Escenarios

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Por: Luis Velázquez

 

El Veracruz de Érik Porres

Un Veracruz sórdido

Los malosos, dueños de todo

I

El Veracruz sórdido y revolcado de Érik Porres Blesa, secretario de Desarrollo Económico, es el siguiente:

En el puerto jarocho hay un trabajador, padre de familia, tres hijos en la escuela primaria, que fue despedido de SAS, Sistema de Agua y Saneamiento Metropolitano, y luego de tocar puertas a los 40 años de edad, todas cerradas, recurrió a su imaginación.

Habitante de una colonia proletaria, habló con un amigo, un vecino, y le pidió prestado, tal cual, pelada la piña, un lotecito que tiene en el centro urbano para habilitarlo como lavado de carros.

El vecino generoso le prestó el lote, que tiene en venta, durante un semestre, para probar.

Y empezó a lavar automóviles.

Primero, él solito, y luego, contrató a otro chico y a otro, pues, bueno, el precio barato, de buen nivel, tuvo demanda.

La vida empezó a cambiar, de tal forma que hasta le alcanzaba para darle una partecita, especie de renta, al vecino, que lo aceptó con gentileza, aun cuando le dijo que en ningún momento era necesario.

A las 6 de la mañana, el lavado de autos estaba abierto y cerraba a las 8, 9 de la noche, pues además estaba ubicado frente a una taquería con alta clientela.

II

Pero como en la vida siempre hay quien te vigila, en ningún momento despertó la envidia de los vecinos del lote urbano, sino, oh paradoja, la curiosidad de los malandros.

Y un día, hacia el atardecer, le llegaron un par de enviados especiales del jefe de la plaza.

El diálogo fue corto y categórico. A partir del momento debía pagar una cuota mensual. El llamado derecho de piso.

Y por más que argumentó razones y les contó la historia de su desempleo y su familia, los señores fueron implacables.

Una cuota mensual de diez mil pesos para empezar.

Es mucha, les dijo el lavacoches.

Diez mil, insistieron, y le fijaron una fecha para cobrar el primer mes.

Luego, se fueron sin decir adiós, trepados en la camioneta con vidrios oscuros.

III

A la quincena, el par de malandros regresó listos para recoger los diez mil pesos.

Sólo tengo 5 mil, dijo el lavacoches.

Y los extendió.

Satisfechos del efecto de su terror, los malosos tomaron los 5 mil pesos, con la advertencia de que por el mes que corría, ni hablar, los aceptaban; pero el mes siguiente eran diez.

–Tu vida está de por medio, le dijeron.

Y al mes volvieron por los diez mil pesos que apenas, apenitas, pudo juntar.

Y al mes siguiente otra vez.

Un día, de plano, lleno de miedo y de angustia, el terror metido hasta el tuétano de su esposa, cerró el changarro.

Habló con su vecino, el dueño del lote, le contó la historia truculenta que estaba viviendo y padeciendo y regresó el terreno.

Ahora, aquel trabajador con tres hijos en la escuela primaria, sigue como lavacoches. Pero él solito. Sin ayudantes; pero más aún, sin llamar la atención.

Anda de casa en casa ofreciendo el servicio.

Primero, se habilitó con los clientes que tenía, y luego pidió a cada cliente, a cada conocido, lo recomendaran, pues se trata de un oficio que si tocas en casa, de entrada, se despierta la desconfianza, pues nada sabes de su persona ni de su historia.

Además, un desconocido.

IV

He ahí, pues, una parte del Veracruz sórdido de Érik Porres. El desempleo. El subempleo con salarios de hambre. El despido de personal de las oficinas públicas. El reajuste de personal en las empresas.

Pero más aún, los malosos tocando la vida pública y privada de todas las esferas y niveles.

Dueños de las vidas ajenas. Tocando todo lo que más se pueda para establecer una cuota.

Primero, empezaron matándose entre ellos.

Luego, secuestrando y desapareciendo gente.

Después, llevando a Veracruz al segundo lugar nacional en plagios y fosas clandestinas.

Entonces, se extendieron a los migrantes convirtiendo a la tierra jarocha en el peor estado para el paso de ilegales procedentes de América Central camino a Estados Unidos.

Tal cual, de pronto, se multiplicaron, estableciendo cuotas en todos los sectores productivos de la vida, incluso, y por ejemplo, hasta los profesores que cobran su quincenita.

El crecimiento económico de la población y su desarrollo social está ligado a la seguridad que han de garantizar el secretario de Seguridad Pública y el Fiscal General.