Escenarios

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•Palacio pintado de MORENA

•Ocurrencias del obradorismo

•Pronto, ambulancias y patrullas

Luis Velázquez

22 de agosto de 2019

UNO. Cortados por la misma tijera…

Camino al Gólgota, la clase dominante de la izquierda en Veracruz ha tenido un resbalón priista y panista. El palacio de gobierno de Xalapa ha sido pintado con los colores de MORENA. Igual como cuando los palacios municipales fueron pintados de azul. Igual cuando los perredistas pintaban el palacio de café. Igual que cuando hasta las patrullas policiacas y de tránsito eran pintadas de rojo.

Pensaba el ciudadano en la madurez cívica de la elite de MORENA. Nada de caer en tales frivolidades. Por encima de todo, la cordura y la prudencia. Pero más aún, la firmeza política, social y moral. Pintar el palacio con los colores de MORENA es tanto como decir, no lo olviden, somos la Cuarta Transformación, la Cartilla Moral, la república amorosa.

Pero ni hablar, manifiesta la realidad avasallante. Morenistas, priistas, panistas, perredistas, anexos y conexos, son iguales y están cortados por la misma tijera.

Actúan como el ranchero poniendo el fierro a sus vacas y burros y caballos para que nadie se los robe. Igual, igualito, cuando los hacendados porfiristas que enfierraban a los indígenas y campesinos, considerados sus esclavos.

DOS. Vivir en el quinto mundo

Durante muchos sexenios, la inteligencia ciudadana ha sido ofendida en Veracruz.

Por ejemplo, si el gobierno es priista, las patrullas de Tránsito del Estado son pintadas de rojo. Si es panista, de azul. Si es perredista, de café. Los Morenistas en la misma tesitura.

Somos, claro, el quinto mundo. Nada más profundo en el corazón social como los grandes colores mexicanos.

Un septiembre cuando José López Portillo gobernaba el país, Rosa Luz Alegría, su secretaria de Turismo, se presentó al Palacio Nacional en la noche patria con un vestido con los colores de la bandera.

Y aquella noche, todos la festinaron. López Portillo, el más feliz.

Los colores patrios llegan a lo siguiente: en la tienda de lencería de plaza comercial venden ropita íntima coqueta y provocativa, digamos, para colegialas, con los colores de la bandera.

En la película “El padre Amaro”, Gael García viste a Claudia Talancón con el rebozo multicolor de la Virgencita de Guadalupe y le dice que como es doncella apenititas le queda.

Y ella sonríe. Y luego, hacen el amor.

Nada entonces más sublime como pintar el palacio de gobierno de Xalapa con los colores de MORENA.

TRES. Ocurrencias S.A. de C.V.

Antes, el palacio estaba pintado, digamos, con colores neutros, como ha de ser.

Pero antes, el palacio fue cerrado a las protestas de los alcaldes furibundos y para ingresar exigen ahora la credencial de elector, igual como pronto la pedirán en los moteles ahora en tiempo de los migrantes del mundo en el país y Veracruz.

Fue entonces cuando los asesores de la izquierda tuvieron la genial ocurrencia de teñir el palacio de los colores obscuros de MORENA.

Pronto, serán pintarreajadas las patrullas policiacas y de Tránsito del Estado y hasta cambiará el uniforme oficial.

Y ni se diga, a los burócratas estrenando un nuevo uniforme.

En los últimos 8 meses y medio, el reino de Cuitlalandia ha perdido el respeto ciudadano y caído en el desencanto.

Bastaría recordar que cuando las señoras de la tarde pastelera y de la zumba se topan en la televisión con el góber de MORENA y AMLO pronunciando un discursito o presidiendo un evento o hablando con la prensa en automático le cambian de canal.

Están cansadas, hartos, del góber fifí y salsero.

Ahora, el palacio de Xalapa con la fachada de MORENA los próximos 5 años y cachito.