Escenarios

67

•Maestra imborrable

•Generosa con alumnos

•Prestaba sus libros

Luis Velázquez

UNO. Maestra imborrable

Quizá ninguna profesora marcó tanto a una parte de aquella generación como Praxedis Lagunes Capistrán.

Era directora de la escuela primaria y secundaria en el pueblo y se mantuvo en el trono durante muchos sexenios, primero, por su talento pedagógico, y segundo, por su experiencia, y tercero, por su cabildeo y sensibilidad, y cuatro, por la sencillez y modestia.

Y cinco, por su inmensa generosidad con los alumnos.

Ella, por ejemplo, tenía la suscripción de la revista Siempre!, tiempo aquel cuando la dirigía el fundador, José Pagés Llergo, el legendario reportero que entrevistara en exclusiva a Adolfo Hitler “en la plenitud del pinche poder”, gracias a que el Ministro de Información, Joseph Goebbels, le abriera la puerta.

Cada jueves, la revista Siempre! le llegaba a su casa y durante el fin de semana la leía completita.

Era frecuente, además de que se quedara dormida hacia la medianoche frente a su libro de cabecera en turno, sentada en un sillón tlacotelpeño en la sala de su casa, que también se desvelara leyendo Siempre!

DOS. Lectura de la revista Siempre!

Leída la revista, la maestra era muy generosa y la prestaba a los estudiantes de la escuela secundaria interesados en su lectura.

Además, motivados por ella misma, pues en la secundaria impartía la materia de Literatura y solía hablar cada semana de los escritores de Siempre!, donde Pagés Llergo creara una pluralidad política, ideológica, fuera de serie, dando cabida a las plumas de la izquierda y la derecha y del centro, sin tomar partido por nadie, pero fijando su posición en la editorial y que por lo regular era escrita por don Francisco Martínez de la Vega.

Eran pocos, sin embargo, los estudiantes en leer Siempre!, pero la práctica se volvió un hábito y el semanario se convirtió en una especie de droga.

Siempre! estaba integrada por dos grandes apartados. La sección de información general con sus análisis, y la más abundante y prolífica, y la sección de Cultura.

Había compañeros, por ejemplo, que arrancaban la sección de Cultura y se la llevaban, sin el permiso de la maestra, aun cuando después lo detectaba y se hacía solidaria y cómplice.

TRES. La biblioteca del pueblo

La maestra también solía prestar sus libros, sobre todo, novelas, cuentos y poesía.

Los facilitaba a los alumnos con la condición de que cada uno participara en su Tertulia Literaria quincenal que tenía extraclase, y en donde cada estudiante resumía el libro leído y luego era sometido al debate.

La profe daba en una especie de instructivo las reglas generales para el análisis de una obra literaria y entonces, se debatía con un orden pedagógico.

Por desgracia, de aquel grupo ningún Albert Camus salió como fuera el caso del escritor argelino, pobre, muy pobre, a quien uno de sus maestros le prestaba sus libros desde el quinto año de primaria y lo educara y reeducara a tal grado que con su talento literario mereció el Premio Nobel de Literatura.

Pero, bueno, lo importante es que la profesora cumplía con su apostolado educativo y condujo a varias generaciones por el gusto de la literatura.

El Ayuntamiento del pueblo creó una biblioteca en un anexo del palacio municipal incentivado por la maestra y en donde, además, ella misma obsequiara todos sus libros, entonces, quizá, más de tres mil, y en donde también regalara su inmensa colección de la revista Siempre! y que guardaba en el cuartito de servicio de su casa y que daba a un patio gigantesco sembrado de árboles de ciruela y mango y aguacates.