•México, país depresivo
•2020 será terrible
•Antesala del infierno
Luis Velázquez
23 de octubre de 2019
UNO. Infierno depresivo
De nuevo, la depresión en la cancha pública. Según el IMSS, hacia el año 2020 (es decir, el año próximo), la depresión será la segunda causa de discapacidad en el país… y en el mundo.
Y lo peor, la terrible y espantosa falta de siquiatras y geriatras para atender el mal.
Hay estados, por ejemplo, donde ni siquiera un solo siquiatra existe como Tlaxcala.
Y por añadidura, el gravísimo problema de salud mental se multiplica y agrava.
Y más, cuando cada día hay razones suficientes para volverse depresivo. Pongamos por caso Veracruz:
Secuestros, desaparecidos, asesinatos, fosas clandestinas, cadáveres colgados de los puentes, cabezas humanas decapitadas y tiradas en la calle pero también puestas sobre mesas en cantinas y centros nocturnos, feminicidios, infanticidios, cadáveres flotando en los ríos aguas abajo, cadáveres tirados en los pozos artesianos de agua dados de baja.
Y aun cuando muchas familias la han librado pudiera escribirse que no hay en Veracruz una sola familia sin un amigo, un compadre, un conocido, que haya sufrido el tsunami de violencia.
Y de ñapa, y para multiplicar la depresión, el desempleo y el subempleo y los pinches salarios de hambre.
DOS. Una enfermedad costosa
Además, está la depresión como herencia genética. A veces, dice el geriatra, se trae como ADN.
Ernest Hemingway, por ejemplo, Premio Pulitzer en Estados Unidos, Premio Nobel de Literatura, otorgado por la Academia sueca, se pegó un tiro. Su padre se suicidó. Un hermano se suicidó. Una sobrina se suicidó. Todos, en un viaje depresivo.
Tres meses antes de quitarse la vida, Hemingway enfermó de gravedad de la depresión. Todos sabían, entonces, que pronto se quitaría la vida. Incluso, lo intentó y falló.
Un día, sin embargo, convenció a la familia de que por ningún motivo lo haría de nuevo. Y le retiraron la vigilancia médica. Y la asistencia social. Y lo hizo.
Según el I.M.S.S., en el mundo hay 450 millones de personas padeciendo depresión. Y, bueno, aun cuando en los 5 continentes hay una población de 7 mil 545 millones, de cualquier manera los 450 millones suman una cantidad significativa.
Y más, cuando en todo caso, atendida a tiempo, la depresión puede controlarse.
Claro, cuesta. Una consulta con un sicólogo o un geriatra vale unos mil pesos. Más unos tres, cuatro mil de medicinas que sirven para un mes.
Y por tanto, se trata de una enfermedad cara. Y por eso, la seguridad social. IMSS, I.S.S.S.T.E., Hospitales civiles. Fundaciones al encuentro de los precaristas, donde la depresión también causa estragos.
TRES. El hoyanco más espantoso
Una persona depresiva queda inutilizada. Vegeta. Se aísla por completo. A veces, es una muerte en vida. Algunas ocasiones, tendrá destellos de luz.
Y la vigilancia familiar se ha de multiplicar. Pueden, primero, salirse de la casa en la primera oportunidad y perderse. Y segundo, pueden suicidarse.
Incluso, la vida familiar se recrudece. Y la familia ha de integrarse para hacer un frente común y entre todos apoyarse.
Es más, el geriatra aconseja que con los amigos (amigos “a prueba de bomba”) sea integrada una cadena de asistencia para, digamos, ayudar a la familia.
Bastaría referir que un enfermero cobra unos 300 pesos por día por cuidar al paciente y hasta 500 pesos por noche. Y si suman las cantidades significa una erogación muy alta al mes. Y más, cuando la familia gana apenas el salario mínimo.
Y si de acuerdo con el IMSS, la depresión será la segunda causa de discapacidad en México el año entrante, estamos en la antesala del infierno social. La calidad de la vida familiar, en el hoyanco más espantoso.
