Escenarios

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Por: Luis Velázquez

Reporteros olvidados

Tal conviene a Bermúdez

Y al Fiscal Bravo Contreras

 

I

Once reporteros y fotógrafos han sido asesinados más tres desaparecidos, en el Veracruz de los voceros María Georgina Domínguez, Alberto Silva Ramos y Juan Octavio Pavón.

Y de los once, oh paradoja, pareciera de pronto, y tanto en el escenario local como nacional, que solo Regina Martínez Pérez es la víctima.

Por una razón: después del tiempo huracanado, la mayor parte de los contenidos periodísticos han girado alrededor de ella.

Quizá, sin duda, porque de los once era la única con una presencia en la prensa defeña como corresponsal de Proceso.

Acaso, por la historia de Proceso con un periodismo crítico y agudo, sin doblegarse ante la elite gobernante.

Quizá también porque los reporteros de Xalapa, donde también fuera asesinado Víctor Báez el 14 de junio, 2012, tengan más conciencia social, digamos, estén más unidos, acaso, el corazón les palpite más con la indignación crónica.

Pero, bueno, todos eran colegas, todos eran seres humanos, todos significaban una vida por delante, y toda vida humana es invaluable.

Y más porque si Regina Martínez fue estrangulada, otros colegas tuvieron una muerte más terrible… que a nadie se le desea.

II

Por ejemplo:

La reportera de Notiver, Yolanda Ordaz de la Cruz, fue secuestrada en su domicilio particular delante de su hija.

Pero, además, la ultrajaron.

Y luego, la decapitaron.

Y después, la tiraron en la vía pública, su cabeza por un lado y el cuerpo por el otro.

Y aun cuando, en su caso, ha sido ligada, sin prueba alguna, con los malosos, un crimen es un crimen.

Y si la Fiscalía la ha condenado al olvido, peor sería que el gremio reporteril también.

Gregorio Jiménez, reportero de El Liberal de Coatzacoalcos, propiedad de la familia Álvarez Peña, fue secuestrado enfrente de su casa, desaparecido, mutilado, ejecutado y sepultado en una fosa clandestina.

Y aun cuando hay detenidos, de pronto, nadie conoce si ya procedió la condena con todo y sus bemoles.

Es más, muchos reporteros defeños y del resto del país se unieron a la protesta en su momento y hasta un grupo encabezado por Marcela Turati llegó a la Procuraduría de Justicia de Felipe Amadeo Flores Espinosa para revisar el expediente.

Y, de pronto, el olvido.

Tres fotógrafos (Gabriel Huge, Notiver; Guillermo Luna, Veracrucruznews, y Esteban Rodríguez, AZ) fueron levantados, desaparecidos, asesinados, mutilados en cachitos y tirados a un canal de aguas negras, la antesala del infierno, mejor dicho, el infierno mismo, peores circunstancias que en el caso de Regina.

Y desde el 3 de mayo, 2012, además de la impunidad del showman que despacha como Fiscal, el silencio atroz del gremio reporteril.

Sólo Regina. Todos con Regina. Todos somos Regina, cierto.

Pero también, y desde tal mirada, todos somos los once reporteros criminalizados en el Veracruz de Arturo Bermúdez y Luis Ángel Bravo Contreras.

III

Quizá el caso Regina se ha impuesto en el imaginario colectivo y la percepción ciudadana por otra razón singular: el equipo directivo de Proceso, encabezado por don Julio Scherer García, el Francisco Zarco del siglo XX le llamaba el escritor Carlos Fuentes Macías, llegó a Xalapa para enfrentar y carearse con el gobernador Javier Duarte.

Tiempo aquel cuando luego de una explicación del gabinete de seguridad, Scherer acuñó la siguiente frase bíblica:

No les creemos.

Incluso, nombraron a un reportero, Jorge Carrasco Araizaga, para dar seguimiento al expediente, y quien, además, en el camino fuera amenazado de muerte.

El resto de los reporteros ejecutados en Veracruz, trabajadores en su momento de varios periódicos, necesitaron entonces y ahora a un Julio Scherer.

IV

También más dramática fue la muerte de Miguel Ángel López Velasco y su esposa, y su hijo, Misael López Solana, empleados de Notiver.

Por ejemplo, los malandros los estuvieron cazando en su casa, esperando la madrugada, la hora más profunda del sueño.

Entonces, con alevosía, ventaja y premeditación entraron al domicilio particular, violentando la puerta de un mazazo.

Luego, treparon al primer piso y ahí los ajusticiaron.

Incluso, al hijo le dieron tres balazos en la espalda, formando un triángulo, que según la fama pública solo pueden hacer los expertos.

El secuestro, desaparición, muerte y mutilación en cachitos de Moisés Sánchez Cerezo, el reportero y activista social de Medellín, fue más trágico que la muerte de Regina.

Pero, oh paradoja, en el caso de Moisés, parte de la prensa se dividió, en un lado, trabajadores de la información satanizándolo que porque no era periodista, que porque era taxista como cacareó el gobierno de Veracruz, que porque era un pequeño comerciante con una tiendita de rancho y aldea, que porque yo soy egresado de universidad y él era empírico, egresado de la vida.

Los pontífices, pues.

V

Lo peor de los días y las noches que vivimos y padecemos en Veracruz desde el primer crimen de un reportero en el sexenio próspero (Noel López Olguín, 1 de junio, 2011, Jáltipan) es la desaparición de un trío de reporteros, de los que pocos se acuerdan, quizá, acaso, los colegas de Acayucan más que el resto.

Gabriel Manuel Fonseca, desaparecido en Acayucan el 17 de septiembre, 2011. Archivo… archivado. Diario de Acayucan, propiedad de la familia Álvarez Peña.

Cecilio Rodríguez Domínguez, desaparecido en Chinameca el 11 de mayo, 2012. Semanario Proyectos.

Y Sergio Landa Rosado, desaparecido el 23 de mayo, 2013, en Cardel. Diario de Cardel, propiedad de la familia Álvarez Peña.

VI

Ante la ley todos somos iguales. Cada crimen, secuestro y desaparición, es un capítulo aparte.

Y si Regina Martínez merece, sin discusión alguna, todas las líneas, acciones y hechos del mundo, también los otros colegas asesinados.

Por desgracia, los mismos trabajadores de la información los hemos olvidado.

Y tal descuido, tal pecado de omisión, conviene al Veracruz de Arturo Bermúdez Zurita, Luis Ángel Bravo Contreras y Javier Duarte.