Barandal

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•Mil Usos en Veracruz

•Canijo desempleo

•Y lo peor, sin esperanzas

Luis Velázquez

02 de octubre de 2019

ESCALERAS: El desempleo, el subempleo y los salarios de hambre se pueden medir de la siguiente manera:

Hay en la ciudad de Veracruz varios cruceros donde apenas amanece y apenas, apenitas pardea la tarde y refrescan las horas un ejército de muchachos y señores trabajan de Mil Usos.

Unas veces, la mayoría, se pelea por lavar los parabrisas. Otras, venden churros. Otras, fritangas, hasta dulcecitos y pastillitas de menta. Otras, hacen piruetas. Otras, tocan un organillero. Otros, venden gorras. Otras, venden muñecos de peluche. Otras, lo que puedan y se pueda.

PASAMANOS: Ayer en la tarde, por ejemplo, hacia las 6 pm, el crucero de la avenida Juan Pablo II y la avenida Costa Verde estaba inundado de Mil Usos.

De pronto, parecía que a todos ellos los habían trasladado desde algún lugar de la ciudad para ser instaladas en ese crucero, digamos, clave, para la circulación.

Entre todos parecían un equipo de fútbol. O de béisbol.

Y, bueno, hay razones de peso y con peso. Uno, cero inversión privada por tanta inseguridad. Dos, cero inversión pública, ni estatal ni federal. Tres, recesión, desaceleración o contracción de la economía. Cuatro, los peores tiempos en Veracruz que se están padeciendo.

CORREDORES: Entre el ejército de Mil Usos había un joven de unos 27, 28 años de edad. Alto y fornido. Ejercitados los músculos. Sin panza. Moreno claro, con una sonrisa, digamos, seductora, para ganar clientela, consciente de su oficio y momento. Era parabrisas.

Se acercaba a los conductores y ofrecía su servicio. Y era, al mismo tiempo, diferente a los demás. Diferente, por ejemplo, porque tenía un mandil que le llegaba a las rodillas, para lucir un hombre limpio. Segundo, porque con el mandil terminaba de limpiar el parabrisas. Tercero, porque era escrupuloso en el servicio.

BALCONES: En el alto se le dieron veinte pesos a cambio de preguntas rápidas.

-¿Por qué andas de parabrisas?

-Estoy desempleado y tengo esposa y una hija.

–¿Estudiante?

-Soy ingeniero de la Universidad Veracruzana.

–¿Buscaste trabajo?

-¡Por todos lados y todas las puertas cerradas!

–¿Fuiste a una Bolsa de Trabajo?

-¡Eso no sirve?

–¿Fuiste a Ciudad Industrial Framboyanes?

-¡Para este año todo está cerrado! Quizá el siguiente, dijeron.

–¿Ya has trabajado?

-Chambeaba en una compañía constructora y quebró.

–¿Desde cuándo estás de parabrisas?

-Tengo una semana.

–¿Seguirás aquí?

-Estoy pensando en irme de migrante a Estados Unidos.

PASILLOS: El mes de septiembre finalizó y pareciera que todavía estamos en “la cuesta de enero”.

Desde el gobierno suena y resuena la promesa de que pronto, antes de que el gallito cante 3 veces, “las cosas mejorarán”, pero con tanta venta burda y barata de esperanzas, la mayoría de la población ha perdido las ilusiones.

Andar de Mil Usos en los cruceros de las ciudades sirve, o servirá cuando menos para llevar unos centavitos a casa para el alimento de los niños y la esposa.

Pero, claro, con faenas agotadoras que inician, como los indígenas de las 8 regiones montañosas de Veracruz, desde antes de que el sol sale hasta cuando la luna alumbra el surco.

VENTANAS: Imborrable y memorable la película del “Mil Usos”, con Héctor Suárez. Migra de su pueblo a la Ciudad de México y la hace de todo, y siempre, el mundo en contra. Pretende migrar a Estados Unidos y fracasa. Y termina regresando al pueblo indígena y rural.

La política económica está convirtiendo al país en una república amorosa de Mil Usos. Y el título universitario vale para nada.