DE PRIMERA MANO

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Rolando Quevedo Lara

VA DE CUENTO / 2

  De Tierra Blanca, Ver., conocemos al licenciado Gabriel Cárdenas Hernández, hombre producto del esfuerzo, comerciante, trabajador de PEMEX, Ex Síndico, Ex Presidente Municipal, Subdirector de Transporte del Centro SCT Veracruz, envió:

¿Quieren cuento, chamacos?

  Había una vez un país donde los malditos y desgraciados conservadores neoliberales crearon algo llamado “Fondo de Estabilización del Gobierno Federal”.

Fue creado durante el gobierno de un presidente al que llamaban “El Botas”.

Durante casi 19 años fueron llenando y conservando el Fondo como una caja chica, tanto “El Botas” como los dos gobernantes neoliberales siguientes: “El Borrachín” y “El Copetes”. Corruptos los tres, que ni qué, pero precavidos: sabían que dejar al pueblo en el abandono ante una contingencia sería un error garrafal, como sucedió 16 años antes con un devastador terremoto.

Llegaron a juntar alrededor de 300 mil millones de pesos.

Este Fondo lo fueron alimentando y cuidando como un ahorro, un “dinerito extra”, por si les caía la de malas y tuvieran que enfrentar alguna emergencia, contingencia o, a lo mejor, como pasaba en las películas, tuvieran que contener una pandemia. ¿Una pandemia? ¡Claro, uno nunca sabe!

Algunas veces hubo que superar ciertas crisis y el guardadito fue usado para ayudar a la petrolera Pomes, para ayudar a la CFE, para nivelar el circulante o para completar algún gasto imprevisto, una obra pública, etc. pero en el fondo el Fondo no lo tocaban. Sabían que ese era sagrado y siempre, al final, aunque le sacaban lana a la alcancía, siempre le ponían dinero otra vez para que el cochinito estuviera choncho.

Así el marranito se alimentó a lo largo de 19 años y se mantuvo saludable, esperando el momento de ser sacrificado ante una emergencia.

Y entonces… llegó al poder un partido llamado “La Prieta”, con su líder “El Kk’s”, e implementaron un bodrio llamado “La Cuátrote”.

¿Y qué era eso de “La Cuátrote”?

Era un sistema mediante el cual engañaban al pueblo bueno y sabio haciéndole creer que destrozar la economía era lo mejor para el país.

Así se dedicaron a quitar obras que darían crecimiento, inventaron otras obras inútiles, pagaron multas monumentales por liquidar las obras canceladas, se dedicaron a tirar dinero para intentar resucitar un muerto llamado Pomes, se dedicaron a regalar dinero por todos lados para mantener idiotizado al pueblo bueno y sabio, y se dedicaron a hacer un desmoder con las finanzas del país. Un tipo de corrupción que, como dijera Silvio: no es lo mismo, pero es peor.

Entonces comenzaron los subejercicios, la falta de dinero, la pésima contabilidad…

— Nos falta dinero, ¿ahora qué hacemos? —dijo el secretario de Hacienda.

— Pues ahí hay un dinero de un tal Fondo de Estabilización ¿no?, pues agarren ese dinero y sigan comprando voluntades —dijo el Kk’s.

— Pero, señor presidente — dijo el secretario de Hacienda —ese dinero es para emergencias. No lo podemos gastar, sería un desvío de fondos.

— ¡Dije que se gaste! — ordenó enérgico el Kk’s.

Así, de los casi 300 mil millones del Fondo, se tragaron en un solo año más de 150 mil millones.

¡En apenas 1 año, le tumbaron más del 50% a un ahorro de 19 años!

El Secretario de Hacienda, viendo el error tan terrible que estaba cometiendo El Kk’s y la tragedia económica que podía representar este hecho y otras decisiones absurdas en materia económica, mejor decidió renunciar. No sería cómplice de un gobierno tan irresponsable.

Y pues nada, que la emergencia extraordinaria para la que estaba guardado el Fondo de Estabilización del Gobierno Federal, llegó. Y llegó mucho más devastadora que cualquier otra contingencia en la historia. Llegó en forma de virus.

¿Cómo enfrentarla si ya se había gastado más de la mitad del ahorro que se tenía para ello? Se había gastado en tapar errores, en compras corruptas sin licitación, en dar limosnas para mantener simpatizantes, se había gastado en nada, sin ton ni son.

— ¿Qué hacemos ahora, oh amadísimo líder?

— No se preocupen —, dijo El Kk’s.

Entonces cerró los ojos, se encerró en sí mismo. Miró al cielo de su interior. Y tuvo la revelación más importante de su vida. Él en verdad era El Mesías, El Salvador del Mundo.

Entonces subió al púlpito presidencial y predicó: Habló de detentes, habló de que la pandemia era lo mejor que nos pudo haber pasado, habló de que todo estaba muy muy bien, habló de que el pueblo estaba feliz, feliz, feliz, habló de que se tenía un sistema de salud como el de Holanda para enfrentar la pandemia, habló de lo horribles que eran los endemoniados empresarios que daban empleos y trabajaban y se esforzaban todos los días para ganar más dinero,  habló de lo importante que es saludar de mano a la delincuencia organizada y habló de que él seguiría en las calles porque él no se podía contagiar, porque su fuerza no es de contagio, ¡es fuerza moral!

Todos sus fanáticos aplaudieron maravillados, poseídos por la grandeza del amado líder y nada les importó que El Mesía los hubiera dejado sin el fondo necesario para salvar sus vidas.

La enfermedad y la vida entonces dejaron de ser importantes. Lo importante ahora era alabar a El Mesías. Aunque les costara la vida.

Los malditos conservadores, fifís, neoliberales, no pasaron de pensar que el Kk’s estaba loco. Ellos que eran los inventores de la corrupción, nunca se imaginaron que se podía llegar a un nivel de corrupción mucho más alto. El Kk’s era la perfección de la corrupción que ellos ni siquiera habían soñado.

Y el verdadero pueblo, el trabajador, el que mantenía al país, el ajeno a políticos y partidos, el responsable, tuvo que resignarse una vez más a tener que sacar adelante a la nación, cargando en sus lomos no solo la pesada losa de los conservadores, sino ahora también una losa mucho más pesada, la losa de la esperanza muerta.

DEL PRINCIPIO AL FIN

CHIIINNNNNN… Feliz fin de semana. Por favor. ¡SONRIA!