Expediente 2019

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Negros presagios

Luis Velázquez

19 de julio de 2019

Hay presagios sombríos en Veracruz. El largo y extenso túnel del aparato gubernamental está llevando al desencanto. Mejor dicho, a la ruina social. Los jinetes del Apocalipsis, más otros demonios, se han juntado en un complot. Algunos, los siguientes:

Uno. Asesinatos de menores de edad, la mayoría de 17 años, primera vez en la vida local con tantos cruces de niños y adolescentes, chicos que apenas inician en la vida.

Dos. Asesinatos de mujeres. Casi casi, primer lugar nacional.

Tres. Asesinatos de jóvenes, hombres y ancianos. Más de mil.

Cuatro. La impunidad, como hermana gemela siniestra y sórdida de la inseguridad, la zozobra y la incertidumbre.

Cinco. Cada vez, más hogares enlutados. Hijos huérfanos, madres y padres viudos, padres ancianos a la deriva social.

Seis. Los panteones de norte a sur y de este a oeste multiplicando sus cruces.

Siete. La aparición fuera de control de las guardias comunitarias y las autodefensas, todas para hacerse justicia por mano propia deseando parar, frenar, achicar, disminuir, la intensidad de la violencia en sus pueblos.

Ocho. En 7 meses y medio, ninguna obra pública, ni siquiera, vaya, de las llamadas temporaleras que el gobierno estatal solía lanzar para crear empleo entre los indígenas y los campesinos. Por el contrario, cada vez más negocios y comercios cerrados, fracasados. Y casas en venta o en renta, mínimo.

Nueve. La generación política en el poder sexenal de la izquierda vendiendo esperanzas “de un tiempo bonito, bonito entre los bonitos” dice aquel.

Diez. El Estado de Derecho relevado por el Estado Delincuencial, en que los carteles establecen la agenda pública y gobiernan y mandan.

Once. Al mismo tiempo que la pobreza y la miseria siguen creciendo, también se multiplicó el llamado nepotismo, el delito derogado por el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, denominado ahora tráfico de influencias y conflicto de intereses. Y en el colmo del cinismo, la Contralora defendiendo lo indefendible con el caso de los Eleazares Guerrero, inspiradores del Primo-gate, y en donde el jefe del clan, el subsecretario de Finanzas y Planeación, simple y llanamente le hace más, mucho más daño al góber, su primazo de lujo, que beneficio social.

PRONTO APARECIÓ LA CORRUPCIÓN…

Doce. En menos de un semestre, la corrupción, tan combatida por AMLO, el presidente de la república, floreció a plenitud. Un caso, la compra y/o alquiler de las patrullas policiacas. Segundo caso, las ambulancias. Tercer caso, la compra de las medicinas que por asignación al súper delegado federal de Jalisco y quien la semana anterior fue despedido porque también lo favorecieron con compras iguales en otras entidades federativas.

Trece. El trascendido del primero y único círculo del poder del góber. Todos, jefes de jefes. La Contralora, Su primazo, el sub de Sefiplan. La diputada Dorehny. La asesora de la secretaria de Protección Civil, Tania Carola. La diputada Rosalinda Galindo, aquella que metió en la nómina a 8, 9 familiares con súper sueldazos en el tiempo de la austeridad republicana.

Todos ellos, en la misma tesitura del estilo personal de ejercer el poder de los panistas y los priistas.

Catorce. La frivolidad del poder. Yo, dice aquel, soy fifí. Soy sabadaba. Soy salsero. Admirable que así piense y sienta y vea la vida. Pero el señor es jefe del Poder Ejecutivo Estatal en un Veracruz donde 6 de los 8 millones de habitantes están en la miseria y la pobreza según el INEGI y el CONEVAL, y en donde medio millón de personas solo hacen dos comidas al día de tanta jodidez económica y social.

Quince. La discordia entre los grupos políticos de la izquierda ha crecido en tierra fértil. Nueve diputados locales, por ejemplo, son altamente críticos con el estilo de gobernar de los huéspedes sexenales del palacio de Xalapa. Y a todos ellos, los dueños del poder estatal los han excluido. Por ningún concepto admiten ni aceptan la crítica. Menos, la autocrítica. Propietarios de la pelota han reaccionado con furia y represión.

Dieciséis. Engolosinado con el vítore y la levantada de brazo de AMLO, el presidente de la república, el góber y los suyos viven su luna de miel, su castillo de arena, “su mundo color de rosa”.

Y cuando, digamos, la población se ha sublevado (los últimos, los vecinos y los ediles de Pajapan y once alcaldes de la Cuenca del Papaloapan) les dieron el portazo negando el legítimo derecho de audiencia, forma descortés, grosera, despótica y represiva de rechazar el diálogo y de ver “moros con tranchete” pensando que forman parte de un complot.

“DEJAR HACER, DEJAR PASAR”

Los 16 jinetes anteriores del Apocalipsis han causado negros presagios. Mal fario. Pésimo karma. Mala vibra. Pájaros negros de la muerte anunciando peores tempestades con todo y la frase bíblica de aquel de que “¡vendrán tiempos bonitos, muy bonitos entre los bonitos, qué bonito, abuelita amada!”.

Los hechos mandan. Los hechos son sagrados. Los hechos constituyen el único aval de un político. También, claro, de una persona en su vida pública y privada. Sin los hechos, cualquiera está perdido.

Por eso, si a veces una golondrina solitaria anuncia el verano y una paloma negra que de pronto en la noche volando se mete a la casa anuncia la muerte, entonces, los 16 puntitos enumerados líneas arriba bastan y sobra, en la serenidad, la prudencia y la mesura, la frialdad por delante, para tomar conciencia de que el desencanto social ha llegado a su decibel más alto con el estilo personal de ejercer el poder desde la izquierda, en MORENA, aquí en Veracruz.

El góber, como es natural, sueña con ser amado y adorado, pero más aún, respetado. Pero para alcanzar el objetivo ha de ganar un montón de batallas, todas que por ahora, 7 meses y medio después, ha perdido, incluso, sigue perdiendo en el día con día.

Se viven, cierto, tiempos de incertidumbre y en el palacio se necesita firmeza, habilidad, autocontrol en el mando.

El góber, entonces, está obligado a ser un gladiador cívico que restaure la concordia perdida para engrandecer el destino inmediato y mediato de Veracruz, si es que, claro, en verdad le interesan los 6 millones de habitantes en la miseria y la pobreza.

De lo contrario, que siga “dejando hacer y dejando pasar”.