Barandal

56

•Muertes escalofriantes

•Ejecutado ante sus hijos

•Un cráneo en una palapa

•Niños huérfanos

Luis Velázquez

16 de enero de 2019

ESCALERAS: La vida en Veracruz está peor que en una película del viejo oeste. Un filme de los hermanos Almada o de Juan Orol. Un cuento de Agatha Christie. Una película en Megacable (Pánico se llama el canal) a medianoche.

Una cosita es matar a la población civil y asesinarse entre malandros, y otra, mil años luz de distancia, la forma sórdida y siniestra de la muerte.

Y si la secretaría de Seguridad Pública es insuficiente y está rebasada por el principio de Peter (simple y llanamente, no puede, pues nadie pensaría que no quiere, como en el duartazgo con “Los escuadrones de la muerte”), en la Fiscalía están dedicados ahora a filtrar información sobre la ola de violencia, sin procurar la justicia parando esta masacre a partir de la captura de uno y otro y otro malandro.

PASAMANOS: Días sórdidos y siniestros aterrorizan a la población. Nadie la ha librado ni menos puede cantar victoria, así, incluso, tenga escoltas y guardaespaldas, y como en algunos casos, hasta tres pistoleros sean sus veladores.

Uno de los últimos casos dramáticos de terror, más allá de la vida cotidiana en que hay buenos y malos, está el paisaje urbano en Tecolutla.

La mañana del domingo 13, cuando los trabajadores turísticos llegaron a la colonia Paseo de Las Palmas, descubrieron una cabeza humana sobre la mesa de una palapa.

Allí, la cabeza solitaria. Un cadáver decapitado, y cuyo cuerpo nunca apareció. Sólo la cabeza. Todavía con los ojos mirando desde la muerte a los demás.

En un principio trascendió que correspondía a un taxista, y como siempre ocurrió en el duartazgo, la versión de que era malandro.

Luego, dijeron que la palapa era propiedad de un ex presidente municipal, y más tarde, apareció la propietaria, una señora.

CORREDORES: Más escalofriante fue la muerte en Coatzacoalcos el sábado 12 de enero. Un hombre fue ejecutado delante de sus dos hijos, menores de edad.

El hombre se llamaba Andrés. Andrés R. R. 34 años de edad. Los niños, menores de diez años.

¡Ah!, pero el padre era un sencillo y modesto vendedor de flores… frente al panteón municipal en la colonia Lomas Barriles.

Dos niños más, huérfanos en Veracruz, como el montón de niños huérfanos que dejaron los policías desaparecidos hasta la fecha en el duartazgo.

Nunca, nadie, un investigador, un académico, una ONG, un medio incluso, ha llevado la estadística de los niños huérfanos por la violencia en Veracruz, además de las viudas, pero se trata de uno de los peores estragos en que estamos refundidos en el sótano del infierno.

Cierto, con sentido despreciativo y humillante, el panista presidente de la república, Felipe Calderón, le llamaba “daños colaterales”, cuando, caray, toda vida humana es invaluable.

RODAPIÉ: El sábado 12 de enero, en Coatzacoalcos, un hombre mató a su suegro a batazos porque le reprochó que ningún centavo aportaba a la economía familiar.

Y en el puerto de Veracruz, una niña de 12 años de edad se quitó la vida en el baño de su casa en el fraccionamiento Río Medio con una extensión eléctrica,

Cosas, digamos, de la vida familiar y que expresan, claro, la desintegración de la vida personal.

Pero el feminicidio número 24 en la Cuitlamanía fue canijo. Saña y barbarie juntas. Tsunami de violencia desbocada, fuera de control.

Fue en Tuxpan. La mujer, degollada. Luego enseguida, y ante la ola de violencia desatada, la policía se apresuró a decir que el presunto asesino es su ex pareja sentimental. Una venganza. El odio. El resentimiento. Las diferencias personales. La pasión humana, otro de los peores males de la caja de Pandora.

La mujer estaba a unas horas de cumplir años. Vivía en la Ampliación Rodríguez Cano. Avenida López Mateos, entre Chaca y Eucalipto. Se llamaba Lorena. Lorena C. L. (como dicen ahora respetando, ajá, los derechos humanos). Tenía 35 años de edad. Dejó un niño huérfano.

Ella rentaba un departamento. Los vecinos escucharon los gritos. Pero permanecieron distantes, vecinos distantes, lejos, sin meterse ni entrometerse.

Entonces pidieron auxilio a la Cruz Roja. Y la policía llegó. Ya estaba muerta. Estrangulada. La muerte lenta, poco a poco, hasta quedar sin respiración.

La barbarie.

Al momento, en 43 días del primer gobierno de izquierda, 189 muertos, de los cuales, veinticuatro son mujeres asesinadas, entre ellas, la migrante guatemalteca emboscada en los límites de Isla y Rodríguez Clara, más 38 secuestros, más dos niños ejecutados.

BALAUSTRES: Nunca como ahora el auge del periodismo rojo. Recuerda el tiempo aquel de la revista Alarma, de la que tan sólo en la ciudad de Veracruz vendían 9 mil ejemplares a la semana con sus titulares fascinantes. Matola. Violola.

Encabezados sangrientos en la prensa escrita. Y si el lector sacude tantito el periódico sale sangre. Y si lo sacude otra vez salen huesos. Y si lo vuelve a sacudir cae un cadáver.

Un día, el domingo trece: “Asesinan a vendedor de flores. Joven asesina a su suegro. Lo asesinan a puñaladas. Estaba en un paraje muerto. Se mata migrante. Llueve el plomo a un taxista. Asaltan un Oxxo. Asaltan otro Oxxo. Roban monedas de oro en residencia. Chaneques roban su coche”.

He ahí la filosofía social y política de la Cuitlamanía. Los días y noches del primer sexenio de izquierda con su ideario.

Todavía está pendiente, claro, el último clavo en el ataúd de la violencia que desde hace 8 años se multiplica y reinventa.

La vida diaria, una pesadilla, un infierno. Un infierno llamado Veracruz.