, en silencio. Comer en silencio. Cenar, aunque sea un cafecito y un pancito, en silencio.

Y luego, acostarse con la misma tristeza con que se amaneció con el riesgo inevitable de quedar “atrapado y sin salida” en el insomnio…, por más y más pastillitas que cada quien pudiera tomarse.

“La pandemia y la recesión, dijo el otro día una señora, me han dejado muerta en vida”.

DESOLACIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA

Cierto, cierto, cierto, de acuerdo con los expertos cada cien años hay una pandemia. Todas, iguales, de feroces, sembrando desolación y tristeza.

Ahora, sin embargo, nos ha tocado y la intensidad es altísima, pues cada día más contagiados y muertos, y en un solo día en Veracruz murieron ochenta personas y la estadística de la muerte se conserva todos los días con más fallecimientos,

Pero al mismo tiempo existe otra pandemia peor, más dura, más cruda, como es la recesión.

Empresas y negocios quebrados. Más de cincuenta mil personas desempleadas. Cerradas doce mil 400 empresas en Veracruz. 53 mil empleos perdidos en un semestre.

Y por eso mismo, la tristeza se multiplica pues día llegará, mejor dicho, ya llegó, cuando los recursos y ahorritos escaseen en casa y como en el caso de los meseros de Veracruz salgan a la calle a pedir limosna.

Y como el caso de montón de señoras que suelen tocar en el timbre de las casas del barrio solicitando un donativo con el argumento de que no tienen dinerito para dar de comer a los hijos y el padre está desempleado.

Una trabajadora doméstica despedida en una casa vecina preguntó a la otra, casi al punto del llanto:

“¿Qué haré ahora si yo mantengo a mis dos hijos y mi madre está enferma?”.

El jardinero del barrio dijo:

“Llevo dos semanas sin trabajo. ¡Déjeme lavar el coche!”.

Es, será, duro, terrible, angustiante, llegar a casa y saber que los centavitos ya se agotaron y para el día siguiente el cochinito está en cero para ofrecer una o dos picaditas y gordas a la familia.

Desolación económica y social, mezclada y entremezclada con una profunda, infinita, desesperante tristeza, pues por todos lados están igual.

LA SEÑORA TRISTEZA

Con la familia, los amigos, los vecinos, todas las pláticas están llenas de tristeza. La Señora Tristeza es la invitada indeseada en los días y las noches.

Más, mucho más, en la noche cuando la casa y la calle y el barrio quedan en silencio y con toda claridad se escucha, por ejemplo, el cántico triste de una paloma negra que acurrucada por ahí en un escondite indefinible parece cantar con la tonalidad más triste y desolada del mundo.

Será el estado de ánimo de cada quien. Será tener una familia con parientes desempleados. Será la angustia por comprar las pastillitas para el corazón, Norvaz, y la próstata, Proscar, y estar con la bolsa vacía.

Lo peor entre lo peor, ni modo que en la farmacia te fíen. Y ni modo de pedir a un familiar cuando el tope de crédito está rebasado.

Aun así, ni modo, dejar de tomar las pastillitas, seguros y conscientes de que un ramalazo de la muerte bien puede asestar un campanazo.

En vez de morir por el coronavirus o el tsunami de violencia, fallecer de un paro cardiaco.

5 meses y una semana llevamos en el rincón más arrinconado del infierno. Y nada indica la posibilidad del cambio.

Cada vez más tristeza. Más dolor. Más sufrimiento. Más vientos huracanados en contra en la mayor parte, o en todas las familias. Unas más; otras, menos.

La leyenda cuenta que Penélope tejía de día y destejía de noche con la esperanza del regreso de Ulises resistiendo las tentaciones de las sirenas camino a Itaca.

Pero con la pandemia y la recesión, ni modo de hacerse guaje o tonto. Los días y noches se van encadenando sin una tregua para cuando menos respirar y suspirar y ni modo de volvernos como Job, el paciente bíblico.


Barandal

•Primos en E.U.

•Cornadas del hambre

•Jamás regresaron

Luis Velázquez

04 de agosto de 2020

ESCALERAS: A los veinte años, el primo agarró camino. Dejó el pueblo, Soledad de Doblado, y fue de migrante sin papeles a Estados Unidos. Nada ni nadie lo ataba. Acorralado por el hambre, el desempleo, los salarios insultantes, sin Seguro Social ni Infonavit, menos, la posibilidad de hacer antigüedad para la pensión.

Ranchero en el pueblo, ordeñador de vacas antes del amanecer, cuidador de becerros, jornalero del maíz, el frijol y el ajonjolí, en un rancho de Texas fue contratado para hacer la misma chamba, solo que allá, tecnificada.

PASAMANOS: Pronto aprendió a manejar tractores y máquinas. Trabajando “de sol a sol” nadie le ganaba. Tenía hambre. Padecía hambre. El hambre lo había correteado del pueblo.

Pian pianito fue ganando la confianza del patrón. Un año después, había enviado por un hermano. Y después por otro. Luego, por la hermana.

Los cuatro, chambeando en ranchos. Uno, a su lado. Los otros dos, con otros rancheros recomendados por el patrón.

Dos, tres años después, hace unos veinticinco años, se llevaron a sus padres, y la familia completa dijo adiós a los familiares.

CORREDORES: Rara, extraordinaria ocasión, volvieron al pueblo. A veces, cada diez años más o menos, venían las primas, sus hijas. Una, dijo:

“Nunca volveremos al pueblo. Allá nacimos y hemos construido nuestras vidas. Aquí, solo la nostalgia”.

Allá, fallecieron los padres. El hijo mayor, el primero en agarrar camino, quedó al frente de la tribu.

Hombre maduro, unos sesenta años, sigue chambeando en el mismo rancho y con el mismo patrón y hasta de la familia lo sienten.

Fue leal y eficiente y eficaz y hubo reciprocidad del patrón, la patrona y los hijos, a quienes incluso enseñó las primeras letras de la agricultura.

BALCONES: El primo solo estudió la primaria. Y luego luego, a emplearse, niño de doce años, porque el jornal del padre era insuficiente para alimentar a la familia.

Fue ayudante de todo. Lechero, jornalero, molinero, mandadero, mecánico, carnicero. Incluso, adolescente aún, se echaba al hombro los cerdos que mataban en el rastro y los llevaba al mercado.

Y aun cuando años después aprendió varios oficios, los salarios insultantes de hambre muchas cornadas le dieron.

Nunca el sueldito alcanzaba por más que la madre lo multiplicaba soñando con los panes y los peces.

PASILLOS: Los amigos, en igualdad de circunstancias, lo convencieron. Y en silencio fue ahorrando unos centavos durante unos meses y de pronto, el anuncio a los padres.

“Me voy de migrante a Estados Unidos”, dijo una mañana en la víspera.

Hubo reticencia familiar. Eres el mayor y quedamos solos. A nadie conoces allá. Te vas a la suerte. Con quiénes te irás. Irás solo.

Habló con los padres y agarró camino con dos amigos más. Y a los tres les fue bien. Ingresaron al otro lado.

Y allá conocían a otros paisanos. Y los paisanos, generosos y solidarios, abrieron las puertas.

VENTANAS: En un momento estelar de su vida, cuando los vientos eran huracanados, sin una lucecita en el largo y extenso túnel del desencanto, el primero se fue atrás de la única esperanza antes de hundirse en el abismo social y económico.

Y todos los días, durante muchos años, se agarró a trompadas con la vida empeñado en ser el mejor y abrirse paso en mundo tan reñido y competido de la migración.

Desde hace muchos años tiene la nacionalidad norteamericana. Igual sus hermanos y sus hijos. Y en cada elección presidencial, de gobernadores y legisladores, votan Nunca aprendió el idioma. Digamos, más que lo fundamental para entenderse con el patrón.


Malecón del Paseo

•Jinetes del Apocalipsis

•La caja de Pandora

•Maldiciones de los dioses

Luis Velázquez

04 de agosto de 2020

EMBARCADERO: Hay par de maldiciones de los dioses… Una, son los jinetes del Apocalipsis y que de acuerdo con el relato bíblico, son las guerras y los rumores de guerras, el hambre, la muerte y las conquistas de pueblos sometidos por los poderosos… Y la otra, son los grandes males de la humanidad salidos de la caja de Pandora, resultado de una pelea entre los dioses del olimpo y en donde Zeus, el jefe máximo, los envió para el sufrimiento de la tierra…

ROMPEOLAS: Los males de la caja de Pandora (por cierto, una mujer muy bella y hermosa entre los dioses) son los siguientes, quizá los más temidos… Las enfermedades, la locura, el vicio, las pasiones, la fatiga, la tristeza, el crimen, la vejez, la avaricia, la pereza, la mentira, el odio, la venganza, la soberbia, la vanidad y la frivolidad… Pero en la fatídica lista existen otros males… Unos dice que la envidia, que suele destrozar las vidas humanas, y otros, la esperanza, la peor de todas pues consiste en vender esperanzas a diestra y siniestra estafando a los ingenuos y a los creyentes, muchas veces gente necesitada de creer como el último leño para seguir viviendo…

ASTILLEROS: La leyenda cuenta que los dioses entregaron a Pandora la famosa cajita, y que era, se afirma, ánfora sencilla… Y le pidieron que la abriera cuando llegara a la tierra… Pero llena de curiosidad la abrió en el camino y de inmediato los males salieron en fuga… En el fondo de la cajita estaba la esperanza, la única que se quedó atónita sin saber el paso siguiente… Y, bueno, abierta el ánfora, Pandora le pidió que también escapara…

ESCOLLERAS: En la historia, los jinetes del Apocalipsis han incidido en los pueblos… Guerras, muertes y hambrunas… En tanto, los males de Pandora van en forma directa a la vida humana… Se clavan en el corazón, el hígado, el sexo y las neuronas de cada persona… Nada más terrible, por ejemplo, que un corazón enfermo de soberbia, avaricias, mentiras, rencores, envidias, intrigas y pasiones desorbitadas… La venganza de Zeus sobre la tierra fue, entonces, implacable, pues ha tenido vigencia desde hace más de dos 2 mil, 3 mil, 4 mil, 5 mil años, etcétera…

PLAZOLETA: Por eso, dice el chamán, en toda vida hay polos opuestos que al mismo tiempo son un cóctel explosivo… Por ejemplo, en una persona hay capacidad natural para la alegría y la tristeza… El amor y el odio… El perdón y la venganza… La prudencia y la ira… La humildad y la soberbia… La frialdad y la pasión desbocada… El optimismo y el pesimismo… La fidelidad y la infidelidad… La fuerza de voluntad y la pereza… La cordura y el arrebato… La casa grande y la casa chica…

PALMERAS: De los jinetes del Apocalipsis se encargan, en términos generales, los políticos… De entrada, las guerras disputando los bienes materiales… La fama pública, por ejemplo, de que

Estados Unidos vive en guerra constante para el desarrollo de su industria bélica y para adueñarse del petróleo en el Medio Oriente… Luego enseguida, la conquista de otros pueblos para convertirlos, como en el siglo pasado, en sus colonias… La conquista de México por los españoles… La hambruna, como en los pueblos de África, donde los niños, las mujeres y los ancianos mueren todos los días, y donde han partido millones como migrantes soñando con la tierra prometida… El difícil arte de vivir decía Albert Camus, Premio Nobel de Literatura…

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