Escenarios

221

Por: Luis Velázquez

•Mucho daño duartista al PRI

•Primera salida: renuncia de Duarte

•Segunda: la renuncia de Bermúdez

1

Según el maestro en Ciencias Políticas (Universidad Complutense) y doctor en Sociología (Universidad de Puebla), Carlos Ronzón Verónica, Javier Duarte ha causado más daño al PRI que, digamos, el profe Humberto Moreira.

El penúltimo ramalazo fue con los jóvenes secuestrados en Tierra Blanca por sus policías y entregados a los malandros, dijo él mismo, del Cartel Jalisco Nueva Generación.

Lo peor, no obstante, fue que el mismo día cuando Enrique Peña Nieto estuvo en Poza Rica, la reportera de “El Sol de Orizaba”, Anabel Flores Salazar, fue secuestrada en Mariano Escobedo y aparecida sin vida en Puebla, según boletín de la Fiscalía de Rafael Moreno Valle.

El mismo día cuando en la ciudad de México la secretaría de Gobernación, a través del subsecretario Roberto Campa, informó a los padres de Playa Vicente que sus cinco hijos fueron desaparecidos en ácido, reducidos a polvo cenizo y restos carbonizados.

Tal cual, la tragedia de Tierra Blanca, conocida como el Ayotzinapa de Veracruz, y el plagio de la reportera pondrían en la tablita al precandidato priista a la mini/gubernatura.

Lo peor: si el PRI pierde la elección de mini, el tricolor de Manlio Fabio Beltrones quedaría noqueado, derrotado, nulificado… para la elección presidencial del año 2018.

Simple y llanamente, el triunfo rojo por Los Pinos estaría bajo sospecha, pues el estado de México, la otra gran reserva electoral, les sería insuficiente.

Hay, no obstante, un par de soluciones advierte el politólogo:

La primera, que Javier Duarte sea removido por Enrique Peña, de igual manera como removió a Ángel Aguirre Rivero en Guerrero luego de Ayotzinapa y a Fausto Trejo de Michoacán luego de comprobarse que su hijo y el secretario General de Gobierno era empleados, aliados, socios y cómplices de “La tuta”.

Y la segunda, que Javier Duarte, JD, destituya a Arturo Bermúdez Zurita como secretario de Seguridad Pública.

Y más porque luego de la tragedia de Tierra Blanca de Ayotzinapa, Duarte necesita un chivo expiatorio y que, de complicarse más las circunstancias, entonces también incluiría la renuncia del Fiscal, Luis Ángel Bravo Contreras, por tanta tanta tanta impunidad.

2

Desde luego, JD tendrá sus pretextos.

Pero en el imaginario colectivo, en la percepción ciudadana domina la sensación de que anda a salto de mata y elude exponerse al pitorreo y el abucheo.

Por ejemplo, evadió coronar a la reina del carnaval como es habitual en todos los carnavales jarochos.

Tampoco asistió a los primeros desfiles de las fiestas de Momo, ni siquiera, vaya, para echarse un taco de ojo.

Y de paso tiene la advertencia de que el caso de la Universidad Veracruzana llegaría, primero, a una gran marcha académica en Xalapa, y después, hasta la declaratoria de una huelga de hambre empezando por la rectora, doctora Sara Ladrón de Guevara, quien con el par de denuncias penales en su contra ha mostrado su entereza, mujer bragada de la que carece parte del gabinete duartista.

Dice Ronzón:

Si el candidato rojo a la mini desea repuntar en la población electoral ha de deslindarse con firmeza de Javier Duarte.

Las circunstancias en Veracruz ya llegaron a un punto intolerable.

Policías al servicio de los carteles.

Policías maiceados por los carteles.

Y por tanto, secuestran gente, así nomás, y los entregan a los malosos.

Y los malosos, igual que en otras latitudes de la nación, los pozolean.

El último clavo de Duarte a la cruz priista ha sido asestado.

La pérdida de la confianza y el respeto.

Pero más aún, Duarte descarrilado, el PRI por añadidura.

3

El góber dice, a propósito de los siete policías de Tierra Blanca sujetos a proceso penal por desaparición forzada, que son unos traidores a Veracruz.

Ok.

Pero más traidores son sus jefes.

Y más los jefes de los jefes, llegando a la cúpula de seguridad pública.

Y por añadidura, a la Fiscalía.

Malo, si los policías actuaban por su cuenta sin que los jefes tuvieran conocimiento.

Peor tantito, si actuaban con permiso superior.

Tantito peor si sólo los siete policías están detenidos en el penal de Cosamaloapan, mientras los jefes y los jefes de los jefes sueñan, incluso, hasta con la diputación local plurinominal.

Y más por lo siguiente:

Premisa uno, dice Ronzón:

Como unos buitres carroñeros, los policías de Bermúdez estaban en La Tinaja a la caza de unas víctimas.

Premisa dos:

Pasaron los cinco jóvenes, los siguieron y luego en Tierra Blanca los detuvieron.

Premisa tres:

Según versiones, los entregaron a los malandros, aun cuando de igual manera ellos mismos, los polis, causaron el desastre, a partir de que un policía quiso violar a la chica de 16 años, un joven la defendió, otro policía disparó y lo mató y se arma la masacre.

Premisa cuatro:

La Secretaría de Gobernación informó a los padres que sus hijos quedaron reducidos a cenizas y restos carbonizados.

Los peritos en la tragedia, por ejemplo, habrían rescatado los huesos de un río en los llanos de Sotavento, en el narco/rancho de Tlalixcoyan, y cuando los quisieron acomodar, se deshicieron.

“La noche de los cuchillos largos” en Veracruz.

“La noche de san Bartolomé”.

Algo parecido a lo que Hernán Cortés desató con la masacre de Cholula.

Y, bueno, si el secretario de Seguridad Pública y el Fiscal siguen en el puesto público, caray, ¡qué grande sería la impunidad!

Y más por lo siguiente:

De igual manera como ha sido el estilo duartista, las víctimas son victimizadas y asesinadas por segunda y tercera ocasión.

En un principio, a través de los texto/servidores publicaron que uno de los chicos estaba involucrado con los malosos.

Ahora, con el plagio de la reportera Anabel Flores Salazar, aseguraron en el boletín oficial que tenía (presuntas) ligas con un jefe narco.

Lo anterior, pues, razones de sobra para llenar de piedras y rocas la candidatura priista a la mini/gubernatura.