- En primera fila, Joaquín Caballero Rosiñol, Yolanda Gutiérrez, Belén Fernández, Sergio Pazos y Elena Zamorano, entre otros
- Boleto de entrada costó cuatro mil pesos
- Harry Grappa regaló boletos a militancia priista
- También Dominga Xóchilt Tress, presente
Luis Velázquez
El martes 17 de noviembre, el puertorriqueño Chayanne actuó en el WTC de Boca del Río. Cobró cuatro mil pesos la entrada.
Harry Grappa, secretario de Turismo del gobierno duartista, regaló boletos, digamos, a la militancia priista, soñando con la candidatura a diputado local camino a la presidencia municipal jarocha 2018, a partir de la cual los ediles podrán reelegirse por veinte años consecutivos.
El alcalde de Coatzacoalcos, Joaquín Caballero Rosiñol, se descolgó desde su feudo montielista para aclamar a su héroe artístico.
A su lado, la diputada local, Belén Fernández, exdirectora del DIF jarocho.
Y la cuñada del gobernador, Aluy Montero de Duarte, esposa de Eugenio Duarte.
Otro que estuvo cantando y bailando al ritmo de Chayanne fue Sergio Pazos junior, el derrotado candidato a la alcaldía de Boca del Río y aspirante ahora, una vez más; pero a la curul local para formar parte de la LXIV Legislatura.
Reapareció la profe Elena Zamorano, ex diputada local por el distrito de Cosamaloapan, quien era amiga de Sara Luz Herrera Cano, la exalcaldesa de Alvarado, presa en el penal de alta seguridad de Amatlán de los Reyes, con quien compartió días de mieles en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río.
Por si las dudas se daba una catástrofe en el concierto también estuvo en primera fila la hectorizada Yolanda Gutiérrez Carlín, secretaria de Protección Civil, la mismita que dejó un lodazal y un cochinero en el Sistema de Agua y Saneamiento Metropolitano, SAS, y que ahora será archivado con la concesión por 30 años a las empresas, brasileña Odebrecht, y española, Aguas de Barcelona.
¡Ah!, y por supuesto, Dominga Xóchilt Tress, la exdirectora fast track, por dedazo supremo, de Espacios Educativos de la Secretaría de Educación, quien llegó ahí por su exitazo en las redes sociales que encendía, por ejemplo, a estudiantes de secundaria cada vez que llegaba de visita para lucir su cuerpo con vestido ceñido.
Cuatro mil pesos, pues, el pago de un boleto para unas dos horas de recreación espiritual.
Un indígena en la sierra de Zongolica percibe 70 pesos diarios de jornal desde antes de que el sol aparezca hasta después que la luna ilumina el surco.
Un padre de familia promedio sale corriendo a la quincena a la casa de empeño para pignorar su único patrimonio, el anillo de matrimonio.
Seis de cada diez habitantes de Veracruz en la pobreza y la miseria según el CONEVAL.
Un millón y medio de paisanos consumiendo una o dos comidas al día, y mal comidas dada la jodidez.
Los restaurantes, dice el señor Javier Duarte, están llenos; pero omite referir el estado de hambre, desempleo y miseria en las colonias proletarias y en las regiones indígenas y campesinas, donde los niños se duermen en el salón de clases dada la anemia y la desnutrición.
El 60 por ciento de la riqueza de Veracruz en manos de doscientas familias.
Y no obstante, las mieles del poder en la plenitud. La gente bonita. La gente VIP. Cuatro mil pesos por estremecerse con Chayanne.
Los jodidos, ha dicho el delegado federal de la Secretaría de Desarrollo Social, Marcelo Montiel Montiel, “La chica esmeralda”, están jodidos… porque quieren.
Y “en la plenitud del pinche poder”, exclamó:
–Mírenme. Yo fui pobre, pero con las dos alcaldías de Coatzacoalcos, me emparejé. Ahora, tengo una fortuna de dos mil millones de pesos, regalé mi mansión de diez millones de pesos al Obispo y compré un rancho en Curitiba, Brasil, la sede de la diversidad sexual en el continente.
Oh paradoja, Salvador Díaz Mirón pensaba de otra manera y dijo en uno de sus poemas:
“Sabedlo, soberanos y vasallos, próceres y mendigos, nadie tendrá derecho a lo superfluo mientras otros carezcan de lo estricto” para vivir.
Pero, bueno, de entonces ya pasaron muchos años, y de Díaz Mirón (1853-1928) ni el polvo ha de quedar.
Por eso, loor al héroe puertorriqueño. ¡Y que sirvan igual para todos!
