EL PODER DE LA VERDAD

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Por: MARY GARCIA.

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR.

La violencia es aquello que se ejecuta con fuerza y brusquedad, o que se hace contra la voluntad y el gusto de uno mismo. Se trata de un comportamiento deliberado que puede ocasionar daños físicos o psíquicos a otro sujeto. Por lo general, un comportamiento violento busca obtener o imponer algo por la fuerza.

Una de las formas de violencia más cobarde es la que se gesta dentro del seno familiar, donde son la mujer y los hijos las víctimas, aunque se dan casos en donde la mujer ejerce algún tipo de violencia hacia su pareja, esto no es tan común como desafortunadamente se da en el caso contrario, esto debido más que nada a que la fuerza física del hombre es superior a la de la mujer o los niños.

Hay varios tipos de violencia intrafamiliar, la más común es la física, donde se sufre de golpes, aunque muchas veces esta va acompañada de otros tipos de violencia como es la psicológica en donde la victima sufre de humillaciones y constituye una vejación a su integridad emocional.

En el caso de los niños, estos a la vez sufren este maltrato muchas veces a la par que la madre, sobre todo el trauma al que se someten al vivir esta situación les deja marcas imborrables.

En el caso de la violencia en el ámbito sexual, también es otro tipo de vejación en la cual la mujer es sometida a los caprichos sexuales de su pareja sin su consentimiento.

Enfocándonos en el caso de la violencia física, es imprescindible reconocer que las estadísticas sobre violencia familiar no son exactas incluso ni siquiera se pueden aproximar a la verdadera realidad que vivimos en nuestro país debido a que en la mayoría de los casos las víctimas no denuncian al agresor, por miedo más que todo o por vergüenza, lo cual provoca que el victimario continúe con sus prácticas hasta llegar a ocasionar un daño irreversible o incluso causar la muerte a su víctima.

Nuestra sociedad tradicionalista ha marcado la vida de las mujeres mexicanas, pues las enseñanzas que venimos arrastrando desde siglos atrás colocan a la mujer en el lugar menos privilegiado, ya que ella fue preparada para servir al hombre, para someterse a él, para soportar todo con tal de mantener la unidad familiar, aunque esto le arrebate la posibilidad de vivir feliz, sin darse cuenta, que viviendo en un clima de violencia no solo provoca la desintegración, sino que marca la vida de sus hijos para siempre, provocando que en un futuro esos seres continúen la misma practica y es un círculo vicioso difícil de romper.

La sociedad machista que aún prevalece en este siglo, y que no ha sido posible cambiar, a pesar de la entrada del feminismo y de que la mujer se ha abierto paso en un mundo dominado por los hombres, hace que aun siendo una mujer realizada profesionalmente e independiente económicamente, pueda caer en manos de un ser manipulador y sádico, que dicho sea de paso, muchas veces, el éxito mismo de su pareja provoca en ellos admiración y a la vez desprecio, una serie de sentimientos encontrados en un ser que no tiene bien cimentados sus valores, pues si este fue criado en un ambiente machista, esto prevalece durante su vida adulta aunque intente lo contrario, de alguna manera, salen a relucir los traumas o las enseñanzas del pasado.

En el lado contrario encontramos la violencia que se genera dentro del seno de las familias que viven en extrema pobreza, donde la mujer carece de estudios y ahí es donde encontramos lo más grave, pues muchas veces la cultura de las mujeres en ese sector considera que su hombre las golpea porque es su forma de amarlas, llegan a pensar que si son maltratadas es porque ellas tienen la culpa y aceptan su destino sin protestar.

Ante todo, es necesario que la mujer comience a valorarse a sí misma, es importante que se dé cuenta que nadie merece ser maltratado de ninguna forma, pues tenemos el derecho divino de ser amados, y para hacer valer ese derecho debemos empezar por amarnos a nosotras mismas, para poder amar a otros y reclamar lo que por ley divina merecemos.

En la mujer está el cambio, en la mujer recae esa prodigiosa responsabilidad de formar hombres y mujeres con valores firmes, con cimientos emocionales que les permitan vivir una vida feliz.

Si la mujer forma hijos varones machistas, jamás se cortará la cuerda y seguirán existiendo mujeres maltratadas, imprescindible es que la mujer establezca su criterio y platique con la pareja en la forma más adecuada de educar a sus hijos, pues los hijos pueden ser hombres maltratadores y las hijas buscar maridos que las maltraten siguiendo el mismo patrón de conducta.

De todo esto, concluimos que el machismo no terminara mientras que la mujer no tome cartas en el asunto.

Este artículo está dirigido a usted: madre, esposa, novia o hija. Cierre el círculo