Barandal

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•Veracruz, el infierno

•Así sienten los migrantes

•Ahora viajan en lanchas…

Luis Velázquez

18 de julio de 2019

ESCALERAS: Para los migrantes de América Central, Veracruz es el infierno. El peor paso del sur a norte del país camino a Estados Unidos.

Fosario llamó el sacerdote José Alejandro Solalinde al Veracruz de Fidel Herrera, Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes padre en defensa de los migrantes de Honduras, Guatemala y Salvador.

Lo peor: en los últimos 7 meses y medio, dos mujeres migrantes, originarias de Salvador, han sido asesinadas. Y en la impunidad todavía, además de un cubano.

En cada cacería de migrantes en Veracruz, igual, claro, que en el país, niños detenidos que caminan hacia el norte necesitados de reunirse con sus padres.

PASAMANOS: Nunca como ahora la redada de migrantes a cargo de los cuerpos policiacos.

Ha de cumplirse la cuota de México con Donald Trump, quien, como se sabe, ha tomado el caso de los migrantes de América Central en México como emblema de su campaña para la reelección presidencial.

Por eso, ahora, más que nunca, para cada migrante resulta peligroso viajar en “La bestia”, el ferrocarril de carga que atraviesa el país de sur a norte, pasando por Veracruz.

CORREDORES: Con todo, nada detendrá a los migrantes, primero, por el hambre legendaria que padecen, y segundo, por el gran fracaso de la política económica de aquellos países, y tercero, por el acoso de los carteles y cartelitos.

Millón de veces preferible “morir en el intento” que cruzarse de brazos a esperar la muerte en sus países.

Cuestión, pues, de vida o muerte.

Y por eso mismo, los migrantes siguen exponiendo “el todo por el todo” en “La bestia”.

Otros, sin embargo, aquellos, digamos, con un poquito de recursos y ahorritos, siguen migrando en lanchas por ríos y lagunas de Veracruz.

BALCONES: El nuevo periplo inicia en el río Coatzacoalcos, en el sur de Veracruz, allí mismo donde fueran asesinadas dos guatemaltecas, una en los límites de Isla y Rodríguez Clara y la otra en Agua Dulce.

Y en el río Coatzacoalcos se trepan a una lancha con “los polleros” y viajan caminando hasta la frontera norte, desde luego, por el Golfo de México.

Serán, se entiende, los menos, pues de lo contrario, transportar al millón, los dos millones, los tres millones anuales de migrantes por los ríos y mares del país resulta inconcebible.

Todavía peor, riesgoso y peligroso porque están más expuestos a ser detenidos por la secretaría de Marina, y más ahora cuando con AMLO se aplica la misma política de Donald Trump a los paisanos en Estados Unidos.

PASILLOS: Más allá de las pasiones ideológicas están los derechos humanos.

Nadie, absolutamente nadie, con las excepciones de la regla, migra de su país (su tierra, su cordón umbilical, la esposa, los hijos, los padres, la familia, los amigos) por gusto. Se migra cuando solo queda como única alternativa.

Y más, cuando como en el caso, por un lado, “las cornadas del hambre”, y por el otro, la inseguridad y la impunidad.

Y todavía de ñapa, que en su paso por México, incluido Veracruz, sean bloqueados, acosados, reprimidos, encarcelados y hasta asesinados.

VENTANAS: La historia en el mundo es de migraciones. Las terribles y espantosas persecuciones a los judíos descritas en el relato bíblico. Los 6 millones de judíos quemados vivos por órdenes de Adolf Hitler. Los campos de concentración de José Stalin en Rusia. Las puertas de México con Lázaro Cárdenas abiertas al exilio español.

Una página negra de Veracruz perseguir a los migrantes. Lo mismito que en EU hacen a los paisanos se hace aquí con los guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, más la nueva migración integrada por africanos.