Posdata: Un cacique bajo sospecha

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Por: Luis Velázquez
•El senador Alejandro Encinas ha rafagueado al delegado federal de la SEDESOL, Marcelo Montiel Montiel
•Segunda ocasión en que el peñismo es puesto bajo sospecha en el manejo de recursos
•Javier Duarte resucita a sus amigos

Y, bueno, el senador Alejandro Encinas rafagueó desde el Congreso de la Unión a Marcelo Montiel Montiel, delegado federal de la SEDESOL en Veracruz, por 500 millones de pesos que se habrían esfumado de la dependencia donde gobierna y ejerce el poder la ex perredista Rosario Robles.
En respuesta, Marcelo Montiel enfrentó a los medios para declararse inocente y decir que el documento oficial fue alterado, y por tanto, demandaría a quienes, además, lo sustrajeron.
Montiel apareció, luego de varios meses de operación política con un bajo, bajísimo perfil.
Quizá estaría de vacaciones en su rancho en Curitiba, Brasil, y/o alternando con sus ranchos en el distrito de La Antigua.
Pero más allá de que los hechos y circunstancias sean aclarados, pues Alejandro Encinas ha interpuesto demanda en la FEPADE, la PGR, la Auditoría Superior de la Federación y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Montiel está acostumbrado a lidiar con tales huracanes políticos y administrativos.
Por ejemplo, la primera vez que fuera presidente municipal de Coatzacoalcos salió mal librado, en medio del escándalo de daño patrimonial y desvío de recursos.
Entonces, lo salvó de ser expuesto en la hoguera pública el auditor del ORFIS, Órgano de Fiscalización Superior, Mauricio Audirac Murillo, tiempo aquel cuando era subordinado de René Mariani Ochoa.
Y es que el cuenqueño tenía un despacho contable especializado en química contable, capaz de resucitar entuertos, como fuera el caso de cuando limpiara el desaseo administrativo de Alberto Silva Ramos como alcalde de Tuxpan, camino a la Secretaría de Desarrollo Social.
Luego, Montiel, ungido diputado local, y Audirac, ya como titular del ORFIS, volvieron a encontrarse y la amistad entre ambos se fortaleció, de tal forma que durante los tres años del periodo legislativo trabajaron juntos.
Incluso, Montiel se volvió amigo entrañable del diputado Miguel Ángel Yunes Márquez y hasta formaron un trío cuidándose sus intereses entre todos.
Tal cual, Montiel y Audirac han caminado juntos, y más cuando Montiel estuviera al frente de la SEDESOL jarocha en el primer periodo de Javier Duarte y Audirac en el ORFIS.
Y más, cuando Audirac pasó a la Contraloría y luego a la Secretaría de Finanzas y Planeación.
Ahora, cierto, Audirac está sin una dependencia al frente, pero al mismo tiempo, tiene su despacho contable que brinda asesoría a los políticos, entre ellos, a Marcelo Montiel.
Y, por tanto, si Alejandro Encinas habla de trastupijes, nada fácil sería que Audirac ha planchado todo, y desde antes, pues era su chamba fundamental.
Por eso, la denuncia ha sido una aguja más en el pajar del peñismo; pero solo que Audirac haya dejado un rastro de las irregularidades, Montiel sería descarrilado, de igual manera como antes lo fueran Ranulfo Márquez Hernández como delegado federal de la Sedesol, y de paso, Salvador Manzur Díaz, entonces titular de Sefiplan.
DUARTE RESUCITA A SUS AMIGOS
Si la denuncia de Alejandro Encinas prosperara, entonces, sería la segunda ocasión en que desde Veracruz el peñismo sería descarrilado, puesto en evidencia, ridiculizado por la corrupción.
La primera lo fue cuando Ranulfo Márquez era el titular y algunos de los compañeros de la delegación federal participaron en una junta estelar con priistas en Boca del Río, que fuera grabada, y en donde Salvador Manzur exclamó con euforia que los programas sociales eran oro molido para ganar los comicios en puerta.
Entonces, el fuego amigo y enemigo se desató en el altiplano, de tal forma que tanto el PAN y el PRD descarrilaron el Pacto México, el programa estelar del presidente Enrique Peña Nieto, y fue resucitado luego de que Manzur y Ranulfo fueran despedidos, aun cuando Márquez Hernández nunca estuvo presente marcando su distancia.
Incluso, y cuando el rafagueo iba camino a Rosario Robles, secretario de Desarrollo Social, Peña Nieto se vio obligado a decirle en un evento público No te preocupes, Rosario, pues, entonces, el mundo político la daba como renunciada.
Durante muchos meses tanto Ranulfo como Manzur se quedaron en la banca hasta que pasado un ratito, Javier Duarte resucitó a los dos. Al primero, en la SEDESOL jarocha, y el segundo, como delegado federal de BANOBRAS.
En aquel entonces, Marcelo Montiel pasó de la SEDESOL jarocha a la SEDESOL federal, donde ahora está bombardeado desde el Congreso de la Unión, y a través de un experredita, Alejandro Encinas, amigo de Andrés Manuel López Obrador, el líder fundador de Morena, el último partido político en lograr su registro.
A partir de un reality-show semejante, las irregularidades por 6 mil millones de pesos federales en el ramo educativo detectadas por la Auditoría Superior de la Federación, Javier Duarte fue obligando a renunciar a Gabriel Deantes Ramos y Édgar Spinoso Carrera, porque defraudaron mi confianza.
Meses después, enfriado el asunto, Deantes fue premiado con la secretaría de Trabajo y Previsión Social en su gabinete legal, mientras Spinoso fue lanzado como candidato a diputado federal por el distrito de Martínez de la Torre.
EL CACIQUE SUREÑO
Marcelo Montiel es el nuevo cacique priista en el sur de Veracruz, luego de Carlos Brito Gómez, asesor del gobernador.
Desde su paso como alcalde, ha impuesto a un par de presidentes municipales. Primero, a Marcos Theurel Cotero y luego a Joaquín Caballero Rosiñol, a quien también transfiguró en diputado federal.
Ahora, rechazó la candidatura a la curul federal para mantenerse en la SEDESOL federal y quiso, por añadidura, inclinar la balanza por un subalterno para la curul, pero otros intereses se atravesaron y fue ungido el ex panista, Rafael García Bringas, quien botara la curul local.
La fortuna de Montiel es incalculable. Es dueño, por ejemplo, del periódico Notisur y de la televisora Olmeca.
Una de sus residencias en calle céntrica de Coatzacoalcos, que cuesta unos diez millones de pesos, se la vendió al obispo de Coatzacoalcos.

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